Biblia Adventista - Biblia de Estudio
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Edicion:
 
Biblia de Estudio Adventista

Nota:
 
Deseamos que tu estudio personal sea discernido espiritualmente por medio de la oracion y la reflexion,solo incluimos ocasionalmente notas explicativas cuando lo hemos considerado necesario


Tema 

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La imposibilidad del Hombre la Posibilidad de Dios
Autor: Dennis E.Priebe
 


Es crucial que definamos pecado, pureza y perfección tan cuidadosamente como sea posible. Si el significado primario de pecado es naturaleza pecaminosa, luego ya somos pecadores al nacer en este mundo. Sin embargo, si su significado es el de carácter pecaminoso, entonces llegamos a ser pecadores por las elecciones que hacemos después de poder escoger entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto. Si el pecado es nuestra naturaleza, sobre esto no tenemos control, y somos pecadores por naturaleza. Si el pecado es nuestro carácter, ciertamente tenemos control sobre las elecciones que hacemos, y somos pecadores por elección o porque escogemos.

 Sobre la misma base, si la impecabilidad quiere decir una naturaleza pura, luego es posible en la segunda venida de Cristo, pues retenemos nuestra naturaleza pecaminosa hasta ese tiempo. No obstante, si la impecabilidad significa un carácter puro, esto es posible siempre que escojamos no pecar. Nuestra definición de pecado es el factor determinante. Si nos estamos refiriendo a naturaleza cuando utilizamos la palabra pecado, no puede existir perfección hasta la segunda venida de Cristo. Si estamos haciendo alusión al carácter cuando usamos el término pecado, entonces la impecabilidad es una posibilidad antes de la segunda venida.

 Con estas definiciones en mente dispongámonos a analizar la palabra perfección. Hay al menos cuatro definiciones de perfección que son relevantes aquí. La primera es la perfección absoluta. Se dice algunas veces que como seres humanos nunca podemos ser absolutamente perfectos, y esto es cierto pues esta condición atañe sólo a Dios. No hay otra perfección absoluta, y esta no es accesible a los seres creados, ya sean seres humanos o ángeles. “La perfección angélica falló en el cielo. La perfección humana falló en el Edén” Our High Calling:45.

 Cuando Lucifer empezó a sugerir por primera vez que Dios era injusto, casi la mitad de la hueste angélica le escuchó y pensó que podría estar en lo correcto. Vea La Historia de la Redención: 18. Entonces realizó un concilio celestial en el cual estableció la verdad acerca de Jesucristo, Dios pleno, mostrando así que la recusación de Lucifer era infundamentada. Vea PP:14-15. Pasado el concilio, aproximadamente un tercio de los ángeles se declararon por Lucifer y fueron arrojados del cielo. Vea 3T:115.

 Esto implica que un número significativo de los ángeles, quienes habían escuchado a Lucifer y habían pensado que estaba en lo correcto, cambiaron de parecer.

 En consecuencia, no podemos utilizar el término perfección absoluta para describir estos ángeles, quienes mudaron sus ideas acerca de Dios y Lucifer. En efecto, los ángeles no se convencieron plenamente de la rectitud de Dios y de lo errado de Satanás sino hasta la cruz. Algunos de ellos hasta ese momento aparentemente no se persuadieron de que las acusaciones de Satanás eran falsas. Solamente entonces fue despojado completamente éste de todos los afectos de los seres celestiales. Su simpatía por Satanás terminó en la cruz. Vea DTG:706-710. Seguramente entonces, es justo decir que la perfección absoluta no es un término que podamos aplicar al discutir la justicia por la fe, ya que ni aún cobija a los ángeles, sino únicamente a Dios.

 La segunda definición de perfección es la naturaleza perfecta y ésta será eliminada solamente en ocasión de la segunda venida de Cristo, luego de lo cual ya no habrá más insinuaciones pecaminosas desde nuestro interior. Así, la naturaleza perfecta, la cual incluye la extirpación de la tentación desde nuestro interior ocurrirá únicamente en la segunda venida. Antes de esto no podremos experimentar la posesión de una naturaleza perfecta.

 Sin embargo, si nuestras definiciones de pecado e impecabilidad se enfocan en el carácter, entonces seguramente podemos discutir significados de la perfección accesibles a nosotros hoy. Hay al menos dos aspectos del carácter que pueden ser descritos por las palabras perfecto o perfección. El primero es la rendición del carácter.
 
Esto ocurre al momento de la conversión, cuando entregamos nuestras vidas completamente a Cristo. En ese momento somos contados perfectos en él. Nuestra perfección es completa en ese momento, mas solo estamos empezando la carrera cristiana. Nos hemos rendido por completo, hasta el punto de que nos entendemos a nosotros mismos y reconocemos la voluntad de Dios para nosotros. Dios aceptará la entrega completa de todo lo que sepamos de nosotros mismos hasta ese tiempo. Así nuestra rendición del carácter es perfecta al ser considerada perfecta por Dios.

 Pero hay otro concepto que debemos examinar, la maduración del carácter. Si creemos que el pecado está sobre la base de la elección, también debemos creer que podemos elegir no pecar. Un carácter cuerdo es simplemente la madurez de la cosecha en la vida individual. Nos estamos arraigando en Cristo, madurando en él, cuando ya no escogemos más pecar contra Dios. Elegimos no rebelarnos, y esto puede acontecer en cualquier momento. Si Jesucristo realmente vive dentro de nosotros a través de los procesos de justificación y santificación, entonces cuando él controla nuestras vidas, no pecamos, pues Cristo no peca. Cristo no hace nada en desarmonía con su voluntad. Cuando pecamos, estamos escogiendo el control de Satanás, le estamos permitiendo que domine nuestras vidas.

 Este concepto puede ser expresado en una forma simple aunque clara. Cristo dentro, el pecado afuera. El pecado dentro, Cristo afuera. No podemos tener a Cristo y al pecado reinando sobre el trono de la vida a la vez. Cristo no aceptará un corazón dividido. En un carácter maduro Cristo ejerce un control absoluto y total y la persona no estará escogiendo opciones rebeldes. Elige no rebelarse contra Dios ni en pensamiento, ni en palabra, ni en acción. Lo que estamos haciendo acá es enfocándonos en lo que Dios puede hacer, no en lo que el individuo no puede. Podemos hablar por horas acerca de las imposibilidades del hombre caído, mas ¿por qué no hablar de las posibilidades de Dios? ¿Por qué no podemos hablar de lo que es posible?

 En relación a nuestras definiciones, las que son más importantes para nuestro estudio, son aquellas categorías sobre las cuales ejercemos control. Si creemos que el pecado es por elección, entonces también admitiremos que podemos escoger obedecer. Podemos decidir rendirnos y crecer en madurez de carácter. A todos los cristianos entregados a su Maestro les es posible poseer un carácter puro gracias al poder que Cristo provee para lograr la victoria. Así la perfección cuidadosamente definida, es una realidad; no es una imposibilidad. Son entonces las áreas sobre las cuales ejercemos control las que debemos estudiar.

 El nuevo nacimiento trae perfección en Cristo, lo cual es siempre suficiente para salvación. Somos salvos sobre la base de esa rendición; el problema es que la interrumpimos. El poder de Cristo que mora en nosotros no cambia, pero nuestra rendición a Cristo no es constante. Son las interrupciones las que pueden y deben cesar, permitiendo así que Cristo nos controle totalmente a todo momento. El factor variable es la constancia de nuestra entrega. El poder de Cristo es constante, pero nuestra relación fluctúa a veces.

 Por naturaleza siempre seremos pecaminosos hasta que Cristo venga, pero podemos decidir no hacer elecciones contra la voluntad de Dios. Realmente podemos poseer un carácter perfecto en una naturaleza pecaminosa. Vemos aquí la importancia vital de una correcta comprensión de la naturaleza de Cristo. Si Cristo venció los impulsos de su naturaleza pecaminosa a través del control del Espíritu Santo, luego el mismo método es válido para nosotros. Empero si Cristo no tuvo nuestra naturaleza, entonces el método no es muy claro. Es muy importante que se nos recuerde en este punto que la culpa no nos es imputada a causa de nuestra naturaleza, sino solamente debido a las opciones hechas y al subsiguiente carácter desarrollado 


 
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