Biblia Adventista - Biblia de Estudio
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 BibliadeEstudioAdventistaHechos de los A: 23.BibliadeEstudioAdventista

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Hch 23:1  Y, fijándose Pablo en el sanedrín, dijo: «Varones hermanos, yo con toda conciencia buena he ministrado a Dios hasta este día».
Hch 23:2  Mas el sumo sacerdote Ananías ordenó a los que le asistían, herir su boca.
Hch 23:3  Entonces Pablo le dijo: «Herirte ha Dios, pared blanqueada. También tú ¿siéntaste juzgándome según la ley, e ilegal mándasme herir?»
Hch 23:4  Y los circunstantes dijeron: «¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?»
Hch 23:5  Y dijo Pablo: «No sabía yo, hermanos, que es sumo sacerdote; pues escrito está; que «al príncipe de tu pueblo no maldecirás».
Hch 23:6  Y, conociendo Pablo que la una parte es de saduceos, y la otra de fariseos, exclamó en el sanedrín: «Varones hermanos, yo fariseo soy, hijo de fariseos; de esperanza y resurrección de muertos se me juzga».
Hch 23:7  Y, esto él hablando, descargó discusión de los fariseos y saduceos, y dividióse la muchedumbre.
Hch 23:8  Pues los saduceos dicen no haber resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los fariseos confiesan lo uno y lo otro.
Hch 23:9  Y hubo vociferación grande, y, levantándose algunos de los escribas de la parte de los fariseos, rebatían, diciendo: «Nada malo hallamos en este hombre; ¿y si un espíritu le ha hablado o un ángel?»
Hch 23:10  Y discusión habiendo mucha, temiendo el tribuno fuese destrozado Pablo por ellos, mandó al ejército, bajando, arrancarle de en medio de ellos y llevar al campamento.
Hch 23:11  Y, a la siguiente noche parado a par de él, el Señor dijo: «Confía, pues, como has testificado mucho lo acerca de mí, en Jerusalén; así debes también en Roma testificar».
Hch 23:12  Y hecho día, haciendo conspiración los judíos, anatematizáronse, diciendo ni comer ni beber hasta matar a Pablo.
Hch 23:13  Y eran más de cuarenta los que esta conjuración hicieron;
Hch 23:14  los que, acercándose a los sumos sacerdotes y ancianos, dijeron: «Con anatema anatematizádonos hemos a nada gustar, hasta matar a Pablo.
Hch 23:15  Ahora, pues, vosotros manifestad al tribuno con el sanedrín, para que le descienda a vosotros como habiendo de conocer más exactamente lo acerca de él; y nosotros, antes de acercarse él, preparados estamos a arrebatarle».
Hch 23:16  Y, oyendo el hijo de la hermana de Pablo la asechanza, viniendo y entrando en el campamento, anunciólo a Pablo.
Hch 23:17  Y, llamando a sí Pablo a uno de los centuriones, dijo: «A este joven lleva al tribuno; pues tiene algo que anunciarle».
Hch 23:18  El en verdad acogiendo le llevó al tribuno; y dice: «El encadenado Pablo, llamándome a sí rogóme a este joven traer a ti, que tiene algo que hablarte».
Hch 23:19  Y, cogiendo la mano de él, el tribuno y retirándose aparte, indagaba: «¿Qué es lo que tienes que anunciarme?»
Hch 23:20  Y dijo: que «los judíos se han concertado para rogarte que mañana a Pablo desciendas al sanedrín como habiendo(a)  algo más exactamente que indagar acerca de él.
Hch 23:21  Tú, pues, no les creas; porque le asechan, de ellos varones más de cuarenta; los cuales hanse anatematizado para no comer ni beber hasta arrebatarle, y ahora están preparados, aguardando tu promesa».
Hch 23:22  El tribuno en verdad, despidió al jovencito, encargando a nadie propalar de que «esto has manifestado a mí».
Hch 23:23  Y llamando a sí a ciertos dos de los centuriones, dijo: «Preparad soldados doscientos para que vayan a Cesarea, y jinetes setenta y hombres doscientos, desde tercera hora de la noche;
Hch 23:24  y, jumentos prevenir, para que, subiendo en ellos, a Pablo salven al través, hasta Félix, el presidente(b) ,
Hch 23:25  (pues temió que por ventura arrancándole los judíos matasen; y él, después, calumnia tuviese como habiendo recibido dinero);
Hch 23:26  escribiendo epístola que tenía este tenor: «Claudio Lisias al óptimo presidente Félix; ¡salud!
Hch 23:27  A este varón aprehendido por los judíos y que iba a ser arrebatado por ellos, acudiendo con el ejército, arranqué después que entendí que romano es;
Hch 23:28  y, queriendo conocer la causa que le objetaban, descendíle al sanedrín de ellos;
Hch 23:29  al que hallé acusado sobre cuestiones de la ley de ellos, por ninguna digna de muerte o cadenas teniendo acusación.
Hch 23:30  Y, delatada a mí asechanza que contra el varón había, al pronto he(c)  enviado a ti, anunciando a la vez también a los acusadores decir lo contra él delante de ti».
Hch 23:31  Los soldados, pues, según lo ordenado a ellos, cogiendo a Pablo, llevaron al través de la noche a Antipátride;
Hch 23:32  y al siguiente día, dejando a los jinetes irse con él, retornaron al campamento;
Hch 23:33  los cuales, entrando en Cesarea y entregando la epístola al presidente, pusieron también a Pablo delante de él,
Hch 23:34  Y leyendo y preguntando de qué provincia es, y sabiendo que de Cilicia,
Hch 23:35  «Por entero oiréte, dijo, cuando también tus acusadores llegaren», mandando en el pretorio, el de Herodes, guardarle.

 


 

Hch 23:1  Pablo, puestos los ojos en el sanedrín, dijo: Hermanos, siempre hasta hoy me he conducido delante de Dios con toda rectitud de conciencia”
Hch 23:2  El sumo sacerdote Ananías mandó a los que estaban junto a él que le hiriesen en la boca.
Hch 23:3  Entonces Pablo le dijo: Dios te herirá a ti, pared blanqueada. Tú, en virtud de la Ley, te sientas aquí como juez, ¿y contra la Ley mandas herirme?
Hch 23:4  Los que estaban a su lado dijeron: ¿Así injurias al sumo sacerdote de Dios?
Hch 23:5  Contestó Pablo: No sabía, hermanos, que fuese el sumo sacerdote. Escrito está: “No injuriarás al príncipe de tu pueblo.”
Hch 23:6  Conociendo Pablo que unos eran saduceos y otros fariseos, gritó en el sanedrín: Hermanos, yo soy fariseo e hijo de fariseos. Por nuestra esperanza, la resurrección de los muertos, soy traído a juicio.
Hch 23:7  En cuanto dijo esto, se produjo un alboroto entre fariseos y saduceos y se dividió la asamblea.
Hch 23:8  Porque los saduceos niegan la resurrección y la existencia de ángeles y espíritus, mientras que los fariseos profesan lo uno y lo otro.
Hch 23:9  En medio de un gran griterío, se levantaron algunos doctores de la secta de los fariseos, que disputaban violentamente, diciendo: No hallamos culpa en este hombre. ¿Y qué, si le habló un espíritu o un ángel?
Hch 23:10  El tumulto se agravó, y temiendo el tribuno que Pablo fuese por ellos despedazado, ordenó a los soldados que bajasen, le arrancasen de en medio de ellos y le condujesen al cuartel.
Hch 23:11  Al día siguiente por la noche se le apareció el Señor y le dijo: Ten ánimo, porque como has dado testimonio de mí en Jerusalén, así también has de darlo en Roma.
Hch 23:12  Cuando fue de día tramaron una conspiración los judíos, jurando bajo maldición no comer ni beber hasta matar a Pablo.
Hch 23:13  Eran más de cuarenta los conjurados,
Hch 23:14  y se llegaron a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciéndoles: Bajo anatema nos hemos comprometido a no gustar cosa alguna mientras no matemos a Pablo;"
Hch 23:15  vosotros, pues, y el sanedrín rogad al tribuno que le conduzca ante vosotros, alegando que necesitáis averiguar con más exactitud algo acerca de él; nosotros estaremos prontos para matarle antes que se acerque."
Hch 23:16  Habiendo tenido noticia de esta asechanza el hijo de la hermana de Pablo, vino, y entrando en el cuartel se lo comunicó a Pablo.
Hch 23:17  Llamó éste a un centurión y le dijo: Lleva a este joven al tribuno, porque tiene algo que comunicar Lc.
Hch 23:18  El centurión lo llevó al tribuno, y dijo a éste: El preso Pablo me ha llamado y rogado que te trajera a este joven, que tiene algo que decirte.
Hch 23:19  Tomándole el tribuno de la mano, se retiró aparte y le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme?
Hch 23:20  El contestó: Que los judíos han concertado pedirte que mañana lleves a Pablo ante el sanedrín, alegando que tienen que averiguar con más exactitud algo acerca de él.
Hch 23:21  No les des crédito, porque se han conjurado contra él más de cuarenta hombres de entre ellos, y se han obligado bajo anatema a no comer ni beber hasta matarle, y ya están preparados, en espera de que les concedas lo que van a pedirte.
Hch 23:22  El tribuno despidió al joven, encargándole no dijese a nadie que le hubiera dado a saber aquello.
Hch 23:23  Y llamando a dos centuriones les dijo: Preparad doscientos infantes para que vayan hasta Cesárea, setenta jinetes y doscientos lanceros para la tercera vigilia de la noche.
Hch 23:24  Asimismo preparad cabalgaduras a Pablo, para que sea llevado en seguridad al procurador Félix.
Hch 23:25  Y escribió una carta del tenor siguiente:
Hch 23:26  “Claudio Lisias al muy excelente procurador Félix, salud:
Hch 23:27  Estando el hombre que te envío a punto de ser muerto por los judíos, llegué con la tropa y le arranqué de sus manos, habiendo sabido que era un ciudadano romano;"
Hch 23:28  y para conocer el crimen de que le acusaban, le conduje ante su sanedrín,
Hch 23:29  y hallé que era acusado de cuestiones de su Ley, pero que no había cometido delito digno de muerte o prisión;"
Hch 23:30  y habiéndome sido revelado que se habían conjurado para matarle, al instante resolví enviártelo a ti, comunicando también a los acusadores que expongan ante tu tribunal lo que tengan contra él. Pásalo bien.”
Hch 23:31  Los soldados, según la orden que se les había dado, tomaron a Pablo y de noche le llevaron hasta Antípatris;"
Hch 23:32  y al día siguiente, dejando con él a los jinetes, se volvieron al cuartel.
Hch 23:33  Así que llegaron a Cesárea, entregaron la epístola al procurador y le presentaron a Pablo.
Hch 23:34  El procurador, leída la epístola, preguntó a Pablo de qué provincia era, y al saber que era de Cilicia:
Hch 23:35  Te oiré, dijo, cuando lleguen tus acusadores; y dio orden de que fuese guardado en el pretorio de Heredes."

 


 

Hch 23:1  Pablo miró a todos los de la Junta Suprema, y les dijo: —Amigos israelitas, yo tengo la conciencia tranquila, porque hasta ahora he obedecido a Dios en todo.
Hch 23:2  Entonces Ananías, el jefe de los sacerdotes, ordenó que golpearan a Pablo en la boca.
Hch 23:3  Pero Pablo le dijo: —Es Dios quien lo va a golpear a usted, ¡hipócrita! Usted tiene que juzgarme de acuerdo con la Ley; entonces, ¿por qué la desobedece ordenando que me golpeen?
Hch 23:4  Los demás judíos de la Junta le dijeron: —¿Por qué insultas al jefe de los sacerdotes de Dios?
Hch 23:5  Pablo contestó: —Amigos, yo no sabía que él era el jefe de los sacerdotes. La Biblia dice que no debemos hablar mal del jefe de nuestro pueblo.
Hch 23:6  Cuando Pablo vio que algunos de los judíos de la Junta eran saduceos, y que otros eran fariseos, dijo en voz alta: —Amigos israelitas, yo soy fariseo, y muchos en mi familia también lo han sido. ¿Por qué se me juzga? ¿Por creer que los muertos pueden volver a vivir?
Hch 23:7  Apenas Pablo dijo eso, los fariseos y los saduceos comenzaron a discutir. La reunión no pudo continuar en paz, pues unos pensaban una cosa y otros otra.
Hch 23:8  Los saduceos dicen que los muertos no pueden volver a vivir, y que no existen los ángeles ni los espíritus. Pero los fariseos sí creen en todo eso.
Hch 23:9  Se armó entonces un gran alboroto, en el que todos gritaban. Algunos maestros de la Ley, que eran fariseos, dijeron: «No creemos que este hombre sea culpable de nada. Tal vez un ángel o un espíritu le ha hablado.»
Hch 23:10  El alboroto era cada vez mayor. Entonces el jefe de los soldados romanos tuvo miedo de que mataran a Pablo, y ordenó que vinieran los soldados y se lo llevaran de nuevo al cuartel.
Hch 23:11  A la noche siguiente, el Señor Jesús se le apareció a Pablo y le dijo: «Anímate, porque así como has hablado de mí en Jerusalén, también lo harás en Roma.»
Hch 23:12  Al día siguiente, unos cuarenta judíos se pusieron de acuerdo para matar a Pablo. Fueron entonces a ver a los sacerdotes principales y a los líderes del país, y les dijeron: —Hemos jurado no comer ni beber nada, hasta que hayamos matado a Pablo. Que una maldición caiga sobre nosotros, si no cumplimos nuestro juramento.
Hch 23:15  Ahora bien, este es nuestro plan: ustedes, y los demás judíos de la Junta Suprema, le pedirán al jefe de los soldados romanos que traiga mañana a Pablo. Díganle que desean saber más acerca de él. Nosotros, por nuestra parte, estaremos listos para matarlo antes de que llegue aquí.
Hch 23:16  Pero un sobrino de Pablo se dio cuenta de lo que planeaban, y fue al cuartel a avisarle.
Hch 23:17  Pablo llamó entonces a uno de los capitanes romanos, y le dijo: —Este muchacho tiene algo importante que decirle al jefe de usted; llévelo con él.
Hch 23:18  El capitán lo llevó y le dijo a su jefe: —El prisionero Pablo me pidió que trajera a este muchacho, pues tiene algo que decirle a usted.
Hch 23:19  El jefe tomó de la mano al muchacho y lo llevó a un lugar aparte. Allí le preguntó: —¿Qué vienes a decirme?
Hch 23:20  El muchacho le dijo: —Unos judíos han hecho un plan para pedirle a usted que lleve mañana a Pablo ante la Junta Suprema. Van a decirle que es para investigarlo con más cuidado.
Hch 23:21  Pero usted no les haga caso, porque más de cuarenta hombres estarán escondidos esperando a Pablo, y han jurado que no comerán ni beberán nada hasta matarlo, y que si no lo hacen les caerá una maldición. Ellos están ahora esperando su respuesta.
Hch 23:22  El jefe despidió al muchacho y le ordenó: —No le digas a nadie lo que me has dicho.
Hch 23:23  El jefe de los guardias llamó a dos de sus capitanes y les dio esta orden: «Preparen a doscientos soldados que vayan a pie, setenta soldados que vayan a caballo, y doscientos soldados con lanzas. Preparen también un caballo para Pablo. Quiero que a las nueve de la noche vayan a la ciudad de Cesarea, y que lleven a Pablo ante el gobernador Félix. Asegúrense de que a Pablo no le pase nada malo.»
Hch 23:25  Además, el jefe envió una carta con los soldados, la cual decía:
Hch 23:26  «De Claudio Lisias, para el excelentísimo gobernador Félix. Saludos.
Hch 23:27  »Los líderes judíos arrestaron a este hombre, y querían matarlo. Cuando supe que él es ciudadano romano, fui con mis soldados y lo rescaté.
Hch 23:28  Luego lo llevé ante la Junta Suprema de los judíos, para saber de qué lo acusaban.
Hch 23:29  Así supe que lo acusaban de cuestiones que tienen que ver con la ley de ellos. Pero yo no creo que haya razón para matarlo o tenerlo en la cárcel.
Hch 23:30  Me he enterado también de que unos judíos planean matarlo, y por eso lo he enviado ante usted. A los judíos que lo acusan les he dicho que vayan y traten con usted el asunto que tienen contra él.»
Hch 23:31  Los soldados cumplieron las órdenes de su jefe, y por la noche llevaron a Pablo al cuartel de Antípatris.
Hch 23:32  Al día siguiente, los soldados que iban a pie regresaron al cuartel de Jerusalén, y los que iban a caballo continuaron el viaje con Pablo.
Hch 23:33  Cuando llegaron a Cesarea, se presentaron ante el gobernador Félix, y le entregaron a Pablo junto con la carta.
Hch 23:34  El gobernador leyó la carta, y luego preguntó de dónde era Pablo. Cuando supo que era de la región de Cilicia,
Hch 23:35  le dijo a Pablo: «Escucharé lo que tengas que decir cuando vengan los que te acusan.» Después, el gobernador ordenó a unos soldados que se llevaran a Pablo, y que lo vigilaran bien. Los soldados lo llevaron al palacio que había construido el rey Herodes el Grande.

 


 

Hch 23:1  Pablo entonces fijos los ojos en el sanedrín les dijo: Hermanos míos, yo hasta el día presente he observado tal conducta, que en la presencia de Dios nada me remuerde la conciencia.
Hch 23:2  En esto el príncipe de los sacerdotes Ananías mandó a sus ministros que le hiriesen en la boca.
Hch 23:3  Entonces le dijo Pablo: Herirte ha Dios a ti, pared blanqueada. ¿Tú estás sentado para juzgarme según la ley, y contra la ley mandas herirme?
Hch 23:4  Los circunstantes le dijeron: ¿Cómo maldices tú al sumo sacerdote de Dios?
Hch 23:5  A esto respondió Pablo: Hermanos, no sabía que fuese el príncipe de los sacerdotes. Porque realmente escrito está: No maldecirás al príncipe de tu pueblo.
Hch 23:6  Sabiendo Pablo que parte de los que asistían eran saduceos y parte fariseos, exclamó en medio del sanedrín: Hermanos míos, yo soy fariseo, hijo de fariseos y por causa de mi esperanza de la resurrección de los muertos es por lo que voy a ser condenado.
Hch 23:7  Desde que hubo proferido estas palabras, se suscitó discordia entre los fariseos y saduceos, y se dividió la asamblea en dos partidos.
Hch 23:8  Porque los saduceos dicen que no hay resurrección , ni ángel ni espíritu; cuando al contrario los fariseos confiesan ambas cosas.
Hch 23:9  Así que fue grande la gritería que se levantó. Y puestos en pie algunos fariseos, porfiaban, diciendo: Nada de malo hallamos en este hombre; ¿quién sabe si le habló algún espíritu o ángel?
Hch 23:10  Y enardeciéndose más la discordia, temeroso el tribuno que despedazasen a Pablo, mandó bajar a los soldados, para que le quitasen de en medio de ellos, y le condujesen a la fortaleza.
Hch 23:11  A la noche siguiente se le apareció el Señor, y le dijo: ¡Pablo, buen ánimo!, así como has dado testimonio de mí en Jerusalén , así conviene también que lo des en Roma.
Hch 23:12  Venido el día se juntaron algunos judíos, e hicieron voto con juramento e imprecación, de no comer ni beber hasta haber matado a Pablo.
Hch 23:13  Eran más de cuarenta hombres los que se habían así conjurado;
Hch 23:14  los cuales se presentaron a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos, y dijeron: Nosotros nos hemos obligado con voto y grandes imprecaciones, a no probar bocado hasta que matemos a Pablo.
Hch 23:15  Ahora, pues, no tenéis más que avisar al tribuno de parte del sanedrín, pidiéndole que haga conducir mañana a Pablo delante de vosotros, como que tenéis que averiguar de él alguna cosa con más certeza. Nosotros de nuestra parte estaremos prevenidos para matarle antes que llegue.
Hch 23:16  Mas como un hijo de la hermana de Pablo entendiese la trama, fue, y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo.
Hch 23:17  Pablo llamado a uno de los centuriones, dijo: Lleva este mozo al tribuno, porque tiene que participarle cierta cosa.
Hch 23:18  El centurión tomándole consigo le condujo al tribuno, y dijo: Pablo el preso me ha pedido que traiga a tu presencia a este joven, que tiene que comunicarte alguna cosa.
Hch 23:19  El tribuno cogiendo de la mano al mancebo, se retiró con él a solas, y le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que comunicarme?
Hch 23:20  El respondió: Los judíos han acordado el suplicarte que mañana conduzcas a Pablo al concilio, con pretexto de querer examinarle más individualmente de algún punto.
Hch 23:21  Pero tú no los creas, porque de ellos le tienen armadas acechanzas más de cuarenta hombres, los cuales con grandes juramentos han hecho voto de no comer ni beber hasta que le maten; y ya están alerta, esperando que tú les concedas lo que piden.
Hch 23:22  El tribuno despidió al muchacho, mandándole que a nadie dijese que había hecho aquella delación.
Hch 23:23  Y llamando a dos centuriones, les dijo: Tened prevenidos para las nueve de la noche doscientos soldados de infantería, para que vayan a Cesarea, y setenta de caballería, y doscientos alabarderos, o lanceros:
Hch 23:24  Y preparad bagajes para que lleven a Pablo, y le conduzcan sin peligro de su vida al gobernador Félix.
Hch 23:25  (Porque temió el tribuno que los judíos le arrebatasen, y matasen, y después él mismo padeciese la calumnia de haberlo permitido, sobornado con dinero). Y al mismo tiempo escribió una carta al gobernador Félix, en los términos siguientes:
Hch 23:26  Claudio Lisias al óptimo gobernador Félix, salud.
Hch 23:27  A ese hombre preso por los judíos, y a punto de ser muerto por ellos, acudiendo con la tropa le libré, noticioso de que era ciudadano romano;
Hch 23:28  y queriendo informarme del delito de que le acusaban, condújele a su sanedrín.
Hch 23:29  Allí averigüé que es acusado sobre cuestiones de su ley de ellos; pero que no ha cometido ningún delito digno de muerte o de prisión.
Hch 23:30  Y avisado después de que los judíos le tenían urdidas acechanzas, te lo envío a ti, previniendo también a sus acusadores que recurran a tu tribunal. Ten salud.
Hch 23:31  Los soldados, pues, según la orden que se les había dado, encargándose de Pablo, le condujeron de noche a la ciudad de Antipátrida.
Hch 23:32  Al día siguiente dejando a los de a caballo para que le acompañasen, se volvieron los demás a la fortaleza.
Hch 23:33  Llegados que fueron a Cesarea, y entregada la carta al gobernador, le presentaron así mismo a Pablo.
Hch 23:34  Luego que leyó la carta, le preguntó de qué provincia era, y oído que de Cilicia, dijo:
Hch 23:35  Te daré audiencia viniendo tus acusadores. Entre tanto mandó que le custodiasen en el pretorio llamado de Herodes .

 


 

Hch 23:1  Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy.
Hch 23:2  El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca.
Hch 23:3  Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada!(A) ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y quebrantando la ley me mandas golpear?
Hch 23:4  Los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?
Hch 23:5  Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo.(B)
Hch 23:6  Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo,(C) hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga.
Hch 23:7  Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió.
Hch 23:8  Porque los saduceos dicen que no hay resurrección,(D) ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas.
Hch 23:9  Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios.
Hch 23:10  Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza.
Hch 23:11  A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.

Complot contra Pablo
 
Hch 23:12  Venido el día, algunos de los judíos tramaron un complot y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo.
Hch 23:13  Eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración,
Hch 23:14  los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: Nosotros nos hemos juramentado bajo maldición, a no gustar nada hasta que hayamos dado muerte a Pablo.
Hch 23:15  Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le traiga mañana ante vosotros, como que queréis indagar alguna cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos listos para matarle antes que llegue.
Hch 23:16  Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la celada, fue y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo.
Hch 23:17  Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este joven ante el tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.
Hch 23:18  El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo me llamó y me rogó que trajese ante ti a este joven, que tiene algo que hablarte.
Hch 23:19  El tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme?
Hch 23:20  El le dijo: Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a Pablo ante el concilio, como que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él.
Hch 23:21  Pero tú no les creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales se han juramentado bajo maldición, a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora están listos esperando tu promesa.
Hch 23:22  Entonces el tribuno despidió al joven, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto.

Pablo es enviado a Félix el gobernador
 
Hch 23:23  Y llamando a dos centuriones, mandó que preparasen para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que fuesen hasta Cesarea;
Hch 23:24  y que preparasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el gobernador.
Hch 23:25  Y escribió una carta en estos términos:
Hch 23:26  Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud.
Hch 23:27  A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar, lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano.
Hch 23:28  Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos;
Hch 23:29  y hallé que le acusaban por cuestiones de la ley de ellos, pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión.
Hch 23:30  Pero al ser avisado de asechanzas que los judíos habían tendido contra este hombre, al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tengan contra él. Pásalo bien.
Hch 23:31  Y los soldados, tomando a Pablo como se les ordenó, le llevaron de noche a Antípatris.
Hch 23:32  Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fuesen con él, volvieron a la fortaleza.
Hch 23:33  Cuando aquéllos llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él.
Hch 23:34  Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y habiendo entendido que era de Cilicia,
Hch 23:35  le dijo: Te oiré cuando vengan tus acusadores. Y mandó que le custodiasen en el pretorio de Herodes.

 


 

Hch 23:1  Entonces Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el día de hoy.
Hch 23:2  El príncipe de los sacerdotes, Ananías, mandó entonces a los que estaban delante de él, que le hiriesen en la boca.
Hch 23:3  Entonces Pablo le dijo: Dios te herirá a ti , pared blanqueada; ¿y estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y contra la ley me mandas herir?
Hch 23:4  Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices?
Hch 23:5  Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el príncipe de los sacerdotes; pues escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás.
Hch 23:6  Entonces Pablo, sabiendo que una parte era de saduceos, y la otra de fariseos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo: de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado.
Hch 23:7  Y como hubo dicho esto, fue hecha disensión entre los fariseos y los saduceos; y la multitud fue dividida.
Hch 23:8  (Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los fariseos confiesan ambas cosas.)
Hch 23:9  Y se levantó un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si espíritu le ha hablado, o ángel, no resistamos a Dios.
Hch 23:10  Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado de ellos, mandó venir una compañía de soldados, y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle a la fortaleza.
Hch 23:11  Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confía, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalén, así te conviene testificar también en Roma.
Hch 23:12  Y venido el día, algunos de los judíos se juntaron, e hicieron voto bajo maldición, diciendo que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen matado a Pablo.
Hch 23:13  Y eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración;
Hch 23:14  los cuales se fueron al príncipe de los sacerdotes y a los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto bajo maldición, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos matado a Pablo.
Hch 23:15  Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le saque mañana a vosotros como que queréis entender de él alguna cosa más cierta; y nosotros, antes que él llegue, estaremos aparejados para matarle.
Hch 23:16  Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fue, y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo.
Hch 23:17  Y Pablo, llamando a uno de los centuriones, dice: Lleva a este joven al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.
Hch 23:18  El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo, llamándome, me rogó que trajese a ti este joven, que tiene algo que hablarte.
Hch 23:19  Y el tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme?
Hch 23:20  Y él dijo: Los judíos han concertado rogarte que mañana saques a Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta.
Hch 23:21  Mas tú no los creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales han hecho voto bajo maldición, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando tu promesa.
Hch 23:22  Entonces el tribuno despidió al joven, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto.
Hch 23:23  Y llamados dos centuriones, les mandó que apercibiesen doscientos soldados, que fuesen hasta Cesarea, y setenta de a caballo con los doscientos lanceros , que lo acompañasen desde la hora tercera de la noche.
Hch 23:24  Y que aparejasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen a salvo a Félix, el gobernador.
Hch 23:25  Escribió una carta en estos términos:
Hch 23:26  Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud.
Hch 23:27  A este varón, tomado de los judíos, y que lo comenzaban a matar, libré yo sobreviniendo con una compañía de soldados, entendiendo que era romano.
Hch 23:28  Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos;
Hch 23:29  y hallé que le acusaban de cuestiones de la ley de ellos, y que ningún crimen tenía digno de muerte o de prisión.
Hch 23:30  Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habían aparejado los judíos, en la misma hora le he enviado a ti, y he denunciado también a los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra él. Pásalo bien.
Hch 23:31  Y los soldados, tomando a Pablo como les era mandado, le llevaron de noche a Antípatris.
Hch 23:32  Y al día siguiente, dejando a los de a caballo que fuesen con él, se volvieron a la fortaleza.
Hch 23:33  Y como llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador presentaron también a Pablo delante de él.
Hch 23:34  Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y entendiendo que de Cilicia,
Hch 23:35  te oiré, dijo, cuando vinieren tus acusadores. Y mandó que le guardasen en el pretorio de Herodes.

 


 

Hch 23:1  And Paul, earnestly beholding the council, said, Men and brethren, I have lived in all good conscience before God until this day.
Hch 23:2  And the high priest Ananias commanded them that stood by him to smite him on the mouth.
Hch 23:3  Then said Paul unto him, God shall smite thee, thou whited wall: for sittest thou to judge me after the law, and commandest me to be smitten contrary to the law?
Hch 23:4  And they that stood by said, Revilest thou God's high priest?
Hch 23:5  Then said Paul, I wist not, brethren, that he was the high priest: for it is written, Thou shalt not speak evil of the ruler of thy people.
Hch 23:6  But when Paul perceived that the one part were Sadducees, and the other Pharisees, he cried out in the council, Men and brethren, I am a Pharisee, the son of a Pharisee: of the hope and resurrection of the dead I am called in question.
Hch 23:7  And when he had so said, there arose a dissension between the Pharisees and the Sadducees: and the multitude was divided.
Hch 23:8  For the Sadducees say that there is no resurrection, neither angel, nor spirit: but the Pharisees confess both.
Hch 23:9  And there arose a great cry: and the scribes that were of the Pharisees' part arose, and strove, saying, We find no evil in this man: but if a spirit or an angel hath spoken to him, let us not fight against God.
Hch 23:10  And when there arose a great dissension, the chief captain, fearing lest Paul should have been pulled in pieces of them, commanded the soldiers to go down, and to take him by force from among them, and to bring him into the castle.
Hch 23:11  And the night following the Lord stood by him, and said, Be of good cheer, Paul: for as thou hast testified of me in Jerusalem, so must thou bear witness also at Rome.
Hch 23:12  And when it was day, certain of the Jews banded together, and bound themselves under a curse, saying that they would neither eat nor drink till they had killed Paul.
Hch 23:13  And they were more than forty which had made this conspiracy.
Hch 23:14  And they came to the chief priests and elders, and said, We have bound ourselves under a great curse, that we will eat nothing until we have slain Paul.
Hch 23:15  Now therefore ye with the council signify to the chief captain that he bring him down unto you to morrow, as though ye would enquire something more perfectly concerning him: and we, or ever he come near, are ready to kill him.
Hch 23:16  And when Paul's sister's son heard of their lying in wait, he went and entered into the castle, and told Paul.
Hch 23:17  Then Paul called one of the centurions unto him, and said, Bring this young man unto the chief captain: for he hath a certain thing to tell him.
Hch 23:18  So he took him, and brought him to the chief captain, and said, Paul the prisoner called me unto him, and prayed me to bring this young man unto thee, who hath something to say unto thee.
Hch 23:19  Then the chief captain took him by the hand, and went with him aside privately, and asked him, What is that thou hast to tell me?
Hch 23:20  And he said, The Jews have agreed to desire thee that thou wouldest bring down Paul to morrow into the council, as though they would enquire somewhat of him more perfectly.
Hch 23:21  But do not thou yield unto them: for there lie in wait for him of them more than forty men, which have bound themselves with an oath, that they will neither eat nor drink till they have killed him: and now are they ready, looking for a promise from thee.
Hch 23:22  So the chief captain then let the young man depart, and charged him, See thou tell no man that thou hast shewed these things to me.
Hch 23:23  And he called unto him two centurions, saying, Make ready two hundred soldiers to go to Caesarea, and horsemen threescore and ten, and spearmen two hundred, at the third hour of the night;
Hch 23:24  And provide them beasts, that they may set Paul on, and bring him safe unto Felix the governor.
Hch 23:25  And he wrote a letter after this manner:
Hch 23:26  Claudius Lysias unto the most excellent governor Felix sendeth greeting.
Hch 23:27  This man was taken of the Jews, and should have been killed of them: then came I with an army, and rescued him, having understood that he was a Roman.
Hch 23:28  And when I would have known the cause wherefore they accused him, I brought him forth into their council:
Hch 23:29  Whom I perceived to be accused of questions of their law, but to have nothing laid to his charge worthy of death or of bonds.
Hch 23:30  And when it was told me how that the Jews laid wait for the man, I sent straightway to thee, and gave commandment to his accusers also to say before thee what they had against him. Farewell.
Hch 23:31  Then the soldiers, as it was commanded them, took Paul, and brought him by night to Antipatris.
Hch 23:32  On the morrow they left the horsemen to go with him, and returned to the castle:
Hch 23:33  Who, when they came to Caesarea, and delivered the epistle to the governor, presented Paul also before him.
Hch 23:34  And when the governor had read the letter, he asked of what province he was. And when he understood that he was of Cilicia;
Hch 23:35  I will hear thee, said he, when thine accusers are also come. And he commanded him to be kept in Herod's judgment hall.

 


 

Hch 23:1  Pablo miró fijamente al Sanedrín y dijo: «Hermanos, yo me he portado con entera buena conciencia ante Dios, hasta este día.»
Hch 23:2  Pero el Sumo Sacerdote Ananías mandó a los que le asistían que le golpeasen en la boca.
Hch 23:3  Entonces Pablo le dijo: «¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Tú te sientas para juzgarme conforme la Ley y mandas, violando la Ley, que me golpeen?»
Hch 23:4  Pero los que estaban a su lado le dijeron: «¿Insultas al Sumo Sacerdote de Dios?»
Hch 23:5  Pablo contestó: «No sabía, hermanos, que fuera el Sumo Sacerdote; pues está escrito: = No injuriarás al jefe de tu pueblo.» =
Hch 23:6  Pablo, dándose cuenta de que una parte eran saduceos y la otra fariseos, gritó en medio del Sanedrín: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos; por esperar la resurrección de los muertos se me juzga.»
Hch 23:7  Al decir él esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos y la asamblea se dividió.
Hch 23:8  Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mientras que los fariseos profesan todo eso.
Hch 23:9  Se levantó, pues, un gran griterío. Se pusieron en pie algunos escribas del partido de los fariseos y se oponían diciendo: «Nosotros no hallamos nada malo en este hombre. ¿Y si acaso le habló algún espíritu o un ángel?»
Hch 23:10  Como el altercado iba creciendo, temió el tribuno que Pablo fuese despedazado por ellos y mandó a la tropa que bajase, que le arrancase de entre ellos y le llevase al cuartel.
Hch 23:11  A la noche siguiente se le apareció el Señor y le dijo: «¡Animo!, pues como has dado testimonio de mí en Jerusalén, así debes darlo también en Roma.»
Hch 23:12  Al amanecer, los judíos se confabularon y se comprometieron bajo anatema a no comer ni beber hasta que hubieran matado a Pablo.
Hch 23:13  Eran más de cuarenta los comprometidos en esta conjuración.
Hch 23:14  Estos, pues, se presentaron a los sumos sacerdotes y a los ancianos y le dijeron: «Bajo anatema nos hemos comprometido a no probar cosa alguna hasta que no hayamos dado muerte a Pablo.
Hch 23:15  Vosotros por vuestra parte, de acuerdo con el Sanedrín, indicad al tribuno que os lo baje donde vosotros, como si quisierais examinar más a fondo su caso; nosotros estamos dispuestos a matarle antes de que llegue.»
Hch 23:16  El hijo de la hermana de Pablo se enteró de la celada. Se presentó en el cuartel, entró y se lo contó a Pablo.
Hch 23:17  Pablo llamó a uno de los centuriones y le dijo: «Lleva a este joven donde el tribuno, pues tiene algo que contarle.»
Hch 23:18  El tomó y le presentó al tribuno diciéndole: «Pablo, el preso, me llamó y me rogó que te trajese este joven que tiene algo que decirte.»
Hch 23:19  El tribuno le tomó de la mano, le llevó aparte y le preguntó: «¿Qué es lo que tienes que contarme?»
Hch 23:20  - «Los judíos, contestó, se han concertado para pedirte que mañana bajes a Pablo al Sanedrín con el pretexto de hacer una indagación más a fondo sobre él.
Hch 23:21  Pero tú no les hagas caso, pues le preparan una celada más de cuarenta hombres de entre ellos, que se han comprometido bajo anatema a no comer ni beber hasta haberle dado muerte; y ahora están preparados, esperando tu asentimiento.»
Hch 23:22  El tribuno despidió al muchacho dándole esta recomendación: «No digas a nadie que me has denunciado estas cosas.»
Hch 23:23  Después llamó a dos centuriones y les dijo: «Tened preparados para la tercera hora de la noche doscientos soldados, para ir a Cesarea, setenta de caballería y doscientos lanceros.
Hch 23:24  Preparad también cabalgaduras para que monte Pablo; y llevadlo a salvo al procurador Félix.»
Hch 23:25  Y escribió una carta en estos términos:
Hch 23:26  «Claudio Lisias saluda al excelentísimo procurador Félix.»
Hch 23:27  Este hombre había sido apresado por los judíos y estaban a punto de matarlo cuando, al saber que era romano, acudí yo con la tropa y le libré de sus manos.
Hch 23:28  Queriendo averiguar el crimen de que le acusaban, le bajé a su Sanedrín.
Hch 23:29  Y hallé que le acusaban sobre cuestiones de su Ley, pero que no tenía ningún cargo digno de muerte o de prisión.
Hch 23:30  Pero habiéndome llegado el aviso de que se preparaba una celada contra este hombre, al punto te lo he mandado y he informado además a sus acusadores que formulen sus quejas contra él ante ti.»
Hch 23:31  Los soldados, conforme a lo que se les había ordenado, tomaron a Pablo y lo condujeron de noche a Antipátrida;
Hch 23:32  a la mañana siguiente dejaron que los de caballería se fueran con él y ellos se volvieron al cuartel.
Hch 23:33  Al llegar aquéllos a Cesarea, entregaron la carta al procurador y le presentaron también a Pablo.
Hch 23:34  Habiéndola leído, preguntó de qué provincia era y, al saber que era de Cilicia, le dijo:
Hch 23:35  «Te oiré cuando estén también presentes tus acusadores.» Y mandó custodiarle en el pretorio de Herodes.

 


 

Hch 23:1  Pablo miró a los de la Junta Suprema y les dijo:
 –Hermanos, yo he vivido hasta hoy con la conciencia tranquila delante de Dios.
Hch 23:2  Entonces Ananías, [1] que era sumo sacerdote, mandó a los que estaban cerca de Pablo que le pegaran en la boca.
Hch 23:3  Pero Pablo le contestó:
 –¡Dios le va a pegar a usted, hipócrita! Si usted está sentado ahí para juzgarme según la ley, ¿por qué contra la ley manda que me peguen?
Hch 23:4  Los que estaban presentes le dijeron:
 –¿Así insultas al sumo sacerdote de Dios?
Hch 23:5  Pablo dijo:
 –Hermanos, yo no sabía que fuera el sumo sacerdote; pues en la Escritura dice: 'No maldigas al que gobierna a tu pueblo. '[2]
Hch 23:6  Luego, dándose cuenta de que algunos de la Junta eran del partido saduceo y otros del partido fariseo, dijo Pablo en voz alta:
 –Hermanos, yo soy fariseo, de familia de fariseos; y se me está juzgando porque espero la resurrección de los muertos.
Hch 23:7  En cuanto Pablo dijo esto, los fariseos y los saduceos comenzaron a discutir entre sí, y se dividió la reunión.
Hch 23:8  Porque los saduceos dicen que los muertos no resucitan, y que no hay ángeles ni espíritus; en cambio, los fariseos creen en todas estas cosas.
Hch 23:9  Todos gritaban; y algunos maestros de la ley, que eran del partido fariseo, se levantaron y dijeron:
 –Este hombre no ha hecho nada malo; tal vez le ha hablado un espíritu o un ángel.
Hch 23:10  Como el alboroto era cada vez mayor, el comandante tuvo miedo de que hicieran pedazos a Pablo, por lo cual mandó llamar a unos soldados para sacarlo de allí y llevarlo otra vez al cuartel.
Hch 23:11  A la noche siguiente, el Señor se le apareció a Pablo y le dijo: "Ánimo, Pablo, porque así como has dado testimonio de mí aquí en Jerusalén, así tendrás que darlo también en Roma."
Hch 23:12  Al día siguiente, algunos de los judíos se pusieron de acuerdo para matar a Pablo, y juraron bajo maldición que no comerían ni beberían hasta que lograran matarlo.
Hch 23:13  Eran más de cuarenta hombres los que así se habían comprometido.
Hch 23:14  Fueron, pues, a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos de los judíos, y les dijeron:
 –Nosotros hemos jurado bajo maldición que no comeremos nada mientras no matemos a Pablo.
Hch 23:15  Ahora, ustedes y los demás miembros de la Junta Suprema pidan al comandante que lo traiga mañana ante ustedes, con el pretexto de investigar su caso con más cuidado; y nosotros estaremos listos para matarlo antes que llegue.
Hch 23:16  Pero el hijo de la hermana de Pablo se enteró del asunto, y fue al cuartel a avisarle.
Hch 23:17  Pablo llamó a uno de los capitanes, y le dijo:
 –Lleve a este muchacho al comandante, porque tiene algo que comunicarle.
Hch 23:18  El capitán lo llevó al comandante, y le dijo:
 –El preso Pablo me llamó y me pidió que trajera aquí a este muchacho, que tiene algo que comunicarle a usted.
Hch 23:19  El comandante tomó de la mano al muchacho, y llevándolo aparte le preguntó:
 –¿Qué quieres decirme?
Hch 23:20  El muchacho le dijo:
 –Los judíos se han puesto de acuerdo para pedirle a usted que mañana lleve a Pablo ante la Junta Suprema, con el pretexto de que quieren investigar su caso con más cuidado.
Hch 23:21  Pero no les crea, porque más de cuarenta de sus hombres lo esperan escondidos, y han jurado bajo maldición que no comerán ni beberán hasta que maten a Pablo; y ahora están listos, esperando solamente que usted les dé una respuesta.
Hch 23:22  Entonces el comandante despidió al muchacho, mandándole que no dijera a nadie que le había contado eso.
Hch 23:23  El comandante llamó a dos de sus capitanes, y les dio orden de preparar doscientos soldados de a pie, setenta de a caballo y doscientos con lanzas, para ir a Cesarea a las nueve de la noche.
Hch 23:24  Además mandó preparar caballos para que Pablo montara, y dio orden de llevarlo sano y salvo al gobernador Félix.
Hch 23:25  Con ellos envió una carta que decía lo siguiente: 
 
Hch 23:26  "De Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: saludos.
Hch 23:27  Los judíos habían arrestado a este hombre y lo iban a matar, pero cuando yo supe que se trataba de un ciudadano romano, fui con mis soldados y lo libré.
Hch 23:28  Como quise saber de qué lo acusaban, lo llevé ante la Junta de los judíos,
Hch 23:29  y resultó que lo acusaban de asuntos de la ley de ellos; pero no había razón para matarlo, y ni siquiera para tenerlo en la cárcel.
Hch 23:30  Pero como me he enterado de que los judíos tienen planes para matarlo, ahí se lo envío a usted; y he pedido también a los que lo acusan que traten delante de usted lo que tengan contra él."
Hch 23:31  Los soldados, conforme a las órdenes que tenían, tomaron a Pablo y lo llevaron de noche a Antípatris.
Hch 23:32  Al día siguiente, los soldados de a pie volvieron al cuartel, y los de a caballo siguieron el viaje con Pablo.
Hch 23:33  Al llegar a Cesarea, dieron la carta al gobernador y le entregaron también a Pablo.
Hch 23:34  Después de leer la carta, el gobernador preguntó de dónde era Pablo; y al saber que era de Cilicia,
Hch 23:35  le dijo:
 –Te oiré cuando vengan los que te acusan.
 Luego dio orden de ponerlo bajo vigilancia en el palacio de Herodes.

 


 

Hch 23:1  Mirando fijamente al Sanedrín, Pablo dijo: “Varones, hermanos, yo me he portado delante de Dios con conciencia perfectamente limpia hasta este día”.
Hch 23:2  Ante esto, el sumo sacerdote Ananías ordenó a los que estaban de pie cerca de él que le hirieran en la boca.
Hch 23:3  Entonces Pablo le dijo: “Dios te va a herir a ti, pared blanqueada. ¿A un mismo tiempo te sientas tú a juzgarme según la Ley y, violando la Ley, me mandas herir?”.
Hch 23:4  Los que estaban parados allí cerca dijeron: “¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?”.
Hch 23:5  Y Pablo dijo: “Hermanos, no sabía que era sumo sacerdote. Porque está escrito: ‘No debes hablar perjudicialmente de un gobernante de tu pueblo’”.
Hch 23:6  Entonces, cuando Pablo notó que una parte era de saduceos, pero la otra de fariseos, procedió a clamar en el Sanedrín: “Varones, hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos. Respecto a la esperanza de la resurrección de los muertos se me está juzgando”.
Hch 23:7  Porque dijo esto, se suscitó una disensión entre los fariseos y los saduceos, y la multitud se dividió.
Hch 23:8  Porque los saduceos dicen que no hay ni resurrección, ni ángel, ni espíritu, pero los fariseos los declaran todos públicamente.
Hch 23:9  De modo que estalló una gran gritería, y se levantaron algunos de los escribas del partido de los fariseos y empezaron a contender ferozmente, diciendo: “No hallamos nada malo en este hombre; pero si un espíritu o un ángel le habló...”.
Hch 23:10  Entonces, cuando se hizo grande la disensión, al comandante militar le dio miedo de que Pablo fuera despedazado por ellos, y mandó que el cuerpo de soldados bajara y lo arrebatara de en medio de ellos y lo llevara al cuartel de los soldados.
Hch 23:11  Pero a la noche siguiente el Señor se puso de pie a su lado y dijo: “¡Ten ánimo! Porque como has estado dando testimonio cabal de las cosas acerca de mí en Jerusalén, así también tienes que dar testimonio en Roma”.
Hch 23:12  Ahora bien, cuando se hizo de día, los judíos formaron una conspiración y se comprometieron con maldición, diciendo que ni comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo.
Hch 23:13  Eran más de cuarenta hombres los que habían formado esta conspiración juramentada;
Hch 23:14  y fueron a los sacerdotes principales y a los ancianos y dijeron: “Nos hemos comprometido solemnemente con maldición a no tomar un bocado de comida hasta que hayamos matado a Pablo.
Hch 23:15  Ahora, por lo tanto, ustedes junto con el Sanedrín aclárenle al comandante militar por qué debe bajarlo a ustedes como si tuvieran la intención de indagar con más exactitud los asuntos referentes a él. Pero antes que él se acerque estaremos listos para eliminarlo”.
Hch 23:16  Sin embargo, el hijo de la hermana de Pablo oyó de la acechanza, y vino y entró en el cuartel de los soldados y se lo informó a Pablo.
Hch 23:17  De modo que Pablo llamó a sí a uno de los oficiales del ejército y dijo: “Conduce a este joven al comandante militar, porque tiene algo que informarle”.
Hch 23:18  Por lo tanto, este lo tomó y lo condujo al comandante militar y dijo: “El preso Pablo me llamó a sí y solicitó que condujera a este joven a ti, porque tiene algo que decirte”.
Hch 23:19  El comandante militar lo tomó de la mano, y se retiró y se puso a inquirir en privado: “¿Qué tienes que informarme?”.
Hch 23:20  Él dijo: “Los judíos han convenido en solicitarte que mañana hagas bajar a Pablo al Sanedrín como si fuera con la intención de averiguar algo más exacto acerca de él.
Hch 23:21  Sobre todo, no te dejes persuadir por ellos, porque lo acechan más de cuarenta varones de ellos, y se han comprometido con maldición a ni comer ni beber hasta que lo hayan eliminado; y ya están listos, esperando la promesa de tu parte”.
Hch 23:22  Por tanto el comandante militar dejó ir al joven después de ordenarle: “No vayas a divulgar a nadie que me has aclarado estas cosas”.
Hch 23:23  Y mandó llamar a ciertos dos de los oficiales del ejército y dijo: “Alisten doscientos soldados para marchar hasta Cesarea, también setenta jinetes y doscientos lanceros, a la hora tercera de la noche.
Hch 23:24  También, provean bestias de carga para que ellos hagan cabalgar a Pablo y lo lleven con seguridad a Félix el gobernador”.
Hch 23:25  Y escribió una carta que tenía esta forma:
Hch 23:26  “Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: ¡Saludos!
Hch 23:27  Este varón fue prendido por los judíos y estaba a punto de ser eliminado por ellos, pero vine yo de repente con un cuerpo de soldados y lo libré, porque me enteré de que era romano.
Hch 23:28  Y deseando averiguar la causa por la cual estaban acusándolo, lo hice bajar al Sanedrín de ellos.
Hch 23:29  Lo hallé acusado respecto de cuestiones de la Ley de ellos, pero sin tener cargo contra él de una sola cosa que mereciera muerte o cadenas.
Hch 23:30  Pero como me ha sido expuesto un complot que va a armarse contra el varón, te lo envío inmediatamente, y mando a los acusadores que hablen contra él delante de ti”.
Hch 23:31  Por tanto, estos soldados tomaron a Pablo según sus órdenes y lo llevaron de noche a Antípatris.
Hch 23:32  Al día siguiente permitieron que los jinetes siguieran con él, y ellos se volvieron al cuartel de los soldados.
Hch 23:33  Los [jinetes] entraron en Cesarea y entregaron la carta al gobernador y también le presentaron a Pablo.
Hch 23:34  De modo que él la leyó e inquirió de qué provincia era él, y averiguó que era de Cilicia.
Hch 23:35  “Te daré audiencia cabal —dijo— cuando lleguen también tus acusadores.” Y mandó que lo tuvieran bajo guardia en el palacio pretoriano de Herodes.

 


 

Hch 23:1  Pablo miró a todos los de la Junta Suprema, y les dijo: —Amigos israelitas, yo tengo la conciencia tranquila, porque hasta ahora he obedecido a Dios en todo.
Hch 23:2  Entonces Ananías, el jefe de los sacerdotes, ordenó que golpearan a Pablo en la boca.
Hch 23:3  Pero Pablo le dijo: —Es Dios quien lo va a golpear a usted, ¡hipócrita! Usted tiene que juzgarme de acuerdo con la Ley; entonces, ¿por qué la desobedece ordenando que me golpeen?
Hch 23:4  Los demás judíos de la Junta le dijeron: —¿Por qué insultas al jefe de los sacerdotes de Dios?
Hch 23:5  Pablo contestó: —Amigos, yo no sabía que él era el jefe de los sacerdotes. La Biblia dice que no debemos hablar mal del jefe de nuestro pueblo.
Hch 23:6  Cuando Pablo vio que algunos de los judíos de la Junta eran saduceos, y que otros eran fariseos, dijo en voz alta: —Amigos israelitas, yo soy fariseo, y muchos en mi familia también lo han sido. ¿Por qué se me juzga? ¿Por creer que los muertos pueden volver a vivir?
Hch 23:7  Apenas Pablo dijo eso, los fariseos y los saduceos comenzaron a discutir. La reunión no pudo continuar en paz, pues unos pensaban una cosa y otros otra.
Hch 23:8  Los saduceos dicen que los muertos no pueden volver a vivir, y que no existen los ángeles ni los espíritus. Pero los fariseos sí creen en todo eso.
Hch 23:9  Se armó entonces un gran alboroto, en el que todos gritaban. Algunos maestros de la Ley, que eran fariseos, dijeron: «No creemos que este hombre sea culpable de nada. Tal vez un ángel o un espíritu le ha hablado.»
Hch 23:10  El alboroto era cada vez mayor. Entonces el jefe de los soldados romanos tuvo miedo de que mataran a Pablo, y ordenó que vinieran los soldados y se lo llevaran de nuevo al cuartel.
Hch 23:11  A la noche siguiente, el Señor Jesús se le apareció a Pablo y le dijo: «Anímate, porque así como has hablado de mí en Jerusalén, también lo harás en Roma.»
Hch 23:12  Al día siguiente, unos cuarenta judíos se pusieron de acuerdo para matar a Pablo. Fueron entonces a ver a los sacerdotes principales y a los líderes del país, y les dijeron: —Hemos jurado no comer ni beber nada, hasta que hayamos matado a Pablo. Que una maldición caiga sobre nosotros, si no cumplimos nuestro juramento.
Hch 23:15  Ahora bien, este es nuestro plan: ustedes, y los demás judíos de la Junta Suprema, le pedirán al jefe de los soldados romanos que traiga mañana a Pablo. Díganle que desean saber más acerca de él. Nosotros, por nuestra parte, estaremos listos para matarlo antes de que llegue aquí.
Hch 23:16  Pero un sobrino de Pablo se dio cuenta de lo que planeaban, y fue al cuartel a avisarle.
Hch 23:17  Pablo llamó entonces a uno de los capitanes romanos, y le dijo: —Este muchacho tiene algo importante que decirle al jefe de usted; llévelo con él.
Hch 23:18  El capitán lo llevó y le dijo a su jefe: —El prisionero Pablo me pidió que trajera a este muchacho, pues tiene algo que decirle a usted.
Hch 23:19  El jefe tomó de la mano al muchacho y lo llevó a un lugar aparte. Allí le preguntó: —¿Qué vienes a decirme?
Hch 23:20  El muchacho le dijo: —Unos judíos han hecho un plan para pedirle a usted que lleve mañana a Pablo ante la Junta Suprema. Van a decirle que es para investigarlo con más cuidado.
Hch 23:21  Pero usted no les haga caso, porque más de cuarenta hombres estarán escondidos esperando a Pablo, y han jurado que no comerán ni beberán nada hasta matarlo, y que si no lo hacen les caerá una maldición. Ellos están ahora esperando su respuesta.
Hch 23:22  El jefe despidió al muchacho y le ordenó: —No le digas a nadie lo que me has dicho.
Hch 23:23  El jefe de los guardias llamó a dos de sus capitanes y les dio esta orden: «Preparen a doscientos soldados que vayan a pie, setenta soldados que vayan a caballo, y doscientos soldados con lanzas. Preparen también un caballo para Pablo. Quiero que a las nueve de la noche vayan a la ciudad de Cesarea, y que lleven a Pablo ante el gobernador Félix. Asegúrense de que a Pablo no le pase nada malo.»
Hch 23:25  Además, el jefe envió una carta con los soldados, la cual decía:
Hch 23:26  «De Claudio Lisias, para el excelentísimo gobernador Félix. Saludos.
Hch 23:27  »Los líderes judíos arrestaron a este hombre, y querían matarlo. Cuando supe que él es ciudadano romano, fui con mis soldados y lo rescaté.
Hch 23:28  Luego lo llevé ante la Junta Suprema de los judíos, para saber de qué lo acusaban.
Hch 23:29  Así supe que lo acusaban de cuestiones que tienen que ver con la ley de ellos. Pero yo no creo que haya razón para matarlo o tenerlo en la cárcel.
Hch 23:30  Me he enterado también de que unos judíos planean matarlo, y por eso lo he enviado ante usted. A los judíos que lo acusan les he dicho que vayan y traten con usted el asunto que tienen contra él.»
Hch 23:31  Los soldados cumplieron las órdenes de su jefe, y por la noche llevaron a Pablo al cuartel de Antípatris.
Hch 23:32  Al día siguiente, los soldados que iban a pie regresaron al cuartel de Jerusalén, y los que iban a caballo continuaron el viaje con Pablo.
Hch 23:33  Cuando llegaron a Cesarea, se presentaron ante el gobernador Félix, y le entregaron a Pablo junto con la carta.
Hch 23:34  El gobernador leyó la carta, y luego preguntó de dónde era Pablo. Cuando supo que era de la región de Cilicia,
Hch 23:35  le dijo a Pablo: «Escucharé lo que tengas que decir cuando vengan los que te acusan.» Después, el gobernador ordenó a unos soldados que se llevaran a Pablo, y que lo vigilaran bien. Los soldados lo llevaron al palacio que había construido el rey Herodes el Grande.

 


 

Hch 23:1  Shaúl les miró fijamente, y dijo: "Hermanos, he estado desempeñando mis obligaciones a YAHWEH con una conciencia perfectamente limpia hasta el día de hoy."
Hch 23:2  Pero el kohen hagadol Hananyah ordenó a los que estaban parados cerca de él, que le golpearan en la boca.[149]
Hch 23:3  Entonces Shaúl le dijo: "¡YAHWEH te va a golpear a ti, pared blanqueada! ¿Te sientas tú ahí para juzgarme de acuerdo a la Toráh, y aún en violación a la Toráh, mandas que me golpeen?"[150]
Hch 23:4  Los hombres que estaban cerca dijeron: "¡Este es el kohen hagadol de Elohim a quien estás insultando!"
Hch 23:5  Shaúl dijo: "Yo no sabía, hermanos, que era el kohen hagadol, porque dice el Tanaj : 'No hablarás con desprecio de un gobernador de tu pueblo.'"[151][Ex 22:28]
Hch 23:6  Pero como sabía que una parte del Sanhedrin consistía de Tzedukim y otra de Perushim, Shaúl gritó: "Hermanos, yo mismo soy un Parush e hijo de Perushim; ¡y es relacionado con la esperanza de la resurrección de entre los muertos que estoy siendo juzgado!"
Hch 23:7  Cuando él dijo esto, una discusión se suscitó entre los Perushim y los Tzedukim, y la asamblea fue dividida.
Hch 23:8  Porque los Tzedukim niegan la resurrección, y la existencia de malajim y ruajim; cuando, por el contrario, los Perushim reconocen ambos.
Hch 23:9  Por lo tanto hubo un gran alboroto cuando algunos de los maestros de la Toráh, que estaban del lado de los Perushim, se levantaron y se unieron a la discusión, diciendo: "Nosotros no encontramos ningún mal en este hombre, ¿qué si un ruaj o un malaj le ha hablado?"
Hch 23:10  La disputa se tornó tan violenta, que el comandante, temiendo que Shaúl fuera despedazado por ellos, ordenó a los soldados que fueran, lo cogieran a la fuerza y lo regresaran a los cuarteles.
Hch 23:11  A la noche siguiente se presentó el Adón, y le dijo: "¡Toma valor! Porque tal como has sido un testigo lleno de fidelidad para mí en Yerushalayim, asimismo debes dar testimonio en Roma."
Hch 23:12  Al día siguiente algunos de los Yahudim formaron una conspiración e hicieron juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que asesinaran a Shaúl;
Hch 23:13  más de cuarenta estaban en esta conspiración.
Hch 23:14  Fueron a los principales kohanim y a los ancianos, diciendo: "Nosotros nos hemos comprometido bajo juramento a no probar comida hasta que hayamos matado a Shaúl.
Hch 23:15  Lo que tienen que hacer, es que parezca al comandante que ustedes y el Sanhedrin quieren información más minuciosa acerca del caso de Shaúl para que lo traiga a ustedes; mientras nosotros, por nuestra parte, estaremos preparados para matarlo antes de que llegue.
Hch 23:16  Pero el hijo de la hermana de Shaúl se enteró de la emboscada que había sido planeada, fue a los cuarteles y dio aviso a Shaúl.[152]
Hch 23:17  Shaúl llamó a uno de los oficiales, y le dijo: "Lleven a este hombre al comandante, tiene algo que decirle."
Hch 23:18  Por lo tanto, lo llevó al comandante, y dijo: "El prisionero Shaúl me llamó y me pidió que trajera ante ti a este joven, porque tiene algo que decirte."
Hch 23:19  El comandante lo tomó de la mano y lo llevó aparte para preguntarle en privado: "¿Qué es lo que tienes que decirme?"
Hch 23:20  El dijo: "Los Yahudim han acordado pedirte mañana que traigas a Shaúl al Sanhedrin con el pretexto que quieren investigar su caso más detalladamente.
Hch 23:21  Pero no te dejes convencer, porque más de cuarenta hombres esperan por él. Ellos han hecho juramento de no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora están listos esperando sólo que tú des tu consentimiento a su pedido."
Hch 23:22  Entonces el comandante despidió al joven amonestándole: "No digas a nadie que me has reportado esto."
Hch 23:23  Mandó a llamar a dos de los capitanes, y dijo: "Tomen doscientos soldados de infantería listos para salir hacia Kesarea a las nueve de esta noche, y también setenta de la caballería montada y doscientos lanceros;
Hch 23:24  además, provee reemplazo para el caballo de Shaúl para cuando el de él se canse; y llévenlo con seguridad a Félix el gobernador."
Hch 23:25  Y el comandante escribió la siguiente carta:
Hch 23:26  De: Claudio Lisias A: Su Excelencia, Gobernador Félix:[153] ¡Saludos!
Hch 23:27  Este hombre fue agarrado por los Yahudim y estaba a punto de ser muerto por ellos. Cuando llegué a la escena con mis tropas y lo rescaté. Después de conocer que es ciudadano Romano,
Hch 23:28  quise entender exactamente cuál era la acusación; así que lo llevé al "Sanhedrin ."
Hch 23:29  Encontré que la acusac ión era en relación con la "Toráh" de ellos, pero no había acusación que mereciera la muerte o prisión.
Hch 23:30  Pero cuando fui informado de una conspiración contra este hombre, inmediatamente lo mandé a ti y también he ordenado a sus acusadores que expongan su caso ante ti.
Hch 23:31  De modo que los soldados, siguiendo sus órdenes, tomaron a Shaúl durante la noche y lo trajeron a Antípatris,
Hch 23:32  entonces regresaron a los cuarteles, dejando que la caballería siguiera con él.
Hch 23:33  La caballería lo llevó a Kesarea, dieron la carta al gobernador y le entregaron a Shaúl.
Hch 23:34  El gobernador leyó la carta y le preguntó de qué provincia era. Cuando conoció que era de Cilicia,
Hch 23:35  dijo: "Te daré una audiencia completa cuando tus acusadores hayan arribado," y ordenó que fuera puesto bajo custodia en la fortaleza de Herodes.

 


 

Hch 23:1  "Pablo fijó la mirada en los asistentes a la reunión del Consejo y dijo: -Hermanos, he vivido toda mi vida ante Dios como ciudadano de bien, con mi conciencia limpia."
Hch 23:2  "Ananías, el sumo sacerdote, les ordenó a los que estaban allí cerca de Pablo, que lo golpearan en la boca."
Hch 23:3  "Entonces Pablo le dijo a Ananías: -Dios lo golpeará también a usted, porque usted es como una pared sucia que ha sido blanqueada. Se sienta allí y me juzga según la ley, pero les dice que me golpeen y eso es contra la ley."
Hch 23:4  Los que estaban cerca de Pablo le dijeron: -Estás insultando al sumo sacerdote de Dios.
Hch 23:5  "Pablo dijo: -Hermanos, yo no sabía que este hombre era el sumo sacerdote. Está escrito en las Escrituras, 'no hables mal del líder de tu pueblo'."
Hch 23:6  "Pablo se dio cuenta de que algunos hombres que estaban en la reunión eran saduceos y otros eran fariseos. Entonces Pablo dijo en voz muy alta: -Hermanos, soy un fariseo, hijo de un fariseo. Estoy en juicio porque creo en la resurrección de los muertos."
Hch 23:7  "Cuando Pablo dijo esto, hubo una discusión muy fuerte entre los saduceos y los fariseos. El Consejo se dividió."
Hch 23:8  "Los saduceos creen que no hay vida después de la muerte, y que no hay ángeles ni espíritus, pero los fariseos sí creen en todo eso."
Hch 23:9  Se produjo una fuerte discusión entre los judíos. Algunos maestros de la ley que eran fariseos se pusieron de pie y dijeron: -No encontramos nada de malo en este hombre. A lo mejor un ángel o un espíritu le habló.
Hch 23:10  "La discusión se convirtió en una pelea. El jefe del ejército tuvo temor de que los judíos hicieran pedazos a Pablo. Entonces les ordenó a los soldados que bajaran, que sacaran a Pablo de allí y que se lo llevaran al cuartel, lejos de estos judíos."
Hch 23:11  "A la noche siguiente, el Señor se le apareció a Pablo y le dijo: ""¡Sé valiente! Tú le has hablado a la gente de Jerusalén acerca de mí y también debes ir a Roma a hacer lo mismo""."
Hch 23:12  A la mañana siguiente algunos judíos hicieron un plan y se comprometieron entre ellos a no comer ni beber nada hasta no haber matado a Pablo.
Hch 23:13  Eran más de cuarenta judíos los que se habían comprometido a esto.
Hch 23:14  Ellos fueron y hablaron con los jefes de los sacerdotes y los ancianos líderes y les dijeron: -Hemos hecho el compromiso entre nosotros de no comer ni beber nada hasta no haber matado a Pablo.
Hch 23:15  "Esto es lo que queremos que ustedes hagan: envíen un mensaje de parte de ustedes y del Consejo, en el que le pidan al jefe del ejército que traiga a Pablo ante ustedes para hacerle más preguntas. Nosotros estaremos esperando a Pablo para matarlo en el camino."
Hch 23:16  Pero el sobrino de Pablo se enteró del plan y fue al cuartel y se lo contó todo.
Hch 23:17  Entonces Pablo llamó a uno de los capitanes y le dijo: -Lleva a este joven ante el comandante del ejército porque tiene un mensaje para él.
Hch 23:18  Entonces el capitán llevó al sobrino de Pablo ante el comandante del ejército y le dijo: -El prisionero Pablo me pidió que le trajera a este joven porque tiene algo que decirle.
Hch 23:19  El comandante del ejército llevó al joven aparte y le preguntó: - ¿Qué tienes que decirme?
Hch 23:20  El joven dijo: -Los judíos decidieron pedirle que lleve a Pablo mañana a la reunión del Consejo. Quieren que usted crea que desean hacerle más preguntas.
Hch 23:21  "Pero, no les crea. Hay más de cuarenta judíos escondidos, esperando para matar a Pablo. Ellos han prometido no comer ni beber nada hasta matar a Pablo, y esperan que usted acepte la petición."
Hch 23:22  El jefe del ejército le dijo al joven que se fuera y le ordenó que no le dijera a nadie que le había informado todo esto.
Hch 23:23  "Entonces el comandante del ejército llamó a dos capitanes y les dijo: -Alisten doscientos soldados de infantería, setenta de caballería y doscientos lanceros para que salgan para Cesarea esta noche a las nueve."
Hch 23:24  Traigan unos caballos para llevar a Pablo sano y salvo ante el gobernador Félix.
Hch 23:25  El comandante del ejército escribió una carta que decía:
Hch 23:26  "Estimado señor gobernador: Los judíos agarraron a este hombre y lo iban a matar. Me enteré de que él es ciudadano romano y fui con mis soldados a rescatarlo. Yo quería saber por qué lo estaban acusando y lo llevé ante la reunión del Consejo judío. Esta fue la información que obtuve: Los judíos lo acusan de violar las leyes judías, pero ningún cargo justificaba la pena de muerte ni el encarcelamiento. Fui informado que algunos judíos planeaban matarlo y por eso lo envío a usted. Les pedí también a los judíos que le informaran a usted sobre los cargos que tienen contra él. Respetuosamente, Claudio Lisias."
Hch 23:27  "Estimado señor gobernador: Los judíos agarraron a este hombre y lo iban a matar. Me enteré de que él es ciudadano romano y fui con mis soldados a rescatarlo. Yo quería saber por qué lo estaban acusando y lo llevé ante la reunión del Consejo judío. Esta fue la información que obtuve: Los judíos lo acusan de violar las leyes judías, pero ningún cargo justificaba la pena de muerte ni el encarcelamiento. Fui informado que algunos judíos planeaban matarlo y por eso lo envío a usted. Les pedí también a los judíos que le informaran a usted sobre los cargos que tienen contra él. Respetuosamente, Claudio Lisias."
Hch 23:28  "Estimado señor gobernador: Los judíos agarraron a este hombre y lo iban a matar. Me enteré de que él es ciudadano romano y fui con mis soldados a rescatarlo. Yo quería saber por qué lo estaban acusando y lo llevé ante la reunión del Consejo judío. Esta fue la información que obtuve: Los judíos lo acusan de violar las leyes judías, pero ningún cargo justificaba la pena de muerte ni el encarcelamiento. Fui informado que algunos judíos planeaban matarlo y por eso lo envío a usted. Les pedí también a los judíos que le informaran a usted sobre los cargos que tienen contra él. Respetuosamente, Claudio Lisias."
Hch 23:29  "Estimado señor gobernador: Los judíos agarraron a este hombre y lo iban a matar. Me enteré de que él es ciudadano romano y fui con mis soldados a rescatarlo. Yo quería saber por qué lo estaban acusando y lo llevé ante la reunión del Consejo judío. Esta fue la información que obtuve: Los judíos lo acusan de violar las leyes judías, pero ningún cargo justificaba la pena de muerte ni el encarcelamiento. Fui informado que algunos judíos planeaban matarlo y por eso lo envío a usted. Les pedí también a los judíos que le informaran a usted sobre los cargos que tienen contra él. Respetuosamente, Claudio Lisias."
Hch 23:30  "Estimado señor gobernador: Los judíos agarraron a este hombre y lo iban a matar. Me enteré de que él es ciudadano romano y fui con mis soldados a rescatarlo. Yo quería saber por qué lo estaban acusando y lo llevé ante la reunión del Consejo judío. Esta fue la información que obtuve: Los judíos lo acusan de violar las leyes judías, pero ningún cargo justificaba la pena de muerte ni el encarcelamiento. Fui informado que algunos judíos planeaban matarlo y por eso lo envío a usted. Les pedí también a los judíos que le informaran a usted sobre los cargos que tienen contra él. Respetuosamente, Claudio Lisias."
Hch 23:31  Los soldados obedecieron las órdenes y esa noche llevaron a Pablo a la ciudad de Antípatris.
Hch 23:32  Al día siguiente los soldados de caballería llevaron a Pablo a Cesarea. Los de infantería y los lanceros regresaron a la ciudad.
Hch 23:33  "Cuando los soldados de caballería llegaron a Cesarea, le dieron la carta al gobernador y le entregaron a Pablo."
Hch 23:34  "El gobernador leyó la carta y le preguntó a Pablo: ""¿De qué país eres?"" Al saber que Pablo era de Cilicia,"
Hch 23:35  "le dijo: ""Escucharé tu caso cuando los judíos que están en contra tuya vengan también aquí"". Entonces el gobernador dio órdenes de que mantuvieran a Pablo en el palacio que fue construido por Herodes."

 


 
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