Biblia Adventista - Biblia de Estudio
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  BibliadeEstudioAdventistaHechos de los A: 16.BibliadeEstudioAdventista

La version Reina Valera 1990 con comentarios de elena White,referencias biblicas y otros complementos (Por editar)se encuentra en las subpaginas de Hechos de los Apostoles.


 

Hch 16:1  Y bajó también a Derbe y a Listra. Y he aquí un discípulo había allí, por nombre Timoteo, hijo de mujer judía fiel y de padre heleno;
Hch 16:2  quien era testificado por los en Listra e Iconio hermanos.
Hch 16:3  Este quiso Pablo que con él saliera, y, acogiendo, circuncidóle, por los judíos que había en aquellos lugares; pues sabían todos ellos que heleno su padre era.
Hch 16:4  Y, como pasaban por las ciudades, entregaban a ellos los decretos los juzgados por los apóstoles y ancianos, los en Jerusalén.
Hch 16:5  Las iglesias; en verdad, confirmábanse en la fe, y abundaban por el número cada día;
Hch 16:6  y atravesaron la Frigia y Galacia región, detenidos por el Santo Espíritu de hablar la palabra en el Asia;
Hch 16:7  y, viniendo por(a)  la Misia, intentaron a la Bitinia ir, y no dejóles el Espíritu de Jesús;
Hch 16:8  y, pasando(b)  de la Misia, descendieron a la Tróade.
Hch 16:9  Y visión de noche a Pablo aparecióse: un varón macedonio estaba parado y rogándole y diciendo: «Pasando a Macedonia, ayúdanos».
Hch 16:10  Y, como la visión vio, luego buscamos salir para Macedonia, considerando que nos había llamado Dios a evangelizarles.
Hch 16:11  Zarpando, pues, de Tróade, enderezamos a Samotracia y, al siguiente día, a Nápolis;
Hch 16:12  y de allí, a Filipos; la cual es primera, de la parte de la Macedonia —ciudad, colonia(c) . Y estábamos en esta ciudad pasando días algunos;
Hch 16:13  y el día de los sábados salimos fuera de la puerta al río donde pensábamos oración haber; y sentándonos, hablábamos a las reunidas mujeres.
Hch 16:14  Y una mujer por nombre Lidia, purpurera(d)  de ciudad de Tiatira, temiendo a Dios, oía; de quien el Señor abrió el corazón a atender a lo hablado por Pablo.
Hch 16:15  Y, como se bautizó y la casa de ella, rogó, diciendo: «Si habéis juzgado que fiel al Señor soy, entrando a mi casa, permaneced»; y fuénos obligando.
Hch 16:16  Y aconteció, yendo nosotros a la oración, que una niña que tenía espíritu pitónico(e)  nos encontró; la cual ganancia mucha brindaba a sus amos, adivinando.
Hch 16:17  Esta siguiendo en pos de Pablo y nosotros, gritaba, diciendo: «Estos hombres siervos del Dios, el Altísimo, son; los que anuncian a vosotros camino de salud».
Hch 16:18  Y esto hacía por muchos días. E indignándose Pablo y volviéndose, al espíritu dijo: «Mándote en nombre de Jesucristo salir de ella». Y salió a la misma hora.
Hch 16:19  Mas, viendo los amos de ella que salió la esperanza de la ganancia de ellos, cogiendo a Pablo y Silas arrastraron al ágora, a los príncipes;
Hch 16:20  y llevándoles hasta los estrategos, dijeron: «Estos hombres conturban nuestra ciudad, judíos como son;
Hch 16:21  y anuncian costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, romanos siendo».
Hch 16:22  Y, junta en torno púsose la turba contra ellos; y los estrategos, desgarrando de ellos las vestiduras, mandaban avarillar;
Hch 16:23  y golpes imponiéndoles muchos, arrojaron en custodia, encargando al guardaprisión seguramente guardarles;
Hch 16:24  quien, encargo tal recibiendo, arrojóles en la interior custodia, y los pies aseguró de ellos sobre el leño.
Hch 16:25  Mas, por la medianoche, Pablo y Silas, orando, himnodiaban a Dios; y escuchábanles los presos.
Hch 16:26  Y súbitamente terremoto hubo grande, que se estremecieron los cimientos de la prisión; y abriéronse al punto las puertas todas, y de todos las ataduras soltáronse.
Hch 16:27  Y, del sueño despertado el guardaprisión, y viendo abiertas las puertas de la custodia, tirando de la cuchilla, íbase a sí mismo arrebatar, pensando haberse huido los presos.
Hch 16:28  Pero voceó Pablo con gran voz, diciendo: «Nada hagas a ti mismo de malo; que todos nosotros estamos aquí».
Hch 16:29  Y, pidiendo antorcha, saltó cerca; y, tembloroso poniéndose, cayó ante Pablo y Silas;
Hch 16:30  y, sacándoles fuera, dijo: «Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?»
Hch 16:31  Y ellos dijeron: «Cree en el Señor Jesús, y te salvarás tú y tu casa».
Hch 16:32  Y habláronle la palabra de Dios, con todos los de su casa.
Hch 16:33  Y, tomándoles consigo, en aquella hora de la noche, lavó de los golpes(f) ; y bautizóse él y los suyos todos ellos al punto;
Hch 16:34  y, subiéndoles a su casa, púsoles delante mesa, y alborozóse casa entera, creyendo en Dios.
Hch 16:35  Y, amaneciendo, enviaron los estrategos a los varilleros, diciendo: «Suelta a aquellos hombres».
Hch 16:36  Y anunció el guardaprisión las palabras a Pablo: que «han enviado los estrategos porque se os suelte; ahora, pues, idos en paz».
Hch 16:37  Pero Pablo dijo a ellos: «Flagelándonos públicamente, no juzgados, a hombres romanos como somos, han arrojado en custodia ¿y ahora ocultamente nos arrojan fuera? No, por cierto; sino que, viniendo ellos nos saquen fuera».
Hch 16:38  Y anunciaron a los estrategos los varilleros estas palabras; y temieron, oyendo que romanos son;
Hch 16:39  y, viniendo, consoláronles; y, sacando fuera, rogaron se retirasen de la ciudad.
Hch 16:40  Y, viendo a los hermanos, consoláronles y salieron.

 


 

Hch 16:1  Llegaron a Derbe y a Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego,
Hch 16:2  muy elogiado por los hermanos de Listra e Iconio.
Hch 16:3  Quiso Pablo que se fuera con él, y tomándole, le circuncidó a causa de los judíos que había en aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego.
Hch 16:4  Atravesando las ciudades, les comunicaba los decretos dados por los Apóstoles y presbíteros de Jerusalén, encargándoles que los guardasen,
Hch 16:5  Las iglesias, pues, se afianzaban en la fe y crecían en número de día en día.
Hch 16:6  Atravesaron la Frigia y el país de Galacia, impedidos por el Espíritu Santo de anunciar la palabra en Asia.
Hch 16:7  Llegados a los confines de Misia, intentaron entrar en Bitinia, mas tampoco se lo permitió el Espíritu de Jesús;"
Hch 16:8  y pasando de largo por Misia, bajaron a Tróade.
Hch 16:9  Por la noche tuvo Pablo una visión. Un varón macedonio se le puso delante y, rogándole, decía: Pasa a Macedonia y ayúdanos.
Hch 16:10  Luego que vio la visión, al instante buscamos cómo pasar a Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba para evangelizarlos.
Hch 16:11  Zarpando de Tróade, navegamos derechos a Samotracia; al día siguiente llegamos a Neápolis,"
Hch 16:12  de allí a Filipos, que es la primera ciudad de esta parte de Macedonia, colonia romana, donde pasamos algunos días.
Hch 16:13  El sábado salimos fuera de la puerta, junto al río, donde pensamos que estaba el lugar de la oración; y sentados hablábamos con algunas mujeres que se hallaban reunidas."
Hch 16:14  Cierta mujer llamada Lidia, temerosa de Dios, purpuraría, de la ciudad de Tiatira, escuchaba atenta. El Señor había abierto su corazón para atender a las cosas que Pablo decía.
Hch 16:15  Una vez que se bautizó con toda su casa, nos rogó diciendo: Puesto que me habéis juzgado fiel al Señor, entrad en mi casa y quedaos en ella; y nos obligó."
Hch 16:16  Aconteció que, yendo nosotros a la oración, nos salió al encuentro una sierva que tenía espíritu pitónico, la cual, adivinando, procuraba a sus amos grandes ganancias.
Hch 16:17  Ella nos seguía a Pablo y a nosotros, y gritando decía: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y os anuncian el camino de la salvación.
Hch 16:18  Hizo esto muchos días. Molestado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: En nombre de Jesucristo, te mando salir de ésta, y en el mismo instante salió.
Hch 16:19  Viendo sus amos que había desaparecido la esperanza de su ganancia, tomaron a Pablo y a Silas y los llevaron al foro, ante los magistrados;"
Hch 16:20  y presentándoselos a los pretores, dijeron: Estos hombres perturban nuestra ciudad, porque, siendo judíos,
Hch 16:21  predican costumbres que a nosotros no nos es lícito aceptar ni practicar, siendo como somos romanos.
Hch 16:22  Toda la muchedumbre se levantó contra ellos, y los pretores mandaron que, desnudos, fueran azotados con varas,
Hch 16:23  y después de hacerles muchas llagas los metieron en la cárcel, intimando al carcelero que los guardase con cuidado.
Hch 16:24  Este, recibido tal mandato, los metió en el calabozo y les sujetó bien los pies en el cepo.
Hch 16:25  Hacia medianoche, Pablo y Silas, puestos en oración, cantaban himnos a Dios, y los presos los oían”
Hch 16:26  De repente se produjo un gran terremoto, hasta conmoverse los cimientos de la cárcel, y al instante se abrieron las puertas y se soltaron los grillos.
Hch 16:27  Despertó el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada con intención de darse muerte, creyendo que se hubiesen escapado los presos.
Hch 16:28  Pero Pablo gritó en alta voz, diciendo: No te hagas ningún mal, que todos estamos aquí;"
Hch 16:29  y pidiendo una luz se precipitó dentro, arrojándose tembloroso a los pies de Pablo y de Silas.
Hch 16:30  Luego los sacó fuera y les dijo: Señores, ¿qué debo yo hacer para ser salvo?
Hch 16:31  Ellos le dijeron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo tú y tu casa.
Hch 16:32  Le expusieron la palabra de Dios a él y a todos los de su casa;"
Hch 16:33  y en aquella hora de la noche los tomó, les lavó las heridas, y enseguida se bautizó él con todos los suyos.
Hch 16:34  Subiólos a su casa y les puso la mesa, y se regocijó con toda su familia de haber creído en Dios.
Hch 16:35  Llegado el día, enviaron los pretores a los carceleros con esta orden: Pon en libertad a esos hombres.
Hch 16:36  El carcelero comunicó a Pablo estas órdenes: los pretores han enviado a decir que seáis soltados. Ahora, pues, salid e id en paz.
Hch 16:37  Pero Pablo les dijo: Después que a nosotros, ciudadanos romanos, nos han azotado públicamente sin juzgarnos y nos han metido en la cárcel, ¿ahora en secreto nos quieren echar fuera? No será así. Que vengan ellos y nos saquen.
Hch 16:38  Comunicaron los lictores estas palabras a los pretores, que temieron al oír que eran romanos.
Hch 16:39  Vinieron y les presentaron sus excusas, y sacándolos, les rogaron que se fueran de la ciudad.
Hch 16:40  Ellos, al salir de la cárcel, entraron en casa de Lidia y, viendo a los hermanos, los exhortaron y se fueron.

 


 

Hch 16:1  Pablo siguió su viaje y llegó a los pueblos de Derbe y de Listra. Allí vivía un joven llamado Timoteo, que era seguidor de Jesús. La madre de Timoteo era una judía cristiana, y su padre era griego.
Hch 16:2  Los miembros de la iglesia en Listra y en Iconio hablaban muy bien de Timoteo.
Hch 16:3  Por eso Pablo quiso que Timoteo lo acompañara en su viaje. Pero como todos los judíos de esos lugares sabían que el padre de Timoteo era griego, Pablo llevó a Timoteo para que lo circuncidaran.
Hch 16:4  Pablo y sus compañeros continuaron el viaje. En todos los pueblos por donde pasaban, informaban a los seguidores de Jesús de lo que se había decidido en Jerusalén.
Hch 16:5  Los miembros de las iglesias de todos esos lugares confiaban cada vez más en Jesús, y cada día más y más personas se unían a ellos.
Hch 16:6  Pablo y sus compañeros intentaron anunciar el mensaje de Dios en la provincia de Asia, pero el Espíritu Santo no se lo permitió. Entonces viajaron por la región de Frigia y Galacia,
Hch 16:7  y llegaron a la frontera con la región de Misia. Luego intentaron pasar a la región de Bitinia, pero el Espíritu de Jesús tampoco les permitió hacerlo.
Hch 16:8  Entonces siguieron su viaje por la región de Misia, y llegaron al puerto de Tróade.
Hch 16:9  Al caer la noche, Pablo tuvo allí una visión. Vio a un hombre de la región de Macedonia, que le rogaba: «¡Por favor, venga usted a Macedonia y ayúdenos!»
Hch 16:10  Cuando Pablo vio eso, todos nos preparamos de inmediato para viajar a la región de Macedonia. Estábamos seguros de que Dios nos ordenaba ir a ese lugar, para anunciar las buenas noticias a la gente que allí vivía.
Hch 16:11  Salimos de Tróade en barco, y fuimos directamente a la isla de Samotracia. Al día siguiente, fuimos al puerto de Neápolis,
Hch 16:12  y de allí a la ciudad de Filipos. Esta era la ciudad más importante de la región de Macedonia, y también una colonia de Roma. En Filipos nos quedamos durante algunos días.
Hch 16:13  Un sábado, fuimos a la orilla del río, en las afueras de la ciudad. Pensábamos que por allí se reunían los judíos para orar. Al llegar, nos sentamos y hablamos con las mujeres que se reunían en el lugar.
Hch 16:14  Una de las que nos escuchaba se llamaba Lidia. Era de la ciudad de Tiatira, vendía telas muy finas de color púrpura, y honraba a Dios. El Señor hizo que Lidia pusiera mucha atención a Pablo,
Hch 16:15  y cuando ella y toda su familia fueron bautizados, nos invitó con mucha insistencia a quedarnos en su casa, y así lo hicimos.
Hch 16:16  Un día, íbamos con Pablo al lugar de oración, y en el camino nos encontramos a una esclava. Esta muchacha tenía un espíritu que le daba poder para anunciar lo que iba a suceder en el futuro. De esa manera, los dueños de la muchacha ganaban mucho dinero.
Hch 16:17  La muchacha nos seguía y le gritaba a la gente: «¡Estos hombres trabajan para el Dios Altísimo, y han venido a decirles que Dios puede salvarlos!»
Hch 16:18  La muchacha hizo eso durante varios días, hasta que Pablo no aguantó más y, muy enojado, le dijo al espíritu: «¡En el nombre de Jesucristo, te ordeno que salgas de esta muchacha!» Al instante, el espíritu salió de ella.
Hch 16:19  Pero los dueños de la muchacha, al ver que se les había acabado la oportunidad de ganar más dinero, llevaron a Pablo y a Silas ante las autoridades, en la plaza principal.
Hch 16:20  Allí les dijeron a los jueces: «Estos judíos están causando problemas en nuestra ciudad.
Hch 16:21  Enseñan costumbres que nosotros, los romanos, no podemos aceptar ni seguir.»
Hch 16:22  También la gente comenzó a atacar a Pablo y a Silas. Los jueces ordenaron que les quitaran la ropa y los golpearan en la espalda.
Hch 16:23  Después de golpearlos bastante, los soldados los metieron en la cárcel y le ordenaron al carcelero que los vigilara muy bien.
Hch 16:24  El carcelero los puso en la parte más escondida de la prisión, y les sujetó los pies con unas piezas de madera grandes y pesadas.
Hch 16:25  Cerca de la media noche, Pablo y Silas oraban y cantaban alabanzas a Dios, mientras los otros prisioneros escuchaban.
Hch 16:26  De repente, un fuerte temblor sacudió con violencia las paredes y los cimientos de la cárcel. En ese mismo instante, todas las puertas de la cárcel se abrieron y las cadenas de los prisioneros se soltaron.
Hch 16:27  Cuando el carcelero despertó y vio las puertas abiertas, pensó que los prisioneros se habían escapado. Sacó entonces su espada para matarse,
Hch 16:28  pero Pablo le gritó: «¡No te mates! Todos estamos aquí.»
Hch 16:29  El carcelero pidió que le trajeran una lámpara, y entró corriendo en la cárcel. Cuando llegó junto a Pablo y Silas, se arrodilló temblando de miedo,
Hch 16:30  luego sacó de la cárcel a los dos y les preguntó: —Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?
Hch 16:31  Ellos le respondieron: —Cree en el Señor Jesús, y tú y tu familia se salvarán.
Hch 16:32  Pablo y Silas compartieron el mensaje del Señor con el carcelero y con todos los que estaban en su casa.
Hch 16:33  Después, cuando todavía era de noche, el carcelero llevó a Pablo y a Silas a otro lugar y les lavó las heridas. Luego, Pablo y Silas bautizaron al carcelero y a toda su familia.
Hch 16:34  El carcelero los llevó de nuevo a su casa, y les dio de comer. Él y su familia estaban muy felices de haber creído en Dios.
Hch 16:35  Por la mañana, los jueces enviaron unos guardias a decirle al carcelero que dejara libres a Pablo y a Silas.
Hch 16:36  El carcelero le dijo a Pablo: «Ya pueden irse tranquilos, pues los jueces me ordenaron dejarlos en libertad.»
Hch 16:37  Pero Pablo les dijo a los guardias: «Nosotros somos ciudadanos romanos. Los jueces ordenaron que nos golpearan delante de toda la gente de la ciudad, y nos pusieron en la cárcel, sin averiguar primero si éramos culpables o inocentes. ¿Y ahora quieren dejarnos ir sin que digamos nada, y sin que nadie se dé cuenta? ¡Pues no! No nos iremos; ¡que vengan ellos mismos a sacarnos!»
Hch 16:38  Los guardias fueron y les contaron todo eso a los jueces. Al oír los jueces que Pablo y Silas eran ciudadanos romanos, se asustaron mucho.
Hch 16:39  Entonces fueron a disculparse con ellos, los sacaron de la cárcel y les pidieron que salieran de la ciudad.
Hch 16:40  En cuanto Pablo y Silas salieron de la cárcel, se fueron a la casa de Lidia. Allí vieron a los miembros de la iglesia y los animaron a seguir confiando en Jesús. Luego, Pablo y Silas se fueron de la ciudad.

 


 

Hch 16:1  Llegó Pablo a Derbe, y luego a Listra; donde se hallaba un discípulo llamado Timoteo, hijo de madre judía, convertida a la fe, y de padre gentil.
Hch 16:2  Los hermanos que estaban en Listra y en Iconio hablaban con mucho elogio de este discípulo.
Hch 16:3  Pablo, pues, determinó llevarle en su compañía; y habiéndole tomado consigo, le circuncidó, por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era gentil.
Hch 16:4  Conforme iban visitando las ciudades, recomendaban a los fieles la observancia de los decretos acordados por los apóstoles y los presbíteros, que residían en Jerusalén .
Hch 16:5  Así las iglesias se confirmaban en la fe, y se aumentaba cada día el número de los fieles.
Hch 16:6  Cuando hubieron atravesado la Frigia y el país de Galacia, les prohibió el Espíritu Santo predicar la palabra de Dios en el Asia, o Jonia.
Hch 16:7  Y habiendo ido a la Misia, intentaban pasar a Bitinia; pero tampoco se lo permitió el Espíritu de Jesús .
Hch 16:8  Con eso, atravesada la Misia, bajaron a Tróade,
Hch 16:9  donde Pablo tuvo por la noche esta visión: Un hombre de Macedonia, poniéndosele delante, le suplicaba, y decía: Ven a Macedonia, y socórrenos.
Hch 16:10  Luego que tuvo visión, al punto dispusimos marchar a Macedonia, cerciorados de que Dios nos llamaba a predicar la buena nueva a aquellas gentes.
Hch 16:11  Así, embarcándonos en Tróade, fuimos derecho a Samotracia, y al día siguiente a Nápoles.
Hch 16:12  Y de aquí a Filipos, que es una colonia romana y la primera ciudad de aquella parte de Macedonia. En esta ciudad nos detuvimos algunos días conferenciando.
Hch 16:13  Un día de sábado salimos fuera de la ciudad hacia la ribera del río, donde parecía estar el lugar o casa para tener oración los judíos, y habiéndonos sentado allí trabamos conversación con varias mujeres, que habían concurrido a dicho fin.
Hch 16:14  Y una mujer llamada Lidia, que comerciaba en púrpura o grana, natural de Tiatira, temerosa de Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para recibir bien las cosas que Pablo decía.
Hch 16:15  Habiendo, pues, sido bautizada ella y su familia, nos hizo esta súplica: Si es que me tenéis por fiel al Señor, venid, y hospedaos en mi casa. Y nos obligó a ello.
Hch 16:16  Sucedió que yendo nosotros a la oración, nos salió al encuentro una esclava moza, que estaba obsesa, o poseída, del espíritu pitón, la cual acarreaba una gran ganancia a sus amos haciendo de adivina.
Hch 16:17  Esta, siguiendo detrás de Pablo y de nosotros, gritaba diciendo: Estos hombres son siervos del Dios altísimo, que os anuncian el camino de la salvación.
Hch 16:18  Lo que continuó haciendo muchos días. Al fin Pablo, no pudiendo ya sufrirlo, vuelto a ella, dijo al espíritu: Yo te mando en nombre de Jesucristo que salgas de esta muchacha. Y al punto salió.
Hch 16:19  Mas sus amos, viendo desvanecida la esperanza de las ganancias que hacían con ella, prendiendo a Pablo y a Silas, los condujeron al juzgado ante los jefes de la ciudad,
Hch 16:20  y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres alborotan nuestra ciudad, son judíos,
Hch 16:21  y quieren introducir una manera de vida que no nos es lícito abrazar ni practicar, siendo como somos romanos.
Hch 16:22  Al mismo tiempo la muchedumbre conmovida acudió de tropel contra ellos; y los magistrados mandaron que, rasgándoles las túnicas, los azotasen con varas.
Hch 16:23  Y después de haberles dado muchos azotes, los metieron en la cárcel, apercibiendo al carcelero para que los asegurase bien.
Hch 16:24  El cual, recibida esta orden, los metió en un profundo calabozo, con los pies en el cepo.
Hch 16:25  Mas a eso de medianoche, puestos Pablo y Silas en oración, cantaban alabanzas a Dios, y los demás presos los estaban escuchando,
Hch 16:26  cuando de repente se sintió un gran terremoto, tal que se meneaban los cimientos de la cárcel. Y al instante se abrieron de par en par todas las puertas, y se les soltaron a todos las prisiones.
Hch 16:27  En esto, despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, desenvainando una espada iba a matarse, creyendo que se habían escapado los presos.
Hch 16:28  Entonces Pablo le gritó con grande voz, diciendo: No te hagas ningún daño, que todos sin faltar uno estamos aquí.
Hch 16:29  El carcelero entonces habiendo pedido luz, entró dentro, y estremecido se arrojó a los pies de Pablo y de Silas,
Hch 16:30  y sacándolos afuera, les dijo: Señores ¿qué debo hacer para salvarme?
Hch 16:31  Ellos le respondieron: Cree en el Señor Jesús , y te salvarás tú, y tu familia.
Hch 16:32  Y le enseñaron la doctrina del Señor a él y a todos los de su casa.
Hch 16:33  El carcelero en aquella misma hora de la noche, llevándolos consigo, les lavó las llagas: y recibió luego el bautismo , así él como toda su familia.
Hch 16:34  Y conduciéndolos a su habitación, les sirvió la cena, regocijándose con toda su familia de haber creído en Dios.
Hch 16:35  Luego que amaneció, los magistrados enviaron los alguaciles, con orden al carcelero para que pusiese en libertad a aquellos hombres.
Hch 16:36  El carcelero dio esta noticia a Pablo, diciendo: Los magistrados han ordenado que se os ponga en libertad; por tanto saliéndoos ahora, idos en paz.
Hch 16:37  Mas Pablo les dijo a los alguaciles: ¡Cómo! Después de habernos azotado públicamente, sin oírnos en juicio, siendo ciudadanos romanos nos metieron en la cárcel, ¿y ahora salen con soltarnos en secreto? No ha de ser así, sino que han de venir los magistrados,
Hch 16:38  y soltarnos ellos mismos. Los alguaciles refirieron a los magistrados esta respuesta; los cuales al oír que eran romanos comenzaron a temer.
Hch 16:39  Y así viniendo procuraron excusarse con ellos, y sacándolos de la cárcel les suplicaron que se fuesen de la ciudad.
Hch 16:40  Salidos, pues, de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y después partieron.

 


 

Hch 16:1 

Timoteo acompaña a Pablo y a Silas
  Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego;
Hch 16:2  y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.
Hch 16:3  Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego.
Hch 16:4  Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen.
Hch 16:5  Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día.

La visión del varón macedonio
 
Hch 16:6  Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia;
Hch 16:7  y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.
Hch 16:8  Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas.
Hch 16:9  Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.
Hch 16:10  Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.

Encarcelados en Filipos
 
Hch 16:11  Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis;
Hch 16:12  y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días.
Hch 16:13  Y un día de reposo[a] salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.
Hch 16:14  Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.
Hch 16:15  Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos.
Hch 16:16  Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.
Hch 16:17  Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.
Hch 16:18  Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.
Hch 16:19  Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades;
Hch 16:20  y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad,
Hch 16:21  y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos.
Hch 16:22  Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas.
Hch 16:23  Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.
Hch 16:24  El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.
Hch 16:25  Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.
Hch 16:26  Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.
Hch 16:27  Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido.
Hch 16:28  Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.
Hch 16:29  El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas;
Hch 16:30  y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
Hch 16:31  Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.
Hch 16:32  Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.
Hch 16:33  Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos.
Hch 16:34  Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.
Hch 16:35  Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Suelta a aquellos hombres.
Hch 16:36  Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz.
Hch 16:37  Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos.
Hch 16:38  Y los alguaciles hicieron saber estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran romanos.
Hch 16:39  Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad.
Hch 16:40  Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron.

 


 

Hch 16:1  Después llegó a Derbe, y a Listra; y he aquí, estaba allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía fiel, mas de padre gentil.
Hch 16:2  De éste daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.
Hch 16:3  Pablo quiso que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que estaban en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego.
Hch 16:4  Y cuando pasaban por las ciudades, les daban que guardasen los decretos que habían sido determinados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén.
Hch 16:5  Así que, las Iglesias eran confirmadas en la fe, y eran aumentadas en número cada día.
Hch 16:6  Y pasando a Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la Palabra en Asia.
Hch 16:7  Cuando llegaron a Misia, intentaron de ir a Bitinia; mas el Espíritu no les dejó.
Hch 16:8  Y pasando a Misia, descendieron a Troas.
Hch 16:9  Y fue mostrada a Pablo de noche una visión: Un varón Macedonio se puso delante, rogándole, y diciendo: Pasa a Macedonia, y ayúdanos.
Hch 16:10  Y como vio la visión, luego procuramos partir a Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el Evangelio.
Hch 16:11  Partidos pues de Troas, vinimos camino derecho a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis;
Hch 16:12  y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la parte de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días.
Hch 16:13  Y un día de los sábados salimos de la puerta junto al río, donde solía ser la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían juntado.
Hch 16:14  Entonces una mujer llamada Lidia, que vendía púrpura en la ciudad de Tiatira, temerosa de Dios, estaba oyendo; el corazón de la cual abrió el Señor para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.
Hch 16:15  Y cuando fue bautizada, con su casa, nos rogó, diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad; y nos constriñó.
Hch 16:16  Y aconteció, que yendo nosotros a la oración, una muchacha que tenía espíritu pitónico, nos salió al encuentro, la cual daba grande ganancia a sus amos adivinando.
Hch 16:17  Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud.
Hch 16:18  Y esto hacía por muchos días; mas desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el Nombre de Jesús, el Cristo, que salgas de ella. Y salió en la misma hora.
Hch 16:19  Y viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante el magistrado;
Hch 16:20  y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad,
Hch 16:21  y predican ritos, los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos.
Hch 16:22  Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados rompiéndoles sus ropas, les mandaron azotar con varas.
Hch 16:23  Y después que los herieron de muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia;
Hch 16:24  el cual, recibido este mandamiento, los metió en la cárcel de más adentro; y les apretó los pies en el cepo.
Hch 16:25  Mas a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios ; y los que estaban presos los oían.
Hch 16:26  Entonces fue hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movían; y luego todas las puertas se abrieron, y las prisiones de todos soltaron.
Hch 16:27  Y despertado el carcelero, como vio abiertas las puertas de la cárcel, sacando la espada se quería matar, pensando que los presos habían huido.
Hch 16:28  Entonces Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal; que todos estamos aquí.
Hch 16:29  El entonces pidiendo luz, entró dentro, y temblando, se derribó a los pies de Pablo y de Silas;
Hch 16:30  y sacándolos fuera, les dice: Señores, ¿qué es necesario que yo haga para ser salvo?
Hch 16:31  Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesús, el Cristo, y serás salvo tú, y tu casa.
Hch 16:32  Y le hablaron la Palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa.
Hch 16:33  Y tomándolos él en aquella misma hora de la noche, les lavó las hendas; y se bautizó luego él, y todos los suyos.
Hch 16:34  Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se gozó de que con toda su casa había creído a Dios.
Hch 16:35  Cuando fue de día, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo: Deja ir a aquellos hombres.
Hch 16:36  Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han enviado a decir que seas suelto; así que ahora salid, e id en paz.
Hch 16:37  Entonces Pablo les dijo: Azotados públicamente sin ser condenados, siendo hombres romanos, nos echaron en la cárcel; y ¿ahora nos echan encubiertamente? No, de cierto, sino vengan ellos y sáquennos.
Hch 16:38  Y los alguaciles volvieron a decir a los magistrados estas palabras; y tuvieron miedo, oído que eran romanos.
Hch 16:39  Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que se saliesen de la ciudad.
Hch 16:40  Entonces salidos de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se salieron.

 


 

Hch 16:1  Then came he to Derbe and Lystra: and, behold, a certain disciple was there, named Timotheus, the son of a certain woman, which was a Jewess, and believed; but his father was a Greek:
Hch 16:2  Which was well reported of by the brethren that were at Lystra and Iconium.
Hch 16:3  Him would Paul have to go forth with him; and took and circumcised him because of the Jews which were in those quarters: for they knew all that his father was a Greek.
Hch 16:4  And as they went through the cities, they delivered them the decrees for to keep, that were ordained of the apostles and elders which were at Jerusalem.
Hch 16:5  And so were the churches established in the faith, and increased in number daily.
Hch 16:6  Now when they had gone throughout Phrygia and the region of Galatia, and were forbidden of the Holy Ghost to preach the word in Asia,
Hch 16:7  After they were come to Mysia, they assayed to go into Bithynia: but the Spirit suffered them not.
Hch 16:8  And they passing by Mysia came down to Troas.
Hch 16:9  And a vision appeared to Paul in the night; There stood a man of Macedonia, and prayed him, saying, Come over into Macedonia, and help us.
Hch 16:10  And after he had seen the vision, immediately we endeavoured to go into Macedonia, assuredly gathering that the Lord had called us for to preach the gospel unto them.
Hch 16:11  Therefore loosing from Troas, we came with a straight course to Samothracia, and the next day to Neapolis;
Hch 16:12  And from thence to Philippi, which is the chief city of that part of Macedonia, and a colony: and we were in that city abiding certain days.
Hch 16:13  And on the sabbath we went out of the city by a river side, where prayer was wont to be made; and we sat down, and spake unto the women which resorted thither.
Hch 16:14  And a certain woman named Lydia, a seller of purple, of the city of Thyatira, which worshipped God, heard us: whose heart the Lord opened, that she attended unto the things which were spoken of Paul.
Hch 16:15  And when she was baptized, and her household, she besought us, saying, If ye have judged me to be faithful to the Lord, come into my house, and abide there. And she constrained us.
Hch 16:16  And it came to pass, as we went to prayer, a certain damsel possessed with a spirit of divination met us, which brought her masters much gain by soothsaying:
Hch 16:17  The same followed Paul and us, and cried, saying, These men are the servants of the most high God, which shew unto us the way of salvation.
Hch 16:18  And this did she many days. But Paul, being grieved, turned and said to the spirit, I command thee in the name of Jesus Christ to come out of her. And he came out the same hour.
Hch 16:19  And when her masters saw that the hope of their gains was gone, they caught Paul and Silas, and drew them into the marketplace unto the rulers,
Hch 16:20  And brought them to the magistrates, saying, These men, being Jews, do exceedingly trouble our city,
Hch 16:21  And teach customs, which are not lawful for us to receive, neither to observe, being Romans.
Hch 16:22  And the multitude rose up together against them: and the magistrates rent off their clothes, and commanded to beat them.
Hch 16:23  And when they had laid many stripes upon them, they cast them into prison, charging the jailor to keep them safely:
Hch 16:24  Who, having received such a charge, thrust them into the inner prison, and made their feet fast in the stocks.
Hch 16:25  And at midnight Paul and Silas prayed, and sang praises unto God: and the prisoners heard them.
Hch 16:26  And suddenly there was a great earthquake, so that the foundations of the prison were shaken: and immediately all the doors were opened, and every one's bands were loosed.
Hch 16:27  And the keeper of the prison awaking out of his sleep, and seeing the prison doors open, he drew out his sword, and would have killed himself, supposing that the prisoners had been fled.
Hch 16:28  But Paul cried with a loud voice, saying, Do thyself no harm: for we are all here.
Hch 16:29  Then he called for a light, and sprang in, and came trembling, and fell down before Paul and Silas,
Hch 16:30  And brought them out, and said, Sirs, what must I do to be saved?
Hch 16:31  And they said, Believe on the Lord Jesus Christ, and thou shalt be saved, and thy house.
Hch 16:32  And they spake unto him the word of the Lord, and to all that were in his house.
Hch 16:33  And he took them the same hour of the night, and washed their stripes; and was baptized, he and all his, straightway.
Hch 16:34  And when he had brought them into his house, he set meat before them, and rejoiced, believing in God with all his house.
Hch 16:35  And when it was day, the magistrates sent the serjeants, saying, Let those men go.
Hch 16:36  And the keeper of the prison told this saying to Paul, The magistrates have sent to let you go: now therefore depart, and go in peace.
Hch 16:37  But Paul said unto them, They have beaten us openly uncondemned, being Romans, and have cast us into prison; and now do they thrust us out privily? nay verily; but let them come themselves and fetch us out.
Hch 16:38  And the serjeants told these words unto the magistrates: and they feared, when they heard that they were Romans.
Hch 16:39  And they came and besought them, and brought them out, and desired them to depart out of the city.
Hch 16:40  And they went out of the prison, and entered into the house of Lydia: and when they had seen the brethren, they comforted them, and departed.

 


 

Hch 16:1  Llegó también a Derbe y Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego.
Hch 16:2  Los hermanos de Listra e Iconio daban de él un buen testimonio.
Hch 16:3  Pablo quiso que se viniera con él. Le tomó y le circuncidó a causa de los judíos que había por aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego.
Hch 16:4  Conforme iban pasando por las ciudades, les iban entregando, para que las observasen, las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén.
Hch 16:5  Las Iglesias, pues, se afianzaban en la fe y crecían en número de día en día.
Hch 16:6  Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo les había impedido predicar la Palabra en Asia.
Hch 16:7  Estando ya cerca de Misia, intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el Espíritu de Jesús.
Hch 16:8  Atravesaron, pues, Misia y bajaron a Tróada.
Hch 16:9  Por la noche Pablo tuvo una visión: Un macedonio estaba de pie suplicándole: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.»
Hch 16:10  En cuanto tuvo la visión, inmediatamente intentamos pasar a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para evangelizarles.
Hch 16:11  Nos embarcamos en Tróada y fuimos derechos a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis;
Hch 16:12  de allí pasamos a Filipos, que es una de las principales ciudades de la demarcación de Macedonia, y colonia. En esta ciudad nos detuvimos algunos días.
Hch 16:13  El sábado salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde suponíamos que habría un sitio para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar a las mujeres que habían concurrido.
Hch 16:14  Una de ellas, llamada Lidia, vendedora de púrpura, natural de la ciudad de Tiatira, y que adoraba a Dios, nos escuchaba. El Señor le abrió el corazón para que se adhiriese a las palabras de Pablo.
Hch 16:15  Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo, suplicó: «Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa.» Y nos obligó a ir.
Hch 16:16  Sucedió que al ir nosotros al lugar de oración, nos vino al encuentro una muchacha esclava poseída de un espíritu adivino, que pronunciando oráculos producía mucho dinero a sus amos.
Hch 16:17  Nos seguía a Pablo y a nosotros gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, que os anuncian un camino de salvación.»
Hch 16:18  Venía haciendo esto durante muchos días. Cansado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella.» Y en el mismo instante salió.
Hch 16:19  Al ver sus amos que se les había ido su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta el ágora, ante los magistrados;
Hch 16:20  los presentaron a los pretores y dijeron: «Estos hombres alborotan nuestra ciudad; son judíos
Hch 16:21  y predican unas costumbres que nosotros, por ser romanos, no podemos aceptar ni practicar.»
Hch 16:22  La gente se amotinó contra ellos; los pretores les hicieron arrancar los vestidos y mandaron azotarles con varas.
Hch 16:23  Después de haberles dado muchos azotes, los echaron a la cárcel y mandaron al carcelero que los guardase con todo cuidado.
Hch 16:24  Este, al recibir tal orden, los metió en el calabozo interior y sujetó sus pies en el cepo.
Hch 16:25  Hacia la media noche Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios; los presos les escuchaban.
Hch 16:26  De repente se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos.
Hch 16:27  Despertó el carcelero y al ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada e iba a matarse, creyendo que los presos habían huido.
Hch 16:28  Pero Pablo le gritó: «No te hagas ningún mal, que estamos todos aquí.»
Hch 16:29  El carcelero pidió luz, entró de un salto y tembloroso se arrojó a los pies de Pablo y Silas,
Hch 16:30  los sacó fuera y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?»
Hch 16:31  Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa.»
Hch 16:32  Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa.
Hch 16:33  En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el bautismo él y todos los suyos.
Hch 16:34  Les hizo entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Dios.
Hch 16:35  Llegado el día, los pretores enviaron a los lictores a decir al carcelero: «Pon en libertad a esos hombres.»
Hch 16:36  El carcelero transmitió estas palabras a Pablo: «Los pretores han enviado a decir que os suelte. Ahora, pues, salid y marchad.»
Hch 16:37  Pero Pablo les contestó: «Después de habernos azotado públicamente sin habernos juzgado, a pesar de ser nosotros ciudadanos romanos, nos echaron a la cárcel; ¿y ahora quieren mandarnos de aquí a escondidas? Eso no; que vengan ellos a sacarnos.»
Hch 16:38  Los lictores transmitieron estas palabras a los pretores. Les entró miedo al oír que eran romanos.
Hch 16:39  Vinieron y les rogaron que saliesen de la ciudad.
Hch 16:40  Al salir de la cárcel se fueron a casa de Lidia, volvieron a ver a los hermanos, los animaron y se marcharon.

 


 

Hch 16:1  Pablo llegó a Derbe y Listra, donde encontró a un creyente llamado Timoteo, [1] hijo de una mujer judía creyente y de padre griego.
Hch 16:2  Los hermanos de Listra y de Iconio hablaban bien de él.
Hch 16:3  Pablo quiso que Timoteo lo acompañara, pero antes lo hizo circuncidar para que no se ofendieran los judíos que vivían en aquellos lugares, y a que todos sabían que el padre de Timoteo era griego.
Hch 16:4  En todos los pueblos por donde pasaban, comunicaron a los hermanos las instrucciones dadas por los apóstoles y los ancianos de la iglesia de Jerusalén. [2]
Hch 16:5  Así que las iglesias se afirmaban en la fe, y el número de creyentes aumentaba cada día.
Hch 16:6  Como el Espíritu Santo no les permitió anunciar el mensaje en la provincia de Asia, atravesaron la región de Frigia y Galacia,
Hch 16:7  y llegaron a la frontera de Misia. De allí pensaban entrar en la región de Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.
Hch 16:8  Así que, pasando de largo por Misia, bajaron al puerto de Tróade.
Hch 16:9  Allí Pablo tuvo de noche una visión; vio a un hombre de la región de Macedonia, que puesto de pie le rogaba: "Pasa a Macedonia y ayúdanos."
Hch 16:10  En cuanto Pablo tuvo esa visión, preparamos el viaje a Macedonia, seguros de que Dios nos estaba llamando para anunciar allí la buena noticia.
Hch 16:11  Nos embarcamos, pues, en Tróade, y fuimos directamente a la isla de Samotracia, y al día siguiente llegamos a Neápolis.
Hch 16:12  De allí fuimos a Filipos, que es una colonia romana y una ciudad muy importante de esa parte de Macedonia. Allí estuvimos algunos días.
Hch 16:13  El sábado salimos a las afueras de la ciudad, junto al río, donde pensamos que había un lugar de oración de los judíos. Nos sentamos y hablamos del evangelio a las mujeres que se habían reunido.
Hch 16:14  Una de ellas se llamaba Lidia; era de la ciudad de Tiatira y vendía telas finas de púrpura. A esta mujer, que adoraba a Dios[3] y que estaba escuchando, el Señor la movió a poner toda su atención en lo que Pablo decía.
Hch 16:15  Fue bautizada, junto con toda su familia, y después nos rogó:
 –Si ustedes juzgan que de veras soy creyente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa.
 y nos obligó a quedarnos.
Hch 16:16  Sucedió una vez, cuando íbamos al lugar de oración, que encontramos a una muchacha poseída por un espíritu de adivinación. Era una esclava que, adivinando, daba a ganar mucho dinero a sus amos.
Hch 16:17  Esta muchacha comenzó a seguirnos a Pablo y a nosotros, gritando:
 –¡Estos hombres son servidores del Dios altísimo, y les anuncian a ustedes el camino de salvación!
Hch 16:18  Esto hizo durante muchos días, hasta que Pablo, y a molesto, terminó por volverse y decirle al espíritu que la poseía:
 –En el nombre de Jesucristo, te ordeno que salgas de ella. En aquel mismo momento el espíritu la dejó.
Hch 16:19  Pero cuando los amos de la muchacha vieron que y a no tenían más esperanza de ganar dinero por medio de ella, agarraron a Pablo y a Silas y los llevaron ante las autoridades, a la plaza principal.
Hch 16:20  Los presentaron a los jueces, diciendo:
 –Estos judíos están alborotando nuestra ciudad,
Hch 16:21  y enseñan costumbres que nosotros no podemos admitir ni practicar, porque somos romanos.
Hch 16:22  Entonces la gente se levantó contra ellos, y los jueces ordenaron que les quitaran la ropa y los azotaran con varas.
Hch 16:23  Después de haberlos azotado mucho, los metieron en la cárcel, y ordenaron al carcelero que los vigilara con el mayor cuidado.
Hch 16:24  Al recibir esta orden, el carcelero los metió en el lugar más profundo de la cárcel y los dejó con los pies sujetos en el cepo.
Hch 16:25  Pero a eso de la medianoche, mientras Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los otros presos estaban escuchando,
Hch 16:26  vino de repente un temblor tan fuerte que sacudió los cimientos de la cárcel. En el mismo momento se abrieron todas las puertas, y a todos los presos se les soltaron las cadenas.
Hch 16:27  Cuando el carcelero despertó y vio que las puertas de la cárcel estaban abiertas, sacó su espada para matarse, pues pensaba que los presos se habían escapado.
Hch 16:28  Pero Pablo le gritó:
 –¡No te hagas ningún daño, que todos estamos aquí!
Hch 16:29  Entonces el carcelero pidió una luz, entró corriendo y , temblando de miedo, se echó a los pies de Pablo y de Silas.
Hch 16:30  Luego los sacó y les preguntó:
 –Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?
Hch 16:31  Ellos contestaron:
 –Cree en el Señor Jesús, y obtendrás la salvación tú y tu familia.
Hch 16:32  y les hablaron del mensaje del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.
Hch 16:33  A esa misma hora de la noche, el carcelero les lavó las heridas, y luego él y toda su familia fueron bautizados.
Hch 16:34  Los llevó después a su casa y les dio de comer, y él y su familia estaban muy contentos por haber creído en Dios.
Hch 16:35  Por la mañana, los jueces mandaron unos guardias al carcelero con orden de soltar a Pablo y a Silas.
Hch 16:36  El carcelero le dijo a Pablo:
 –Los jueces me han ordenado que los suelte a ustedes; así que ya pueden irse tranquilos.
Hch 16:37  Pero Pablo dijo a los guardias:
 –A nosotros, que somos ciudadanos romanos, nos azotaron públicamente sin antes habernos juzgado, y nos metieron en la cárcel; ¿y ahora quieren soltarnos a escondidas? ¡Pues no! Que vengan ellos mismos a sacarnos.
Hch 16:38  Los guardias hicieron saber esto a los jueces, los cuales se asustaron al oír que se trataba de ciudadanos romanos.
Hch 16:39  Fueron, pues, los jueces a disculparse ante Pablo y Silas, y los sacaron y les rogaron que salieran de la ciudad.
Hch 16:40  Al salir de la cárcel, Pablo y Silas se dirigieron a casa de Lidia, y después de ver a los hermanos y animarlos, se fueron de allí. [4]

 


 

Hch 16:1  De modo que llegó a Derbe y también a Listra. Y, ¡mira!, estaba allí cierto discípulo de nombre Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego,
Hch 16:2  y los hermanos de Listra y de Iconio daban buenos informes acerca de él.
Hch 16:3  Pablo expresó el deseo de que este saliera con él, y lo tomó y lo circuncidó a causa de los judíos que había en aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego.
Hch 16:4  Ahora bien, a medida que iban viajando por las ciudades entregaban a los de allí, para que los observaran, los decretos sobre los cuales habían tomado decisión los apóstoles y ancianos que estaban en Jerusalén.
Hch 16:5  Por lo tanto, en realidad, las congregaciones continuaron haciéndose firmes en la fe y aumentando en número de día en día.
Hch 16:6  Además, atravesaron Frigia y el país de Galacia, porque el espíritu santo les había prohibido hablar la palabra en el [distrito de] Asia.
Hch 16:7  Además de eso, al bajar a Misia, se esforzaron por entrar en Bitinia, pero el espíritu de Jesús no se lo permitió.
Hch 16:8  De modo que pasaron por alto a Misia y bajaron a Troas.
Hch 16:9  Y durante la noche le apareció a Pablo una visión: cierto varón macedonio estaba de pie y le suplicaba y decía: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”.
Hch 16:10  Ahora bien, luego que hubo visto la visión, procuramos salir para Macedonia, pues llegamos a la conclusión de que Dios nos había mandado llamar para declararles las buenas nuevas.
Hch 16:11  Por lo tanto, nos hicimos a la mar desde Troas y fuimos con rumbo directo a Samotracia, mas al día siguiente a Neápolis,
Hch 16:12  y de allí a Filipos, una colonia, que es la ciudad principal del distrito de Macedonia. Continuamos en esta ciudad, pasando algunos días.
Hch 16:13  Y el día de sábado salimos fuera de la puerta junto a un río, donde pensábamos que había un lugar de oración; y nos sentamos y empezamos a hablar a las mujeres que se habían congregado.
Hch 16:14  Y cierta mujer por nombre Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira y adoradora de Dios, estaba escuchando, y Jehová le abrió el corazón ampliamente para que prestara atención a las cosas que Pablo estaba hablando.
Hch 16:15  Ahora bien, cuando fueron bautizadas ella y su casa, ella dijo con súplica: “Si ustedes me han juzgado fiel a Jehová, entren en mi casa y quédense”. Y sencillamente nos obligó a aceptar.
Hch 16:16  Y aconteció que, yendo nosotros al lugar de oración, nos encontró cierta sirvienta que tenía un espíritu, un demonio de adivinación. Ella proporcionaba mucha ganancia a sus amos practicando el arte de la predicción.
Hch 16:17  Esta [muchacha] seguía detrás de Pablo y de nosotros y gritaba, usando estas palabras: “Estos hombres son esclavos del Dios Altísimo, los cuales les están publicando el camino de la salvación”.
Hch 16:18  Esto lo siguió haciendo por muchos días. Por fin Pablo se cansó de ello y se volvió y dijo al espíritu: “Te ordeno en el nombre de Jesucristo que salgas de ella”. Y salió en aquella misma hora.
Hch 16:19  Pues bien, cuando sus amos vieron que se les había ido su esperanza de ganancia, se apoderaron de Pablo y de Silas y los arrastraron a los gobernantes en la plaza de mercado,
Hch 16:20  y, conduciéndolos a los magistrados civiles, dijeron: “Estos hombres están turbando muchísimo a nuestra ciudad, judíos como son,
Hch 16:21  y están publicando costumbres que no nos es lícito adoptar ni practicar, puesto que somos romanos”.
Hch 16:22  Y la muchedumbre se levantó a una contra ellos; y los magistrados civiles, habiéndoles arrancado las prendas de vestir exteriores, dieron el mandato de que los golpearan con varas.
Hch 16:23  Después de haberles descargado muchos golpes, los echaron en la prisión, y ordenaron al carcelero que los guardara con seguridad.
Hch 16:24  Porque recibió tal orden, este los echó en la prisión interior y les aseguró los pies en el cepo.
Hch 16:25  Mas como a la mitad de la noche, Pablo y Silas estaban orando y alabando a Dios con canción; sí, los presos los oían.
Hch 16:26  De repente ocurrió un gran terremoto, de modo que se sacudieron los fundamentos de la cárcel. Además, se abrieron al instante todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.
Hch 16:27  El carcelero, despertando del sueño y viendo abiertas las puertas de la prisión, desenvainó su espada y estaba a punto de quitarse la vida, imaginándose que los presos se habían escapado.
Hch 16:28  Pero Pablo clamó con voz fuerte, y dijo: “¡No te hagas ningún daño, porque todos estamos aquí!”.
Hch 16:29  De modo que él pidió luz y entró de un salto y, sobrecogido de temblor, cayó ante Pablo y Silas.
Hch 16:30  Y los sacó fuera y dijo: “Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?”.
Hch 16:31  Ellos dijeron: “Cree en el Señor Jesús y serás salvo, tú y tu casa”.
Hch 16:32  Y le hablaron la palabra de Jehová junto con todos los que estaban en su casa.
Hch 16:33  Y él los tomó consigo en aquella hora de la noche y les lavó las heridas; y todos, él y los suyos, fueron bautizados sin demora.
Hch 16:34  Y los introdujo en su casa y les puso la mesa, y se regocijó mucho con toda su casa ahora que había creído a Dios.
Hch 16:35  Cuando se hizo de día, los magistrados civiles despacharon a los alguaciles a decir: “Pon en libertad a aquellos hombres”.
Hch 16:36  De modo que el carcelero informó sus palabras a Pablo: “Los magistrados civiles han despachado hombres para que ustedes [dos] sean puestos en libertad. Ahora, pues, salgan y sigan su camino en paz”.
Hch 16:37  Pero Pablo les dijo: “Nos fustigaron públicamente sin ser condenados, a nosotros que somos hombres romanos, y nos echaron en la prisión; ¿y ahora nos echan fuera secretamente? ¡No, por cierto!, antes, que vengan ellos mismos y nos saquen”.
Hch 16:38  De modo que los alguaciles informaron estos dichos a los magistrados civiles. Estos tuvieron temor al oír que los hombres eran romanos.
Hch 16:39  Por consiguiente, vinieron y les suplicaron y, después de sacarlos, les solicitaron que partieran de la ciudad.
Hch 16:40  Pero ellos salieron de la prisión y fueron a casa de Lidia, y, cuando vieron a los hermanos, los animaron, y partieron.

 


 

Hch 16:1  Pablo siguió su viaje y llegó a los pueblos de Derbe y de Listra. Allí vivía un joven llamado Timoteo, que era seguidor de Jesús. La madre de Timoteo era una judía cristiana, y su padre era griego.
Hch 16:2  Los miembros de la iglesia en Listra y en Iconio hablaban muy bien de Timoteo.
Hch 16:3  Por eso Pablo quiso que Timoteo lo acompañara en su viaje. Pero como todos los judíos de esos lugares sabían que el padre de Timoteo era griego, Pablo llevó a Timoteo para que lo circuncidaran.
Hch 16:4  Pablo y sus compañeros continuaron el viaje. En todos los pueblos por donde pasaban, informaban a los seguidores de Jesús de lo que se había decidido en Jerusalén.
Hch 16:5  Los miembros de las iglesias de todos esos lugares confiaban cada vez más en Jesús, y cada día más y más personas se unían a ellos.
Hch 16:6  Pablo y sus compañeros intentaron anunciar el mensaje de Dios en la provincia de Asia, pero el Espíritu Santo no se lo permitió. Entonces viajaron por la región de Frigia y Galacia,
Hch 16:7  y llegaron a la frontera con la región de Misia. Luego intentaron pasar a la región de Bitinia, pero el Espíritu de Jesús tampoco les permitió hacerlo.
Hch 16:8  Entonces siguieron su viaje por la región de Misia, y llegaron al puerto de Tróade.
Hch 16:9  Al caer la noche, Pablo tuvo allí una visión. Vio a un hombre de la región de Macedonia, que le rogaba: «¡Por favor, venga usted a Macedonia y ayúdenos!»
Hch 16:10  Cuando Pablo vio eso, todos nos preparamos de inmediato para viajar a la región de Macedonia. Estábamos seguros de que Dios nos ordenaba ir a ese lugar, para anunciar las buenas noticias a la gente que allí vivía.
Hch 16:11  Salimos de Tróade en barco, y fuimos directamente a la isla de Samotracia. Al día siguiente, fuimos al puerto de Neápolis,
Hch 16:12  y de allí a la ciudad de Filipos. Esta era la ciudad más importante de la región de Macedonia, y también una colonia de Roma. En Filipos nos quedamos durante algunos días.
Hch 16:13  Un sábado, fuimos a la orilla del río, en las afueras de la ciudad. Pensábamos que por allí se reunían los judíos para orar. Al llegar, nos sentamos y hablamos con las mujeres que se reunían en el lugar.
Hch 16:14  Una de las que nos escuchaba se llamaba Lidia. Era de la ciudad de Tiatira, vendía telas muy finas de color púrpura, y honraba a Dios. El Señor hizo que Lidia pusiera mucha atención a Pablo,
Hch 16:15  y cuando ella y toda su familia fueron bautizados, nos invitó con mucha insistencia a quedarnos en su casa, y así lo hicimos.
Hch 16:16  Un día, íbamos con Pablo al lugar de oración, y en el camino nos encontramos a una esclava. Esta muchacha tenía un espíritu que le daba poder para anunciar lo que iba a suceder en el futuro. De esa manera, los dueños de la muchacha ganaban mucho dinero.
Hch 16:17  La muchacha nos seguía y le gritaba a la gente: «¡Estos hombres trabajan para el Dios Altísimo, y han venido a decirles que Dios puede salvarlos!»
Hch 16:18  La muchacha hizo eso durante varios días, hasta que Pablo no aguantó más y, muy enojado, le dijo al espíritu: «¡En el nombre de Jesucristo, te ordeno que salgas de esta muchacha!» Al instante, el espíritu salió de ella.
Hch 16:19  Pero los dueños de la muchacha, al ver que se les había acabado la oportunidad de ganar más dinero, llevaron a Pablo y a Silas ante las autoridades, en la plaza principal.
Hch 16:20  Allí les dijeron a los jueces: «Estos judíos están causando problemas en nuestra ciudad.
Hch 16:21  Enseñan costumbres que nosotros, los romanos, no podemos aceptar ni seguir.»
Hch 16:22  También la gente comenzó a atacar a Pablo y a Silas. Los jueces ordenaron que les quitaran la ropa y los golpearan en la espalda.
Hch 16:23  Después de golpearlos bastante, los soldados los metieron en la cárcel y le ordenaron al carcelero que los vigilara muy bien.
Hch 16:24  El carcelero los puso en la parte más escondida de la prisión, y les sujetó los pies con unas piezas de madera grandes y pesadas.
Hch 16:25  Cerca de la media noche, Pablo y Silas oraban y cantaban alabanzas a Dios, mientras los otros prisioneros escuchaban.
Hch 16:26  De repente, un fuerte temblor sacudió con violencia las paredes y los cimientos de la cárcel. En ese mismo instante, todas las puertas de la cárcel se abrieron y las cadenas de los prisioneros se soltaron.
Hch 16:27  Cuando el carcelero despertó y vio las puertas abiertas, pensó que los prisioneros se habían escapado. Sacó entonces su espada para matarse,
Hch 16:28  pero Pablo le gritó: «¡No te mates! Todos estamos aquí.»
Hch 16:29  El carcelero pidió que le trajeran una lámpara, y entró corriendo en la cárcel. Cuando llegó junto a Pablo y Silas, se arrodilló temblando de miedo,
Hch 16:30  luego sacó de la cárcel a los dos y les preguntó: —Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?
Hch 16:31  Ellos le respondieron: —Cree en el Señor Jesús, y tú y tu familia se salvarán.
Hch 16:32  Pablo y Silas compartieron el mensaje del Señor con el carcelero y con todos los que estaban en su casa.
Hch 16:33  Después, cuando todavía era de noche, el carcelero llevó a Pablo y a Silas a otro lugar y les lavó las heridas. Luego, Pablo y Silas bautizaron al carcelero y a toda su familia.
Hch 16:34  El carcelero los llevó de nuevo a su casa, y les dio de comer. Él y su familia estaban muy felices de haber creído en Dios.
Hch 16:35  Por la mañana, los jueces enviaron unos guardias a decirle al carcelero que dejara libres a Pablo y a Silas.
Hch 16:36  El carcelero le dijo a Pablo: «Ya pueden irse tranquilos, pues los jueces me ordenaron dejarlos en libertad.»
Hch 16:37  Pero Pablo les dijo a los guardias: «Nosotros somos ciudadanos romanos. Los jueces ordenaron que nos golpearan delante de toda la gente de la ciudad, y nos pusieron en la cárcel, sin averiguar primero si éramos culpables o inocentes. ¿Y ahora quieren dejarnos ir sin que digamos nada, y sin que nadie se dé cuenta? ¡Pues no! No nos iremos; ¡que vengan ellos mismos a sacarnos!»
Hch 16:38  Los guardias fueron y les contaron todo eso a los jueces. Al oír los jueces que Pablo y Silas eran ciudadanos romanos, se asustaron mucho.
Hch 16:39  Entonces fueron a disculparse con ellos, los sacaron de la cárcel y les pidieron que salieran de la ciudad.
Hch 16:40  En cuanto Pablo y Silas salieron de la cárcel, se fueron a la casa de Lidia. Allí vieron a los miembros de la iglesia y los animaron a seguir confiando en Jesús. Luego, Pablo y Silas se fueron de la ciudad.

 


 

Hch 16:1  Shaúl descendió y prosiguió a Listra donde vivía un talmid llamado Timoteo. El era hijo de una mujer Judía que había llegado a confiar y su padre era Griego.
Hch 16:2  Todos los hermanos en Listra e Iconio hablaban bien de Timoteo.
Hch 16:3  Shaúl quería que Timoteo le acompañara, así que le hizo la brit-milah[106] por causa de los Judíos que vivían en esos lugares; porque todos ellos sabían que su padre era Griego.
Hch 16:4  De modo que al pasar por los pueblos, le entregaron a la gente las decisiones hechas por los emisarios y los ancianos en Yerushalayim, para que ellos las observaran.
Hch 16:5  Y así, las Asambleas eran fortalecidas en la fe y aumentaban en número día a día.
Hch 16:6  Viajaron por la región de Frigia y Galut-Yah, porque habían sido impedidos por el Ruaj HaKodesh hablar el mensaje en la provincia de Asia.[107]
Hch 16:7  Cuando llegaron a la frontera de Misia, trataron de ir a Bitinia; pero el Ruaj de Yahshúa no los dejó.
Hch 16:8  Así que, después de pasar Misia, fueron a Troas.
Hch 16:9  Allí en la noche apareció una visión a Shaúl. Un hombre de Macedonia estaba de pie suplicándole: "¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!
Hch 16:10  Tan pronto como vio la visión, no perdimos tiempo en alistarnos para ir a Macedonia, pues concluimos que YAHWEH nos había llamado para proclamarles las Buenas Noticias.
Hch 16:11  Zarpando de Troas, fuimos con rumbo directo a Samotracia; al día siguiente fuimos a Neápolis;
Hch 16:12  y de allí fuimos a Filipos, una colonia Romana y la ciudad principal de esa parte de Macedonia. Pasamos unos días en esta ciudad;
Hch 16:13  entonces, en Shabbat, fuimos fuera de la puerta a la orilla del río, donde entendíamos que una minyan se reunía. Nos sentamos, y comenzamos a hablarles a las mujeres que se habían reunido allí.[108]
Hch 16:14  Una de las oyentes llamada Lidia, era una mujer de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura. Ella ya era temerosa de YAHWEH; y El le abrió su corazón para responder a lo que Shaúl estaba diciendo.
Hch 16:15  Después que ella y los miembro s de su casa fueron sumergidos, nos dio esta invitación: "Si ustedes me consideran llena de fe con YAHWEH, vengan y quédense en mi casa." Y ella insistió hasta que fuimos.
Hch 16:16  En una ocasión, cuando íbamos al lugar donde se reunía la minyan, nos salió al encuentro una muchacha esclava que tenía en ella un ruaj de serpiente, el cual le permitía predecir el futuro. Ella ganaba mucho dinero para sus dueños adivinando.
Hch 16:17  Esta muchacha seguía detrás de Shaúl y del resto de nosotros y constantemente gritaba: "¡Estos hombres son siervos de Elohim Ha Elyon! ¡Ellos les están anunciando como salvarse!"
Hch 16:18  Ella hacía esto día a día y lo hizo por mucho tiempo, hasta que Shaúl, muy molesto, se volvió y le dijo al ruaj: "¡En El Nombre de Yahshúa Ha Mashíaj, te ordeno que salgas de ella!" Y el ruaj salió de ella en ese mismo momento.
Hch 16:19  Pero cuando los dueños de ella vieron que con lo que había sucedido ya no tenían más esperanzas de ganancia por medio de ella, agarraron a Shaúl y a Sila, y los arrastraron hasta la plaza del mercado, para llevarlos ante las autoridades.
Hch 16:20  Presentándolos a los jueces, dijeron: "Estos hombres están causando muchos problemas en nuestra ciudad, puesto que son Judíos.
Hch 16:21  Lo que están haciendo es propugnando costumbres que son contra la ley,[109] para que nosotros las aceptemos o practiquemos, pues somos Romanos."[110]
Hch 16:22  La multitud se unió en un ataque contra ellos; y los jueces rasgando sus ropas, ordenaron que fueran azotados.
Hch 16:23  Después de haberles dado una severa golpiza, los echaron en la prisión, ordenando al carcelero que los guardara con mucha seguridad.
Hch 16:24  Al recibir esta orden, los echó en una celda interna, y les aseguró los pies en el cepo.
Hch 16:25  Alrededor de la media noche, Shaúl y Sila estaban orando y cantando himnos a YAHWEH, mientras los otros prisioneros escuchaban atentamente.
Hch 16:26  De repente hubo un terremoto violento que sacudió la prisión hasta los cimientos. Todas las puertas se abrieron de par en par, y las cadenas de todos se soltaron.
Hch 16:27  El carcelero se despertó, y cuando vio las puertas abiertas desenvainó su espada y estaba a punto de matarse, pues asumió que los prisioneros habían escapado.
Hch 16:28  Pero Shaúl gritó: "¡No te hagas daño! ¡Todos estamos aquí!"
Hch 16:29  El carcelero, después de pedir que le trajeran luz,[111] entró corriendo, se estremeció de miedo y cayó al suelo entre Shaúl y Sila.
Hch 16:30  Entonces, llevándoles afuera, dijo: "Hombres, ¿qué debo hacer para ser salvo?"
Hch 16:31  Ellos dijeron: "¡Confía en el Adón Yahshúa, y serás salvo, tú y toda tu casa!"[112]
Hch 16:32  Después de lo cual, ellos le hablaron a él y a toda su casa el mensaje acerca del Adón.
Hch 16:33  Entonces, aún a esas altas horas de la noche, el carcelero los llevó, lavó sus heridas y sin demora él y su gente fueron sumergidos.
Hch 16:34  Después de esto los llevó a su casa, y puso comida delante de ellos; y él y toda su casa celebraron el hecho de que habían venido a confiar en YAHWEH.
Hch 16:35  A la mañana siguiente, los jueces enviaron oficiales de la policía con la orden: "Suelta a esos hombres."
Hch 16:36  El carcelero le dijo a Shaúl: "Los jueces han dado órdenes de soltarles a los dos. Así que salgan y vayan por su camino en Shalom."
Hch 16:37  Pero Shaúl le dijo a los oficiales: "Después de azotarnos en público cuando no habíamos sido hallados culpables de ningún crimen y siendo ciudadanos Romanos, nos echaron en prisión. Y ahora, ¿quieren deshacerse de nosotros en secreto? ¡O, no! ¡Que vengan ellos mismos a escoltarnos afuera!"
Hch 16:38  Los oficiales reportaron estas palabras a los jueces, y tuvieron miedo cuand o oyeron que Shaúl y Sila eran ciudadanos Romanos.
Hch 16:39  Ellos vinieron y les pidieron disculpas; entonces después de escoltarlo s fuera, les pidieron que dejaran la ciudad.
Hch 16:40  De la prisión fueron llevados a casa de Lidia, y después de ver y alentar a los he rmanos se fueron.

 


 

Hch 16:1  Pablo fue a las ciudades de Derbe y Listra. Un seguidor llamado Timoteo vivía allí. La mamá era judía creyente pero el papá era griego.
Hch 16:2  Los creyentes de Listra e Iconio respetaban y hablaban bien de Timoteo.
Hch 16:3  "Pablo quería que Timoteo viajara con él, pero todos los judíos en esa región sabían que el padre de Timoteo era griego. Entonces Pablo hizo que Timoteo se circuncidara para evitar problemas con los judíos."
Hch 16:4  "Pablo y los que iban con él, recorrían las ciudades informándoles a los creyentes sobre las decisiones tomadas por los apóstoles y los ancianos líderes de Jerusalén, para que las obedecieran."
Hch 16:5  De manera que los grupos de creyentes se fortalecían en la fe y crecían cada día.
Hch 16:6  "Como el Espíritu Santo no los dejó anunciar las buenas noticias en Asia, Pablo y los que estaban con él viajaron por las regiones de Frigia y Galacia."
Hch 16:7  "Cuando llegaron a la frontera de Misia, trataron de entrar a la región de Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no los dejó."
Hch 16:8  Por esta razón pasaron de largo a Misia y llegaron a Troas.
Hch 16:9  "Esa noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia estaba de pie rogándole: ""Pasa a Macedonia y ayúdanos""."
Hch 16:10  "Después de que Pablo tuvo la visión, nos preparamos en seguida para irnos a Macedonia. Teníamos la seguridad de que Dios nos llamaba a anunciar las buenas noticias a aquella gente."
Hch 16:11  Salimos de Troas en barco y nos dirigimos directamente a la isla de Samotracia. Al día siguiente nos embarcamos para Neápolis y
Hch 16:12  "de allí fuimos a Filipo, una colonia romana y ciudad importante de esa parte de Macedonia. Allí nos quedamos algunos días."
Hch 16:13  En el día de descanso fuimos al río por la puerta de la ciudad porque pensamos que junto al río podríamos encontrar un lugar de oración de los judíos. Algunas mujeres estaban reunidas allí y nos sentamos a hablar con ellas.
Hch 16:14  "Una de ellas se llamaba Lidia, era de la ciudad de Tiatira y vendía tela de púrpura. Ella alababa al Dios verdadero y nos estaba escuchando. El Señor abrió su corazón para que pusiera atención a lo que Pablo decía."
Hch 16:15  "Entonces ella y todos los de su casa se bautizaron. Luego ella nos invitó a su casa: ""Si ustedes piensan que yo soy una verdadera creyente del Señor Jesús, entonces vengan a quedarse en mi casa"". Ella nos convenció y nos quedamos en su casa."
Hch 16:16  "Una vez, mientras íbamos al lugar de oración, una esclava nos salió al encuentro. Tenía un espíritu de adivinación que le daba el poder de decir lo que iba a pasar en el futuro. Haciendo eso, había ganado mucho dinero para sus dueños."
Hch 16:17  "Ella nos seguía a nosotros y a Pablo, gritando: -¡Estos hombres son siervos del Dios Altísimo! ¡Les están diciendo cómo se pueden salvar!"
Hch 16:18  "Ella hizo eso por muchos días, hasta que Pablo se molestó tanto que se dio vuelta y le dijo al espíritu: -¡Por el poder de Jesucristo, te ordeno que salgas de ella! De inmediato, el espíritu salió de ella."
Hch 16:19  "Al ver los dueños de la esclava que no la podían seguir utilizando para ganar más dinero, agarraron a Pablo y a Silas y los llevaron a las autoridades en la plaza principal de la ciudad."
Hch 16:20  "Cuando los presentaron ante las autoridades, les dijeron: -Estos judíos están alborotando nuestra ciudad."
Hch 16:21  "Están enseñando costumbres que nosotros, como ciudadanos romanos, no podemos aceptar ni practicar."
Hch 16:22  La multitud se unió en contra de Pablo y Silas. Las autoridades rasgaron las ropas de Pablo y Silas y ordenaron que los azotaran.
Hch 16:23  "Después de azotarlos mucho, las autoridades los echaron a la cárcel y le dijeron al carcelero que los vigilara muy bien."
Hch 16:24  "El carcelero, al escuchar la orden, los llevó bien adentro de la cárcel y les aseguró los pies entre grandes bloques de madera."
Hch 16:25  "A la media noche, Pablo y Silas estaban orando y cantando canciones a Dios, y los otros prisioneros los escuchaban."
Hch 16:26  "De pronto, hubo un temblor de tierra muy grande, tan fuerte que los cimientos de la cárcel temblaron con fuerza. Entonces todas las puertas de la cárcel se abrieron y las cadenas de los presos se soltaron."
Hch 16:27  "El carcelero se despertó y vio que las puertas de la cárcel estaban abiertas. Pensó que los prisioneros se habían escapado y tomó su espada para quitarse la vida,"
Hch 16:28  pero Pablo le gritó: -¡No te hagas daño! ¡Todos estamos aquí!
Hch 16:29  "El carcelero le dijo a alguien que trajera luz, corrió adentro y temblando de miedo cayó delante de Pablo y Silas."
Hch 16:30  Entonces los llevó afuera y les dijo: -¿Qué debo hacer para ser salvo?
Hch 16:31  Le respondieron: -Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y todos los de tu casa.
Hch 16:32  Pablo y Silas le anunciaron el mensaje del Señor al carcelero y a todos los de su casa.
Hch 16:33  "A esas horas de la noche, el carcelero se fue con ellos y lavó las heridas de Pablo y Silas. Inmediatamente fueron bautizados él y todos los de su casa."
Hch 16:34  "Después de esto, el carcelero llevó a su casa a Pablo y a Silas y les dio de comer. Él y toda su familia festejaron porque ahora creían en Dios."
Hch 16:35  "Temprano en la mañana, las autoridades enviaron unos guardias a decirle al carcelero que soltara a esos hombres."
Hch 16:36  El carcelero le dijo a Pablo: -Las autoridades han ordenado su libertad. Así que salgan ahora y váyanse en paz.
Hch 16:37  "Pero Pablo les dijo a los guardias: -Las autoridades ordenaron que nos azotaran públicamente sin haber comprobado que hayamos cometido algún delito. Aunque somos ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel y ahora quieren que nos vayamos sin decir nada. ¡Nada de eso! Que vengan ellos mismos a sacarnos."
Hch 16:38  "Los guardias informaron a las autoridades lo que Pablo había dicho. Cuando las autoridades se enteraron de que Pablo y Silas eran ciudadanos romanos, tuvieron miedo."
Hch 16:39  "Así que fueron a hablar con Pablo y Silas, les ofrecieron disculpas, los sacaron de la cárcel y les pidieron que se fueran de la ciudad."
Hch 16:40  "Cuando Pablo y Silas salieron de la cárcel fueron a la casa de Lidia, donde vieron a los creyentes y les dieron mucho ánimo. Luego Pablo y Silas partieron de allí."

 


 
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