Biblia Adventista - Biblia de Estudio
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 BibliadeEstudioAdventistaHechos de los A: 05.BibliadeEstudioAdventista

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Hch 5:1  Y un cierto varón, Ananías por nombre, con Safira su mujer, vendió una posesión;
Hch 5:2  y defraudó del precio, consabidora también la mujer; y, trayendo, cierta parte a los pies de los apóstoles puso.
Hch 5:3  Y dijo Pedro: «Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu, el Santo, y defraudases del precio del campo?
Hch 5:4  ¿Acaso quedando(a)  no te quedaba; y lo vendido en tu poder estaba? ¿Qué(b) , que pusiste en tu corazón cosa tal? No has mentido a hombres, sino a Dios».
Hch 5:5  Y oyendo Ananías estas palabras, cayendo, expiró. Y sobrevino temor grande a todos los que oyeron;
Hch 5:6  y, levantándose los jóvenes, envolviéronle, y, fuera llevando sepultaron.
Hch 5:7  Y hubo como de horas tres intervalo; y la mujer de él, no sabiendo lo acontecido, entró.
Hch 5:8  Respondió a ella Pedro: «Dime ¿si en tanto el campo habéis vendido?» Y ella dijo: «Sí; en tanto».
Hch 5:9  Y Pedro a ella: «¿Qué, os habéis concertado a tentar al Espíritu del Señor? He aquí los pies de los que han enterrado a tu marido; ¡a la puerta! y fuera llevaránte».
Hch 5:10  Y cayó al punto a los pies de él y expiró; y entrando los jovencillos, halláronla muerta y, fuera llevando, sepultáronla con su marido.
Hch 5:11  Y sobrevino temor grande a toda la Iglesia y a todos los que oyeron esto.
Hch 5:12  Y por las manos de los apóstoles hacíanse señales y prodigios muchos en el pueblo. Y estaban unánimes todos en el pórtico de Salomón;
Hch 5:13  y de los demás(c)  nadie se atrevía a juntarse a ellos, y magnificábales el pueblo,
Hch 5:14  (y más agregábanse los creyentes al Señor: muchedumbre, y de hombres y de mujeres);
Hch 5:15  hasta también a las calles fuera llevar los enfermos y poner en camillas y literas, para que, viniendo Pedro, al menos la sombra sombrease a alguno de ellos y fuesen libres de sus enfermedades.
Hch 5:16  Y concurría también la muchedumbre de las ciudades circunvecinas de Jerusalén, trayendo enfermos y perturbados de espíritus inmundos; los cuales eran curados todos.
Hch 5:17  Y levantándose el sumo sacerdote y todos los con él (la que es la secta de los saduceos), llenáronse de celo,
Hch 5:18  y echaron las manos sobre los apóstoles y pusiéronles en custodia pública.
Hch 5:19  Pero un ángel del Señor, durante la noche, abrió las puertas de la custodia, y, sacándoles, dijo:
Hch 5:20  «Id, y, parándoos, hablad en el santuario al pueblo todas las palabras de esta vida(d) ».
Hch 5:21  Y, oyendo, entraron al alba en el santuario; y enseñaban. Y llegando el sumo sacerdote y los con él, convocaron el sanedrín y toda la ancianidad de los hijos de Israel; y enviaron a la prisión a que se les trajese.
Hch 5:22  Pero los llegados servidores no les hallaron en la custodia; y, retornando, anunciaron;
Hch 5:23  diciendo: que «la prisión hemos hallado cerrada en toda seguridad y los custodios parados a las puertas; pero, abriendo, dentro a nadie hemos hallado».
Hch 5:24  Y como oyeron estas palabras y el estratego del santuario y los sumos sacerdotes, confundíanse acerca de ello: cómo hubiese acontecido esto.
Hch 5:25  Pero, llegando alguien, anuncióles: que «he aquí los varones que pusisteis en la custodia, están en el santuario parados y enseñando al pueblo».
Hch 5:26  Entonces, retirándose el estratego con los servidores y llevóles, no por fuerza (pues temían al pueblo: que no se les lapidara);
Hch 5:27  y, llevándoles, pusieron en el sanedrín. Y preguntóles el sumo sacerdote,
Hch 5:28  diciendo: «Con intimación intimádoos hemos no enseñar en este nombre, y he aquí tenéis llena a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis imputarnos la sangre de este hombre».
Hch 5:29  Y, respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: «Someterse hay a Dios más que a los hombres.
Hch 5:30  El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros echasteis mano, suspendiendo sobre leño.
Hch 5:31  A éste, Dios a fundador y salvador ha exaltado con su diestra, a dar arrepentimiento a Israel y remisión de pecados.
Hch 5:32  Y nosotros con él, testigos de estas palabras(e) , y el Espíritu, el Santo, que ha dado Dios a los que se someten a él».
Hch 5:33  Y ellos, oyendo, aserrados por medio(f)  eran y querían arrebatarles.
Hch 5:34  Pero, levantándose uno en el sanedrín: un fariseo, por nombre Gamaliel, maestro de la ley, honorable a todo el pueblo, mandó un poco los hombres echar fuera;
Hch 5:35  y dijo a ellos: «Varones israelitas, atended a vosotros acerca de estos hombres: qué habéis de hacer.
Hch 5:36  Pues, antes de estos días, levantóse Teudás, diciendo ser alguno(g)  él; a quien se inclinó de varones un número, como cuatrocientos; el cual arrebatado fue; y todos cuantos le obedecían, fueron disipados y convertidos en nada.
Hch 5:37  Después de éste, levantóse Judas, el galileo, en los días del empadronamiento; y apartó pueblo tras sí; también aquél pereció; y todos cuantos le obedecían, fueron dispersados.
Hch 5:38  Y, cuanto a ahora, dígoos: apartaos de estos hombres y dejadlos; porque, si fuere de hombres esta voluntad o esta obra, se deshará;
Hch 5:39  mas si de Dios es, no podréis deshacerles; no sea que también teómacos(h)  se os halle».
Hch 5:40  Y obedeciéronle, y llamando a sí los apóstoles, flagelando, intimaron no hablar en el nombre de Jesús; y soltáronles.
Hch 5:41  Y ellos ciertamente fuéronse; gozando, de faz del sanedrín; porque se les dignó, por el nombre de Jesús, de ser deshonrados;
Hch 5:42  y todo el día, en el santuario y en casa, no cesaban, enseñando y evangelizando a Cristo Jesús.

 


 

Hch 5:1  Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira, su mujer, vendió una posesión
Hch 5:2  y retuvo una parte del precio, siendo sabedora de ello también la mujer, y llevó el resto a depositarlo a los pies de los apóstoles.
Hch 5:3  Díjole Pedro: Ananías, ¿por qué se ha apoderado Satanás de tu corazón, moviéndote a engañar al Espíritu Santo, reteniendo una parte del precio del campo?
Hch 5:4  ¿Acaso sin venderlo no lo tenías para ti, y vendido no quedaba a tu disposición el precio? ¿Por qué has hecho tal cosa? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
Hch 5:5  Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Se apoderó de cuantos lo supieron un temor grande.
Hch 5:6  Luego se levantaron los jóvenes y envolviéndole le llevaron y le dieron sepultura.
Hch 5:7  Pasadas como tres horas entró la mujer, ignorante de lo sucedido,
Hch 5:8  y Pedro le dirigió la palabra: Dime si habéis vendido en tanto el campo. Dijo ella: Sí, en tanto;"
Hch 5:9  y Pedro a ella: ¿Por qué os habéis concertado en tentar al Espíritu Santo ? Mira, los pies de los que han sepultado a tu marido están ya a la puerta, y ésos te llevarán a ti.
Hch 5:10  Cayó al instante a sus pies y expiró. Entrando los jóvenes, la hallaron muerta y la sacaron, dándole sepultura con su marido.
Hch 5:11  Gran temor se apoderó de toda la iglesia y de cuantos oían tales cosas.
Hch 5:12  Eran muchos los milagros y prodigios que se realizaban en el pueblo por mano de los apóstoles. Estando todos reunidos en el pórtico de Salomón,
Hch 5:13  nadie de los otros se atrevía a unirse a ellos, pero el pueblo los tenía en gran estima.
Hch 5:14  Crecían más y más los creyentes, en gran muchedumbre de hombres y mujeres,
Hch 5:15  hasta el punto de sacar a las calles los enfermos y ponerlos en los lechos y camillas, para que, llegando Pedro, siquiera su sombra los cubriese;"
Hch 5:16  y la muchedumbre concurría de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados por los espíritus impuros, y todos eran curados.
Hch 5:17  Con esto levantándose el sumo sacerdote y todos los suyos, de la secta de los saduceos, llenos de envidia,
Hch 5:18  echaron mano a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública.
Hch 5:19  Pero el ángel del Señor les abrió de noche las puertas de la prisión, y sacándolos les dijo:
Hch 5:20  Id, presentaos en el templo y predicad al pueblo todas estas palabras de vida.
Hch 5:21  Ellos obedecieron; y entrando al amanecer en el templo, enseñaban. Entretanto, llegado el sumo sacerdote con los suyos, convocó el sanedrín, es decir, todo el senado de los hijos de Israel, y enviaron a la prisión para que se los llevasen."
Hch 5:22  Llegados los alguaciles, no los hallaron en la prisión. Volvieron y se lo hicieron saber,
Hch 5:23  diciendo: La prisión estaba cerrada y bien asegurada y los guardias en sus puertas; pero abriendo, no encontramos dentro a nadie."
Hch 5:24  Cuando el oficial del templo y los pontífices oyeron tales palabras, se quedaron sorprendidos, pensando qué habría sido de ellos.
Hch 5:25  En esto llegó uno que les comunicó: Los hombres esos que habéis metido en la prisión están en el templo enseñando al pueblo.
Hch 5:26  Entonces fue el oficial con sus alguaciles y los condujo, pero sin hacerles fuerza, porque temían que el pueblo los apedrease.
Hch 5:27  Conducidos, los presentó en medio del sanedrín. Dirigiéndoles la palabra el sumo sacerdote, les dijo:
Hch 5:28  Solemnemente os hemos ordenado que no enseñaseis sobre este nombre, y habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina y queréis traer sobre nosotros la sangre de ese hombre.
Hch 5:29  Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: “Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres.
Hch 5:30  El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros habéis dado muerte suspendiéndole de un madero.
Hch 5:31  Pues a ése le ha levantado Dios a su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel penitencia y la remisión de los pecados.
Hch 5:32  Nosotros somos testigos de esto, y lo es también el Espíritu Santo que Dios otorgó a los que le obedecen.”
Hch 5:33  Oyendo esto, rabiaban de ira y trataban de quitarlos de delante.
Hch 5:34  Pero levantándose en el sanedrín un fariseo, de nombre Gamaliel, doctor de la Ley, muy estimado de todo el pueblo, mandó sacar a los apóstoles por un momento y dijo:
Hch 5:35  “Varones israelitas, mirad bien lo que vais a hacer con estos hombres.
Hch 5:36  Días pasados se levantó Teudas, diciendo que él era alguien, y se le allegaron como unos cuatrocientos hombres. Fue muerto, y todos cuantos le seguían se disolvieron, quedando reducidos a nada.
Hch 5:37  Después se levantó Judas el Galileo, en los días del empadronamiento, y arrastró al pueblo en pos de sí; mas pereciendo él también, cuantos le seguían se dispersaron."
Hch 5:38  Ahora os digo: Dejad a estos hombres, dejadlos; porque si esto es consejo u obra de hombres, se disolverá;"
Hch 5:39  pero si viene de Dios, no podréis disolverlo, y quizá algún día os halléis con que habéis hecho la guerra a Dios.” Se dejaron persuadir;"
Hch 5:40  e introduciendo luego a los apóstoles, después de azotados, les conminaron que no hablasen en el nombre de Jesús y los despidieron.
Hch 5:41  Ellos se fueron contentos de la presencia del sanedrín, porque habían sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús:
Hch 5:42  y en el templo y en las casas no cesaban todo el día de enseñar y anunciar a Cristo Jesús.

 


 

Hch 5:1  Algo muy diferente pasó con un hombre llamado Ananías. Este hombre y su esposa, que se llamaba Safira, se pusieron de acuerdo y vendieron un terreno,
Hch 5:2  pero se quedaron con parte del dinero de la venta. El resto se lo entregaron a los apóstoles.
Hch 5:3  Entonces Pedro le dijo a Ananías: —¿Por qué le hiciste caso a Satanás? Creíste que podrías engañar al Espíritu Santo, y te quedaste con parte del dinero.
Hch 5:4  Antes de vender el terreno, era todo tuyo y de tu esposa. Y cuando lo vendiste, todo el dinero también era de ustedes. ¿Por qué lo hiciste? No nos has mentido a nosotros, sino a Dios.
Hch 5:5  Al oír esto, Ananías cayó muerto allí mismo. Entonces unos muchachos envolvieron el cuerpo de Ananías y lo llevaron a enterrar. Y todos los que estaban en ese lugar sintieron mucho miedo.
Hch 5:7  Como tres horas más tarde llegó Safira, sin saber lo que había pasado.
Hch 5:8  Entonces Pedro le preguntó: —Dime, ¿vendieron ustedes el terreno en este precio? —Así es —respondió ella—. Ese fue el precio. Entonces Pedro le dijo:
Hch 5:9  —¿Por qué se pusieron de acuerdo para engañar al Espíritu del Señor? Mira, ahí vienen los muchachos que acaban de enterrar a tu esposo, y ellos mismos te enterrarán a ti.
Hch 5:10  Al instante, Safira cayó muerta, así que los muchachos entraron y se la llevaron para enterrarla junto a su esposo.
Hch 5:11  Todos los que pertenecían a la iglesia, y todos los que se enteraron de lo sucedido, sintieron mucho miedo.
Hch 5:12  Por medio de los apóstoles, Dios seguía haciendo milagros y señales maravillosas entre la gente. Todos los días, los seguidores de Jesús se reunían en el Portón de Salomón,
Hch 5:13  y aunque los que no eran del grupo no se atrevían a acercarse, todo el mundo los respetaba y hablaba bien de ellos.
Hch 5:14  Cada día se agregaban al grupo más hombres y mujeres que creían en Jesús.
Hch 5:15  La gente sacaba a los enfermos en camas y en camillas, y los ponía en las calles por donde Pedro iba a pasar, con la esperanza de que por lo menos su sombra cayera sobre alguno y lo sanara.
Hch 5:16  Mucha gente de los pueblos cercanos a Jerusalén también llevaba enfermos y gente con espíritus malos, y todos eran sanados.
Hch 5:17  El jefe de los sacerdotes y todos los saduceos que lo acompañaban sintieron mucha envidia de los apóstoles.
Hch 5:18  Por eso mandaron que los arrestaran y los pusieran en la cárcel de la ciudad.
Hch 5:19  Pero en la noche un ángel del Señor se les apareció, abrió las puertas de la cárcel, y los liberó. Luego les dijo:
Hch 5:20  «Vayan al templo y compartan con la gente el mensaje de salvación.»
Hch 5:21  Ya estaba por amanecer cuando los apóstoles llegaron frente al templo y empezaron a hablarle a la gente. Mientras tanto, el jefe de los sacerdotes y sus ayudantes reunieron a toda la Junta Suprema y a los líderes del pueblo. Después mandaron traer a los apóstoles,
Hch 5:22  pero los guardias llegaron a la cárcel y no los encontraron. Así que regresaron y dijeron:
Hch 5:23  «La cárcel estaba bien cerrada, y los soldados vigilaban las entradas, pero cuando abrimos la celda no encontramos a nadie.»
Hch 5:24  Cuando el jefe de los guardias del templo y los sacerdotes principales oyeron eso, no sabían qué pensar, y ni siquiera podían imaginarse lo que había sucedido.
Hch 5:25  De pronto, llegó alguien y dijo: «¡Los hombres que ustedes encerraron en la cárcel están frente al templo, hablándole a la gente!»
Hch 5:26  Entonces el jefe de los guardias y sus ayudantes fueron y arrestaron de nuevo a los apóstoles; pero no los maltrataron, porque tenían miedo de que la gente se enojara y los apedreara.
Hch 5:27  Cuando llegaron ante la Junta Suprema, el jefe de los sacerdotes les dijo:
Hch 5:28  —Ya les habíamos advertido que no enseñaran más acerca de ese hombre Jesús, pero no nos obedecieron. A todos en Jerusalén les han hablado de Jesús, y hasta nos acusan a nosotros de haberlo matado.
Hch 5:29  Pedro y los demás apóstoles respondieron: —Nosotros primero obedecemos a Dios, y después a los humanos.
Hch 5:30  Ustedes mataron a Jesús en una cruz, pero el Dios a quien adoraron nuestros antepasados lo resucitó.
Hch 5:31  Dios ha hecho que Jesús se siente a la derecha de su trono, y lo ha nombrado Jefe y Salvador, para que el pueblo de Israel deje de pecar y Dios le perdone sus pecados.
Hch 5:32  Nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo. Porque Dios da su Espíritu Santo a todos los que lo obedecen.
Hch 5:33  La Junta Suprema los escuchó, y sus miembros se enojaron tanto que querían matarlos.
Hch 5:34  Pero un fariseo llamado Gamaliel ordenó que sacaran a los apóstoles por un momento. Gamaliel era maestro de la Ley, y los judíos lo respetaban mucho,
Hch 5:35  así que les dijo a sus compañeros: —Israelitas, piensen bien lo que van a hacer con estos hombres.
Hch 5:36  Recuerden que hace algún tiempo apareció un hombre llamado Teudas, quien se creía muy importante, y como cuatrocientos hombres creyeron en él. Luego alguien lo mató, y todos sus seguidores huyeron, y no se volvió a hablar de él.
Hch 5:37  Después apareció un tal Judas, de la región de Galilea, y muchos le hicieron caso. Eso fue en los días en que se estaba haciendo la lista de todos los habitantes de Israel. A ese también lo mataron, y sus seguidores huyeron.
Hch 5:38  »En este caso, yo les aconsejo que dejen en libertad a estos hombres, y que no se preocupen. Si lo que están haciendo lo planearon ellos mismos, esto no durará mucho.
Hch 5:39  Pero si es un plan de Dios, nada ni nadie podrá detenerlos, y ustedes se encontrarán luchando contra Dios. A todos les pareció bueno el consejo,
Hch 5:40  así que enseguida mandaron traer a los apóstoles, y ordenaron que los azotaran en la espalda con un látigo. Luego les prohibieron hablar de Jesús, y los dejaron en libertad.
Hch 5:41  Y los apóstoles salieron de allí muy contentos, porque Dios les había permitido sufrir por obedecer a Jesús.
Hch 5:42  Los seguidores de Jesús iban al templo todos los días, y también se reunían en las casas. Los apóstoles, por su parte, no dejaban de enseñar y de anunciar la buena noticia acerca de Jesús, el rey elegido por Dios.

 


 

Hch 5:1  Un hombre llamado Ananías, con su mujer Safira, vendió también un campo.
Hch 5:2  Y, de acuerdo con ella, retuvo parte del precio; y trayendo el resto, lo puso a los pies de los apóstoles.
Hch 5:3  Mas Pedro le dijo: Ananías, ¿cómo ha tentado Satanás tu corazón, para que mintieses al Espíritu Santo, reteniendo parte del precio de ese campo?
Hch 5:4  ¿Quién te quitaba el conservarlo? Y aunque lo hubieses vendido, ¿no estaba su precio a tu disposición? ¿Pues a qué fin has urdido en tu corazón esta trampa? No mentiste a hombres, sino a Dios.
Hch 5:5  Al oír Ananías estas palabras, cayó en tierra y expiró. Con lo cual todos los que tal suceso supieron, quedaron en gran manera atemorizados.
Hch 5:6  En la hora misma vinieron unos mozos, y le sacaron y llevaron a enterrar.
Hch 5:7  No bien se pasaron tres horas, cuando su mujer entró ignorante de lo acaecido.
Hch 5:8  Le dijo Pedro: Dime, mujer, ¿es así que vendisteis el campo por tanto? Sí, respondió ella, por ese precio lo vendimos.
Hch 5:9  Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué os habéis concertado para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los que enterraron a tu marido; y ellos mismos te llevarán a enterrar.
Hch 5:10  Al momento cayó a sus pies, y expiró. Entretanto luego los mozos la encontraron muerta, y sacándola, la enterraron al lado de su marido.
Hch 5:11  Lo que causó gran temor en toda la Iglesia y en todos los que tal suceso oyeron.
Hch 5:12  Entretanto los apóstoles hacían muchos milagros y prodigios entre el pueblo. Y todos los fieles unidos en un mismo espíritu se juntaban en el pórtico de Salomón .
Hch 5:13  De los otros nadie osaba juntarse o hermanarse con ellos; pero el pueblo hacía de ellos grandes elogios.
Hch 5:14  Con esto se aumentaba más y más el número de los que creían en el Señor, así de hombres como de mujeres,
Hch 5:15  de suerte que sacaban a las calles a los enfermos, poniéndolos en camillas y lechos o carretones, para que pasando Pedro, su sombra tocase por lo menos en alguno de ellos, y quedasen libres de sus dolencias.
Hch 5:16  Concurría también a Jerusalén mucha gente de las ciudades vecinas, trayendo enfermos y endemoniados, los cuales eran curados todos.
Hch 5:17  Alarmado con esto el príncipe de los sacerdotes y los de su partido, que era la secta de los saduceos, se mostraron llenos de celo;
Hch 5:18  y prendiendo a los apóstoles, los metieron en la cárcel pública.
Hch 5:19  Mas el ángel del Señor, abriendo por la noche las puertas de la cárcel, y sacándoles fuera les dijo:
Hch 5:20  Id al templo, y puestos allí, predicad al pueblo la doctrina de esta ciencia de vida.
 
Hch 5:21  Ellos, oído esto, entraron al despuntar el alba en el templo, y se pusieron a enseñar. Entretanto vino el pontífice con los de su partido, y convocaron el concilio y a todos los ancianos del pueblo de Israel, y enviaron por los presos a la cárcel.
Hch 5:22  Llegados los ministros y abierta la cárcel, como no los hallasen, volvieron con la noticia,
Hch 5:23  diciendo: La cárcel la hemos hallado muy bien cerrada, y a los guardas en centinela delante de las puertas; mas habiéndolas abierto, a nadie hemos hallado dentro.
Hch 5:24  Oídas tales nuevas, tanto el comandante del templo, como los príncipes de los sacerdotes, no podían atinar qué se habría hecho de ellos.
Hch 5:25  A este tiempo llegó uno y les dijo: Sabed que aquellos hombres que metisteis en la cárcel, están en el templo enseñando al pueblo.
Hch 5:26  Entonces el comandante fue allá con su gente y los condujo sin hacerles violencia; porque temían ser apedreados por el pueblo.
Hch 5:27  Fueron conducidos y presentados al concilio; y el sumo sacerdote los interrogó,
Hch 5:28  diciendo: Nosotros os teníamos prohibido con mandato formal que enseñaseis en ese Nombre; y en vez de obedecer, habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis hacernos responsables a nosotros de la sangre de ese hombre.
Hch 5:29  A lo cual respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.
Hch 5:30  El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús , a quien vosotros habéis hecho morir, colgándole en un madero.
Hch 5:31  A éste ensalzó Dios con su diestra por príncipe y salvador , para dar a Israel el arrepentimiento y la remisión de los pecados:
Hch 5:32  nosotros somos testigos de estas verdades, y lo es también el Espíritu Santo, que Dios ha dado a todos los que le obedecen.
Hch 5:33  Oídas estas razones, se desatinaban sus enemigos, y enfurecidos trataban de matarlos.
Hch 5:34  Pero levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, hombre respetado de todo el pueblo, mandó que se retirasen afuera por un breve rato a aquellos hombres.
Hch 5:35  Y entonces dijo a los del concilio: ¡Oh israelitas!, considerad bien lo que vais a hacer con estos hombres.
Hch 5:36  Sabéis que hace poco se levantó un tal Teodas, que se vendía por persona de mucha importancia, al cual se asociaron cerca de cuatrocientos hombres: él fue muerto, y todos los que le creían se dispersaron y redujeron a nada.
Hch 5:37  Después de éste surgió Judas Galileo en tiempo del empadronamiento, y arrastró tras sí al pueblo: éste pereció del mismo modo, y todos sus secuaces quedaron disipados.
Hch 5:38  Ahora, pues, os aconsejo que no os metáis con esos hombres, y que los dejéis; porque si este designio o empresa es obra de hombres, ella misma se desvanecerá;
Hch 5:39  pero si es cosa de Dios no podréis destruirla, y os expondríais a ir contra Dios. Todos adhirieron a este parecer.
Hch 5:40  Y llamando a los apóstoles, después de haberlos hecho azotar, les dijeron que no hablasen más ni poco ni mucho en el Nombre de Jesús ; y los dejaron ir.
Hch 5:41  Entonces los apóstoles se retiraron de la presencia del concilio muy gozosos porque habían sido hallados dignos de sufrir aquel ultraje por el nombre de Jesús .
Hch 5:42  Y no cesaban todos los días, en el templo, y por las casas, de anunciar y de predicar a Jesucristo.

 


 

Hch 5:1 

Ananías y Safira
  Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad,
Hch 5:2  y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.
Hch 5:3  Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?
Hch 5:4  Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
Hch 5:5  Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
Hch 5:6  Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.
Hch 5:7  Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.
Hch 5:8  Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.
Hch 5:9  Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.
Hch 5:10  Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.
Hch 5:11  Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.

Muchas señales y maravillas
 
Hch 5:12  Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.
Hch 5:13  De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.
Hch 5:14  Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres;
Hch 5:15  tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos.
Hch 5:16  Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.

Pedro y Juan son perseguidos
 
Hch 5:17  Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos;
Hch 5:18  y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública.
Hch 5:19  Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo:
Hch 5:20  Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida.
Hch 5:21  Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban.
 Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos.
Hch 5:22  Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso,
Hch 5:23  diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.
Hch 5:24  Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello.
Hch 5:25  Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo.
Hch 5:26  Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo.
Hch 5:27  Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó,
Hch 5:28  diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre.(A)
Hch 5:29  Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.
Hch 5:30  El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero.
Hch 5:31  A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.
Hch 5:32  Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.
Hch 5:33  Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos.
Hch 5:34  Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles,
Hch 5:35  y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres.
Hch 5:36  Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A éste se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada.
Hch 5:37  Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados.
Hch 5:38  Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá;
Hch 5:39  mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.
Hch 5:40  Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad.
Hch 5:41  Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.
Hch 5:42  Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.

 


 

Hch 5:1  Mas un varón llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesión,
Hch 5:2  y defraudó del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.
Hch 5:3  Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad?
Hch 5:4  Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
Hch 5:5  Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
Hch 5:6  Y levantándose los jóvenes, le envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.
Hch 5:7  Y pasado espacio como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.
Hch 5:8  Entonces Pedro le contestó: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.
Hch 5:9  Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertasteis para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán.
Hch 5:10  Y luego cayó a los pies de él, y expiró; y entrados los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.
Hch 5:11  Y vino gran temor sobre toda la Iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.
Hch 5:12  Y por la mano de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo. (Y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.
Hch 5:13  Y de los otros, ninguno osaba juntarse con ellos; con todo eso el pueblo los alababa grandemente.
Hch 5:14  Y los que creían en el Señor se aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres.)
Hch 5:15  Tanto que echaban los enfermos por las calles, y los ponían en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, a lo menos su sombra tocase a alguno de ellos.
Hch 5:16  Y aun de las ciudades vecinas concurría multitud a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; los cuales todos eran curados.
Hch 5:17  Entonces levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él, (que es la secta de los saduceos,) se llenaron de celo;
Hch 5:18  y echaron mano a los apóstoles, y los pusieron en la cárcel pública.
Hch 5:19  Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo:
Hch 5:20  Id, y estando en el Templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida.
Hch 5:21  Y cuando hubieron oído esto, entraron de mañana en el Templo, y enseñaban. Entre tanto, viniendo el príncipe de los sacerdotes, y los que estaban con él, convocaron el concilio, y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos.
Hch 5:22  Pero cuando llegaron los alguaciles, y no los hallaron en la cárcel, volvieron, y dieron aviso,
Hch 5:23  diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas que estaban delante de las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.
Hch 5:24  Y cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el capitán del Templo y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello.
Hch 5:25  Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el Templo, y enseñan al pueblo.
Hch 5:26  Entonces fue el capitán con los alguaciles, y los trajo sin violencia; porque temían del pueblo ser apedreados.
Hch 5:27  Y cuando los trajeron, los presentaron en el concilio; y el príncipe de los sacerdotes les preguntó,
Hch 5:28  diciendo: ¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre? Y he aquí, habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre.
Hch 5:29  Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.
Hch 5:30  El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, al cual vosotros matasteis colgándole en el madero.
Hch 5:31  A éste Dios ha ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados.
Hch 5:32  Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.
Hch 5:33  Ellos, oyendo esto, regañaban, y consultaban matarlos.
Hch 5:34  Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerable a todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco a los apóstoles.
Hch 5:35  Y les dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habéis de hacer.
Hch 5:36  Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien; al que se agregó un número de hombres como cuatrocientos, el cual fue muerto; y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos a nada.
Hch 5:37  Después de éste, se levantó Judas el galileo en los días del empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció también aquel; y todos los que consintieron con él, fueron derramados.
Hch 5:38  Y ahora os digo: Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá;
Hch 5:39  mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo a Dios.
Hch 5:40  Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotados, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los soltaron.
Hch 5:41  Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el Nombre de Jesús.
Hch 5:42  Y todos los días no cesaban, en el Templo y por las casas, enseñando y predicando el Evangelio de Jesús, el Cristo.

 


 

Hch 5:1  But a certain man named Ananias, with Sapphira his wife, sold a possession,
Hch 5:2  And kept back part of the price, his wife also being privy to it, and brought a certain part, and laid it at the apostles' feet.
Hch 5:3  But Peter said, Ananias, why hath Satan filled thine heart to lie to the Holy Ghost, and to keep back part of the price of the land?
Hch 5:4  Whiles it remained, was it not thine own? and after it was sold, was it not in thine own power? why hast thou conceived this thing in thine heart? thou hast not lied unto men, but unto God.
Hch 5:5  And Ananias hearing these words fell down, and gave up the ghost: and great fear came on all them that heard these things.
Hch 5:6  And the young men arose, wound him up, and carried him out, and buried him.
Hch 5:7  And it was about the space of three hours after, when his wife, not knowing what was done, came in.
Hch 5:8  And Peter answered unto her, Tell me whether ye sold the land for so much? And she said, Yea, for so much.
Hch 5:9  Then Peter said unto her, How is it that ye have agreed together to tempt the Spirit of the Lord? behold, the feet of them which have buried thy husband are at the door, and shall carry thee out.
Hch 5:10  Then fell she down straightway at his feet, and yielded up the ghost: and the young men came in, and found her dead, and, carrying her forth, buried her by her husband.
Hch 5:11  And great fear came upon all the church, and upon as many as heard these things.
Hch 5:12  And by the hands of the apostles were many signs and wonders wrought among the people; (and they were all with one accord in Solomon's porch.
Hch 5:13  And of the rest durst no man join himself to them: but the people magnified them.
Hch 5:14  And believers were the more added to the Lord, multitudes both of men and women.)
Hch 5:15  Insomuch that they brought forth the sick into the streets, and laid them on beds and couches, that at the least the shadow of Peter passing by might overshadow some of them.
Hch 5:16  There came also a multitude out of the cities round about unto Jerusalem, bringing sick folks, and them which were vexed with unclean spirits: and they were healed every one.
Hch 5:17  Then the high priest rose up, and all they that were with him, (which is the sect of the Sadducees,) and were filled with indignation,
Hch 5:18  And laid their hands on the apostles, and put them in the common prison.
Hch 5:19  But the angel of the Lord by night opened the prison doors, and brought them forth, and said,
Hch 5:20  Go, stand and speak in the temple to the people all the words of this life.
Hch 5:21  And when they heard that, they entered into the temple early in the morning, and taught. But the high priest came, and they that were with him, and called the council together, and all the senate of the children of Israel, and sent to the prison to have them brought.
Hch 5:22  But when the officers came, and found them not in the prison, they returned, and told,
Hch 5:23  Saying, The prison truly found we shut with all safety, and the keepers standing without before the doors: but when we had opened, we found no man within.
Hch 5:24  Now when the high priest and the captain of the temple and the chief priests heard these things, they doubted of them whereunto this would grow.
Hch 5:25  Then came one and told them, saying, Behold, the men whom ye put in prison are standing in the temple, and teaching the people.
Hch 5:26  Then went the captain with the officers, and brought them without violence: for they feared the people, lest they should have been stoned.
Hch 5:27  And when they had brought them, they set them before the council: and the high priest asked them,
Hch 5:28  Saying, Did not we straitly command you that ye should not teach in this name? and, behold, ye have filled Jerusalem with your doctrine, and intend to bring this man's blood upon us.
Hch 5:29  Then Peter and the other apostles answered and said, We ought to obey God rather than men.
Hch 5:30  The God of our fathers raised up Jesus, whom ye slew and hanged on a tree.
Hch 5:31  Him hath God exalted with his right hand to be a Prince and a Saviour, for to give repentance to Israel, and forgiveness of sins.
Hch 5:32  And we are his witnesses of these things; and so is also the Holy Ghost, whom God hath given to them that obey him.
Hch 5:33  When they heard that, they were cut to the heart, and took counsel to slay them.
Hch 5:34  Then stood there up one in the council, a Pharisee, named Gamaliel, a doctor of the law, had in reputation among all the people, and commanded to put the apostles forth a little space;
Hch 5:35  And said unto them, Ye men of Israel, take heed to yourselves what ye intend to do as touching these men.
Hch 5:36  For before these days rose up Theudas, boasting himself to be somebody; to whom a number of men, about four hundred, joined themselves: who was slain; and all, as many as obeyed him, were scattered, and brought to nought.
Hch 5:37  After this man rose up Judas of Galilee in the days of the taxing, and drew away much people after him: he also perished; and all, even as many as obeyed him, were dispersed.
Hch 5:38  And now I say unto you, Refrain from these men, and let them alone: for if this counsel or this work be of men, it will come to nought:
Hch 5:39  But if it be of God, ye cannot overthrow it; lest haply ye be found even to fight against God.
Hch 5:40  And to him they agreed: and when they had called the apostles, and beaten them, they commanded that they should not speak in the name of Jesus, and let them go.
Hch 5:41  And they departed from the presence of the council, rejoicing that they were counted worthy to suffer shame for his name.
Hch 5:42  And daily in the temple, and in every house, they ceased not to teach and preach Jesus Christ.

 


 

Hch 5:1  Un hombre llamado Ananías, de acuerdo con su mujer Safira, vendió una propiedad,
Hch 5:2  y se quedó con una parte del precio, sabiéndolo también su mujer; la otra parte la trajo y la puso a los pies de los apóstoles.
Hch 5:3  Pedro le dijo: «Ananías, ¿cómo es que Satanás llenó tu corazón para mentir al Espíritu Santo, y quedarte con parte del precio del campo?
Hch 5:4  ¿Es que mientras lo tenías no era tuyo, y una vez vendido no podías disponer del precio? ¿Por qué determinaste en tu corazón hacer esto? Nos has mentido a los hombres, sino a Dios.»
Hch 5:5  Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y un gran temor se apoderó de cuantos lo oyeron.
Hch 5:6  Se levantaron los jóvenes, le amortajaron y le llevaron a enterrar.
Hch 5:7  Unas tres horas más tarde entró su mujer que ignoraba lo que había pasado.
Hch 5:8  Pedro le preguntó: «Dime, ¿habéis vendido en tanto el campo?» Ella respondió: «Sí, en eso.»
Hch 5:9  Y Pedro le replicó: «¿Cómo os habéis puesto de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, aquí a la puerta están los pies de los que han enterrado a tu marido; ellos te llevarán a ti.»
Hch 5:10  Al instante ella cayó a sus pies y expiró. Entrando los jóvenes, la hallaron muerta, y la llevaron a enterrar junto a su marido.
Hch 5:11  Un gran temor se apoderó de toda la Iglesia y de todos cuantos oyeron esto.
Hch 5:12  Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios en el pueblo... Y solían estar todos con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón,
Hch 5:13  pero nadie de los otros se atrevía a juntarse a ellos, aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio.
Hch 5:14  Los creyentes cada vez en mayor número se adherían al Señor, una multitud de hombres y mujeres.
Hch 5:15  ... hasta tal punto que incluso sacaban los enfermos a las plazas y los colocaban en lechos y camillas, para que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos.
Hch 5:16  También acudía la multitud de las ciudades vecinas a Jerusalén trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos; y todos eran curados.
Hch 5:17  Entonces se levantó el Sumo Sacerdote, y todos los suyos, los de la secta de los saduceos, y llenos de envidia,
Hch 5:18  echaron mano a los apóstoles y les metieron en la cárcel pública.
Hch 5:19  Pero el Ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la prisión, les sacó y les dijo:
Hch 5:20  «Id, presentaos en el Templo y decid al pueblo todo lo referente a esta Vida.»
Hch 5:21  Obedecieron, y al amanecer entraron en el Templo y se pusieron a enseñar. Llegó el Sumo Sacerdote con los suyos, convocaron el Sanedrín y todo el Senado de los hijos de Israel, y enviaron a buscarlos a la cárcel.
Hch 5:22  Cuando llegaron allí los alguaciles, no los encontraron en la prisión; y volvieron a darles cuenta
Hch 5:23  y les dijeron: «Hemos hallado la cárcel cuidadosamente cerrada y los guardias firmes ante las puertas; pero cuando abrimos, no encontramos a nadie dentro.»
Hch 5:24  Cuando oyeron esto, tanto el jefe de la guardia del Templo como los sumos sacerdotes se preguntaban perplejos qué podía significar aquello.
Hch 5:25  Se presentó entonces uno que les dijo: «Mirad, los hombres que pusisteis en prisión están en el Templo y enseñan al pueblo.»
Hch 5:26  Entonces el jefe de la guardia marchó con los alguaciles y les trajo, pero sin violencia, porque tenían miedo de que el pueblo les apedrease.
Hch 5:27  Les trajeron, pues, y les presentaron en el Sanedrín. El Sumo Sacerdote les interrogó
Hch 5:28  y les dijo: «Os prohibimos severamente enseñar en ese nombre, y sin embargo vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina y queréis hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre.»
Hch 5:29  Pedro y los apóstoles contestaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.
Hch 5:30  El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros disteis muerte colgándole de un madero.
Hch 5:31  A éste le ha exaltado Dios con su diestra como Jefe y Salvador, para conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados.
Hch 5:32  Nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo que ha dado Dios a los que le obedecen.»
Hch 5:33  Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
Hch 5:34  Entonces un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, con prestigio ante todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín. Mandó que se hiciera salir un momento a aquellos hombres,
Hch 5:35  y les dijo: «Israelitas, mirad bien lo que vais a hacer con estos hombres.
Hch 5:36  Porque hace algún tiempo se levantó Teudas, que pretendía ser alguien y que reunió a su alrededor unos cuatrocientos hombres; fue muerto y todos los que le seguían se disgregaron y quedaron en nada.
Hch 5:37  Después de éste, en los días del empadronamiento, se levantó Judas el Galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí; también éste pereció y todos los que le habían seguido se dispersaron.
Hch 5:38  Os digo, pues, ahora: desentendeos de estos hombres y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá;
Hch 5:39  pero si es de Dios, no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra Dios.» Y aceptaron su parecer.
Hch 5:40  Entonces llamaron a los apóstoles; y, después de haberles azotado, les intimaron que no hablasen en nombre de Jesús. Y les dejaron libres.
Hch 5:41  Ellos marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre.
Hch 5:42  Y no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Nueva de Cristo Jesús cada día en el Templo y por las casas.

 


 

Hch 5:1  Pero hubo uno, llamado Ananías, que junto con Safira, su esposa, vendió un terreno.
Hch 5:2  Este hombre, de común acuerdo con su esposa, se quedó con una parte del dinero y puso la otra parte a disposición de los apóstoles.
Hch 5:3  Pedro le dijo:
 –Ananías, ¿por qué dejaste que Satanás te dominara y te hiciera mentir al Espíritu Santo quedándote con parte del dinero que te pagaron por el terreno?
Hch 5:4  ¿Acaso no era tuyo el terreno? y puesto que lo vendiste, ¿no era tuyo el dinero? ¿Por qué se te ocurrió hacer esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
Hch 5:5  Al oír esto, Ananías cayó muerto. Y todos los que lo supieron se llenaron de miedo.
Hch 5:6  Entonces vinieron unos jóvenes, envolvieron el cuerpo y se lo llevaron a enterrar.
Hch 5:7  Unas tres horas después entró la esposa de Ananías, sin saber lo que había pasado.
Hch 5:8  Pedro le preguntó:
 –Dime, ¿vendieron ustedes el terreno en el precio que han dicho? Ella contestó:
 –Sí, en ese precio.
Hch 5:9  Pedro le dijo:
 –¿Por qué se pusieron ustedes de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Ahí vienen los que se llevaron a enterrara tu esposo, y ahora te van a llevar también a ti.
Hch 5:10  En ese mismo instante Safira cayó muerta a los pies de Pedro. Cuando entraron los jóvenes, la encontraron muerta, y se la llevaron a enterrar al lado de su esposo.
Hch 5:11  y todos los de la iglesia, y todos los que supieron estas cosas, se llenaron de miedo.
Hch 5:12  Por medio de los apóstoles se hacían muchas señales y milagros entre la gente; y todos se reunían en el Pórtico de Salomón. [1]
Hch 5:13  Ninguno de los otros se atrevía a juntarse con ellos, pero la gente los tenía en alta estima.
Hch 5:14  y aumentó el número de personas, tanto hombres como mujeres, que creyeron en el Señor.
Hch 5:15  y sacaban los enfermos a las calles, poniéndolos en camas y camillas para que, al pasar Pedro, por lo menos su sombra cayera sobre alguno de ellos.
Hch 5:16  También de los pueblos vecinos a Jerusalén acudía mucha gente trayendo enfermos y personas atormentadas por espíritus impuros; y todos eran sanados.
Hch 5:17  El sumo sacerdote y los del partido de los saduceos que estaban con él, se llenaron de envidia,
Hch 5:18  y arrestaron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública.
Hch 5:19  Pero un ángel del Señor abrió de noche las puertas de la cárcel y los sacó, diciéndoles:
Hch 5:20  "Vayan y , de pie en el templo, cuenten al pueblo todo este mensaje de vida."
Hch 5:21  Conforme a esto que habían oído, al día siguiente entraron temprano en el templo y comenzaron a enseñar. Entonces, el sumo sacerdote y los que estaban con él llamaron a todos los ancianos israelitas a una reunión de la Junta Suprema, y mandaron traer de la cárcel a los apóstoles.
Hch 5:22  Pero cuando los guardias llegaron a la cárcel, no los encontraron. Así que volvieron con la noticia,
Hch 5:23  diciendo:
 –Encontramos la cárcel perfectamente cerrada, y a los soldados vigilando delante de las puertas; pero cuando abrimos, no encontramos a nadie dentro.
Hch 5:24  Al oírlo, el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes se preguntaban en qué iría a parar todo aquello.
Hch 5:25  En aquel momento llegó uno, que les dijo:
 –Los que ustedes metieron en la cárcel, están en el templo enseñando al pueblo.
Hch 5:26  El jefe de la guardia, junto con los guardias, fue a buscarlos; pero no los maltrataron, porque tenían miedo de ser apedreados por la gente.
Hch 5:27  Al llegar, los llevaron ante la Junta Suprema, y el sumo sacerdote les dijo:
Hch 5:28  –Nosotros les habíamos prohibido terminantemente que enseñaran nada relacionado con ese hombre. ¿Y qué han hecho ustedes? Han llenado toda Jerusalén con esas enseñanzas, y encima quieren echarnos la culpa de la muerte de ese hombre.
Hch 5:29  Pedro y los demás apóstoles contestaron:
 –Es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los hombres.
Hch 5:30  El Dios de nuestros antepasados resucitó a Jesús, el mismo a quien ustedes mataron colgándolo en una cruz.
Hch 5:31  Dios lo ha levantado y lo ha puesto a su derecha, y lo ha hecho Guía y Salvador, para que la nación de Israel se vuelva a Dios y reciba el perdón de sus pecados.
Hch 5:32  De esto somos testigos nosotros, y también lo es el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que le obedecen.
Hch 5:33  Cuando oyeron esto, se enfurecieron y quisieron matarlos.
Hch 5:34  Pero entre aquellas autoridades había un fariseo llamado Gamaliel, que era un maestro de la ley muy respetado por el pueblo. Este se puso de pie y mandó que por un momento sacaran de allí a los apóstoles.
Hch 5:35  Luego dijo a las demás autoridades:
 –Israelitas, tengan cuidado con lo que van a hacer con estos hombres.
Hch 5:36  Recuerden que hace algún tiempo se levantó Teudas, alegando ser un hombre importante, y unos cuatrocientos hombres lo siguieron. Pero a este lo mataron, y sus seguidores se dispersaron, y allí se acabó todo.
Hch 5:37  Más tarde, en los días del censo, se levantó Judas, el de Galilea, y logró que algunos lo siguieran; pero también lo mataron, y todos sus seguidores se dispersaron.
Hch 5:38  En este caso, yo les aconsejo que dejen a estos hombres y que no se metan con ellos. Porque si este asunto es cosa de los hombres, pasará;
Hch 5:39  pero si es cosa de Dios, no podrán ustedes vencerlos. Tengan cuidado, no se vayan a encontrar luchando contra Dios. Ellos le hicieron caso.
Hch 5:40  Así que llamaron a los apóstoles, los azotaron y les prohibieron seguir hablando en el nombre de Jesús; después los soltaron.
Hch 5:41  Los apóstoles salieron de la presencia de las autoridades muy contentos, porque Dios les había concedido el honor de sufrir injurias por causa del nombre de Jesús.
Hch 5:42  Todos los días enseñaban y anunciaban la buena noticia de Jesús el Mesías, tanto en el templo como por las casas. [2]

 


 

Hch 5:1  Sin embargo, cierto varón, por nombre Ananías, junto con Safira su esposa, vendió una posesión
Hch 5:2  y retuvo secretamente parte del precio, de lo cual sabía también su esposa, y trajo solo una parte y la depositó a los pies de los apóstoles.
Hch 5:3  Pero Pedro dijo: “Ananías, ¿por qué te ha envalentonado Satanás a tratar con engaño al espíritu santo y a retener secretamente parte del precio del campo?
Hch 5:4  Mientras permanecía contigo, ¿no permanecía tuyo?, y después que fue vendido, ¿no continuaba bajo tu control? ¿Por qué te propusiste un hecho de esta índole en tu corazón? No has tratado con engaño a los hombres, sino a Dios”.
Hch 5:5  Al oír estas palabras, Ananías cayó y expiró. Y gran temor vino sobre todos los que oyeron de ello.
Hch 5:6  Pero los hombres más jóvenes se levantaron, lo envolvieron en paños, y, sacándolo, lo enterraron.
Hch 5:7  Luego, después de un intervalo de como tres horas, entró su esposa, ignorando lo que había acontecido.
Hch 5:8  Pedro le dijo: “Dime, ¿vendieron ustedes [dos] el campo en tanto?” Ella dijo: “Sí, en tanto.”
Hch 5:9  Entonces le [dijo] Pedro: “¿Por qué convinieron entre ustedes [dos] en poner a prueba el espíritu de Jehová? ¡Mira! Los pies de los que enterraron a tu esposo están a la puerta, y te sacarán a ti”.
Hch 5:10  Al instante ella cayó a los pies de él y expiró. Cuando los jóvenes entraron, la hallaron muerta, y la sacaron y la enterraron al lado de su esposo.
Hch 5:11  Por consiguiente, gran temor vino sobre toda la congregación y sobre todos los que oyeron de estas cosas.
Hch 5:12  Además, mediante las manos de los apóstoles continuaron efectuándose muchas señales y portentos presagiosos entre el pueblo; y todos estaban de común acuerdo en la columnata de Salomón.
Hch 5:13  Cierto, ni uno solo de los demás tenía ánimo para unirse a ellos; sin embargo, el pueblo los elogiaba.
Hch 5:14  Más aún, siguieron añadiéndose creyentes en el Señor, multitudes de varones así como de mujeres;
Hch 5:15  de modo que sacaban a los enfermos hasta a los caminos anchos y los ponían allí sobre camitas y camillas, para que, al pasar Pedro, por lo menos su sombra cayera sobre alguno de ellos.
Hch 5:16  También, la multitud de las ciudades alrededor de Jerusalén siguió concurriendo, cargando a los enfermos y a los que eran perturbados por espíritus inmundos, y todos sin excepción eran curados.
Hch 5:17  Pero el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, la entonces existente secta de los saduceos, se levantaron llenos de celos,
Hch 5:18  y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en el lugar público de custodia.
Hch 5:19  Pero durante la noche el ángel de Jehová abrió las puertas de la prisión, los sacó y dijo:
Hch 5:20  “Váyanse, y, puestos de pie en el templo, sigan hablando al pueblo todos los dichos acerca de esta vida”.
Hch 5:21  Después de oír esto, ellos entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar.  Ahora bien, cuando llegaron el sumo sacerdote y los que con él estaban, convocaron el Sanedrín y toda la asamblea de los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que los trajeran.
Hch 5:22  Pero cuando los oficiales llegaron allá, no los hallaron en la prisión. De modo que volvieron y dieron informe,
Hch 5:23  diciendo: “La cárcel la hallamos cerrada con toda seguridad, y a los guardas de pie ante las puertas, pero al abrir no hallamos a nadie dentro”.
Hch 5:24  Pues bien, cuando el capitán del templo así como los sacerdotes principales oyeron estas palabras, quedaron perplejos tocante a estos asuntos, respecto a lo que vendría a resultar de ello.
Hch 5:25  Pero llegó cierto hombre y les informó: “¡Miren! Los varones que ustedes pusieron en la prisión están en el templo, puestos de pie y enseñando al pueblo”.
Hch 5:26  Entonces el capitán se fue con sus oficiales y procedió a traerlos, pero sin violencia, porque tenían miedo de que el pueblo los apedreara.
Hch 5:27  De modo que los trajeron y los pusieron de pie en el salón del Sanedrín. Y el sumo sacerdote los interrogó,
Hch 5:28  y dijo: “Les ordenamos positivamente que no siguieran enseñando sobre la base de este nombre, y sin embargo, ¡miren!, han llenado a Jerusalén con su enseñanza, y están resueltos a traer la sangre de este hombre sobre nosotros”.
Hch 5:29  En respuesta, Pedro y los [otros] apóstoles dijeron: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres.
Hch 5:30  El Dios de nuestros antepasados levantó a Jesús, a quien ustedes mataron, colgándolo en un madero.
Hch 5:31  A este, Dios lo ensalzó a su diestra como Agente Principal y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.
Hch 5:32  Y nosotros somos testigos de estos asuntos, y también lo es el espíritu santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen como gobernante”.
Hch 5:33  Cuando oyeron esto, se sintieron cortados profundamente, y querían eliminarlos.
Hch 5:34  Pero se levantó cierto hombre en el Sanedrín, un fariseo de nombre Gamaliel, maestro de la Ley estimado por todo el pueblo, y dio mandato de que sacaran fuera a los hombres por un momento.
Hch 5:35  Y les dijo: “Varones de Israel, presten atención a ustedes mismos en cuanto a lo que piensan hacer respecto a estos hombres.
Hch 5:36  Por ejemplo, antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que él mismo era alguien, y un número de varones, como cuatrocientos, se unió a su partido. Pero él fue eliminado, y todos los que le obedecían fueron dispersados y vinieron a nada.
Hch 5:37  Después de él se levantó Judas el galileo en los días de la inscripción, y atrajo gente en pos de sí. Y sin embargo ese hombre pereció, y todos los que le obedecían fueron esparcidos por todas partes.
Hch 5:38  De modo que, en las presentes circunstancias, les digo: No se metan con estos hombres, sino déjenlos (porque si este proyecto o esta obra proviene de hombres, será derribada;
Hch 5:39  pero si proviene de Dios, no podrán derribarlos); de otro modo, quizás se les halle a ustedes luchadores realmente contra Dios”.
Hch 5:40  De modo que le hicieron caso, y, mandando llamar a los apóstoles, los fustigaron, y les ordenaron que dejaran de hablar sobre la base del nombre de Jesús, y los dejaron ir.
Hch 5:41  Estos, por lo tanto, se fueron de delante del Sanedrín, regocijándose porque se les había considerado dignos de sufrir deshonra a favor del nombre de él.
Hch 5:42  Y todos los días en el templo, y de casa en casa, continuaban sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas acerca del Cristo, Jesús.

 


 

Hch 5:1  Algo muy diferente pasó con un hombre llamado Ananías. Este hombre y su esposa, que se llamaba Safira, se pusieron de acuerdo y vendieron un terreno,
Hch 5:2  pero se quedaron con parte del dinero de la venta. El resto se lo entregaron a los apóstoles.
Hch 5:3  Entonces Pedro le dijo a Ananías: —¿Por qué le hiciste caso a Satanás? Creíste que podrías engañar al Espíritu Santo, y te quedaste con parte del dinero.
Hch 5:4  Antes de vender el terreno, era todo tuyo y de tu esposa. Y cuando lo vendiste, todo el dinero también era de ustedes. ¿Por qué lo hiciste? No nos has mentido a nosotros, sino a Dios.
Hch 5:5  Al oír esto, Ananías cayó muerto allí mismo. Entonces unos muchachos envolvieron el cuerpo de Ananías y lo llevaron a enterrar. Y todos los que estaban en ese lugar sintieron mucho miedo.
Hch 5:7  Como tres horas más tarde llegó Safira, sin saber lo que había pasado.
Hch 5:8  Entonces Pedro le preguntó: —Dime, ¿vendieron ustedes el terreno en este precio? —Así es —respondió ella—. Ese fue el precio. Entonces Pedro le dijo:
Hch 5:9  —¿Por qué se pusieron de acuerdo para engañar al Espíritu del Señor? Mira, ahí vienen los muchachos que acaban de enterrar a tu esposo, y ellos mismos te enterrarán a ti.
Hch 5:10  Al instante, Safira cayó muerta, así que los muchachos entraron y se la llevaron para enterrarla junto a su esposo.
Hch 5:11  Todos los que pertenecían a la iglesia, y todos los que se enteraron de lo sucedido, sintieron mucho miedo.
Hch 5:12  Por medio de los apóstoles, Dios seguía haciendo milagros y señales maravillosas entre la gente. Todos los días, los seguidores de Jesús se reunían en el Portón de Salomón,
Hch 5:13  y aunque los que no eran del grupo no se atrevían a acercarse, todo el mundo los respetaba y hablaba bien de ellos.
Hch 5:14  Cada día se agregaban al grupo más hombres y mujeres que creían en Jesús.
Hch 5:15  La gente sacaba a los enfermos en camas y en camillas, y los ponía en las calles por donde Pedro iba a pasar, con la esperanza de que por lo menos su sombra cayera sobre alguno y lo sanara.
Hch 5:16  Mucha gente de los pueblos cercanos a Jerusalén también llevaba enfermos y gente con espíritus malos, y todos eran sanados.
Hch 5:17  El jefe de los sacerdotes y todos los saduceos que lo acompañaban sintieron mucha envidia de los apóstoles.
Hch 5:18  Por eso mandaron que los arrestaran y los pusieran en la cárcel de la ciudad.
Hch 5:19  Pero en la noche un ángel del Señor se les apareció, abrió las puertas de la cárcel, y los liberó. Luego les dijo:
Hch 5:20  «Vayan al templo y compartan con la gente el mensaje de salvación.»
Hch 5:21  Ya estaba por amanecer cuando los apóstoles llegaron frente al templo y empezaron a hablarle a la gente. Mientras tanto, el jefe de los sacerdotes y sus ayudantes reunieron a toda la Junta Suprema y a los líderes del pueblo. Después mandaron traer a los apóstoles,
Hch 5:22  pero los guardias llegaron a la cárcel y no los encontraron. Así que regresaron y dijeron:
Hch 5:23  «La cárcel estaba bien cerrada, y los soldados vigilaban las entradas, pero cuando abrimos la celda no encontramos a nadie.»
Hch 5:24  Cuando el jefe de los guardias del templo y los sacerdotes principales oyeron eso, no sabían qué pensar, y ni siquiera podían imaginarse lo que había sucedido.
Hch 5:25  De pronto, llegó alguien y dijo: «¡Los hombres que ustedes encerraron en la cárcel están frente al templo, hablándole a la gente!»
Hch 5:26  Entonces el jefe de los guardias y sus ayudantes fueron y arrestaron de nuevo a los apóstoles; pero no los maltrataron, porque tenían miedo de que la gente se enojara y los apedreara.
Hch 5:27  Cuando llegaron ante la Junta Suprema, el jefe de los sacerdotes les dijo:
Hch 5:28  —Ya les habíamos advertido que no enseñaran más acerca de ese hombre Jesús, pero no nos obedecieron. A todos en Jerusalén les han hablado de Jesús, y hasta nos acusan a nosotros de haberlo matado.
Hch 5:29  Pedro y los demás apóstoles respondieron: —Nosotros primero obedecemos a Dios, y después a los humanos.
Hch 5:30  Ustedes mataron a Jesús en una cruz, pero el Dios a quien adoraron nuestros antepasados lo resucitó.
Hch 5:31  Dios ha hecho que Jesús se siente a la derecha de su trono, y lo ha nombrado Jefe y Salvador, para que el pueblo de Israel deje de pecar y Dios le perdone sus pecados.
Hch 5:32  Nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo. Porque Dios da su Espíritu Santo a todos los que lo obedecen.
Hch 5:33  La Junta Suprema los escuchó, y sus miembros se enojaron tanto que querían matarlos.
Hch 5:34  Pero un fariseo llamado Gamaliel ordenó que sacaran a los apóstoles por un momento. Gamaliel era maestro de la Ley, y los judíos lo respetaban mucho,
Hch 5:35  así que les dijo a sus compañeros: —Israelitas, piensen bien lo que van a hacer con estos hombres.
Hch 5:36  Recuerden que hace algún tiempo apareció un hombre llamado Teudas, quien se creía muy importante, y como cuatrocientos hombres creyeron en él. Luego alguien lo mató, y todos sus seguidores huyeron, y no se volvió a hablar de él.
Hch 5:37  Después apareció un tal Judas, de la región de Galilea, y muchos le hicieron caso. Eso fue en los días en que se estaba haciendo la lista de todos los habitantes de Israel. A ese también lo mataron, y sus seguidores huyeron.
Hch 5:38  »En este caso, yo les aconsejo que dejen en libertad a estos hombres, y que no se preocupen. Si lo que están haciendo lo planearon ellos mismos, esto no durará mucho.
Hch 5:39  Pero si es un plan de Dios, nada ni nadie podrá detenerlos, y ustedes se encontrarán luchando contra Dios. A todos les pareció bueno el consejo,
Hch 5:40  así que enseguida mandaron traer a los apóstoles, y ordenaron que los azotaran en la espalda con un látigo. Luego les prohibieron hablar de Jesús, y los dejaron en libertad.
Hch 5:41  Y los apóstoles salieron de allí muy contentos, porque Dios les había permitido sufrir por obedecer a Jesús.
Hch 5:42  Los seguidores de Jesús iban al templo todos los días, y también se reunían en las casas. Los apóstoles, por su parte, no dejaban de enseñar y de anunciar la buena noticia acerca de Jesús, el rey elegido por Dios.

 


 

Hch 5:1  Pero había un hombre llamado Hananyah, quien con su mujer Shappirah, vendió alguna propiedad
Hch 5:2  y, a sabiendas de su mujer, se quedó con parte del dinero de la venta; a pesar de que trajo el resto a los emisarios.
Hch 5:3  Entonces Kefa dijo: "¿Por qué ha satán[38] ha llenado tu corazón que has mentido al Ruaj HaKodesh y te has quedado con parte del dinero que recibiste por la tie rra?
Hch 5:4  Antes de venderla, la propiedad era tuya; y después que la vendiste, el dinero era tuyo para usarlo como quisieras. ¿Qué hizo que hicieras tal cosa? ¡Has mentido, no a los seres humanos, sino a YAHWEH!"[39]
Hch 5:5  Al oír Hananyah estas palabras, cayó muerto; y todos los que oyeron esto estaban aterrorizados.
Hch 5:6  Los jóvenes se levantaron, envolvieron su cuerpo en un sudario, se lo llevaron y lo sepultaron.
Hch 5:7  Unas tres horas más tarde su mujer entró sin saber nada de lo que había sucedido.
Hch 5:8  Kefa la retó, y dijo: "Dime, ¿es verdad que ustedes vendieron la tierra por tal y más cual precio?" "Sí," ella respondió, "eso es lo que nos pagaron por ella."
Hch 5:9  Pero Kefa de nuevo le habló, y le dijo: "Entonces, ¿por qué tramaron poner a prueba al Ruaj del Adón? ¡Escucha! Los hombres que sepultaron a tu esposo están a la puerta. ¡A ti también te llevarán!"
Hch 5:10  Instantáneamente ella cayó a sus pies y murió. Los jóvenes entraron, la encontraron allí muerta, se la llevaron y la sepultaron junto a su esposo.
Hch 5:11  Como resultado de esto, gran temor vino sobre toda la Asamblea Mesiánica y, en verdad, sobre todos los que oyeron del caso.[40]
Hch 5:12  Mientras tanto, por medio de los emisarios, muchos milagros y señales eran hechos entre el pueblo. Unidos en mente y propósito, los creyentes se reunieron en la Columnata de Shlomó;
Hch 5:13  y nadie más se atrevía a unírseles, no obstante, el pueblo continuaba respetándolos grandemente;
Hch 5:14  y multitudes de creyentes fueron añadidos al Adón, ambos hombres y mujeres.[41]
Hch 5:15  Tanto era el furor que sacaban a los enfermos a las calles, y los ponían en camillas y colchones, para que por lo menos la sombra de Kefa cayera sobre ellos cuando él pasaba.
Hch 5:16  Multitudes también venían de las ciudades de alrededor de Yerushalayim, y traían a los enfermos y a los afligidos por ruajim inmundos; y todos eran sanados.
Hch 5:17  Pero el kohen hagadol y sus asociados, que eran miembros del partido de los Tzedukim, estaban llenos de celos.[42]
Hch 5:18  Arrestaron a los emisarios y los echaron en la prisión pública.
Hch 5:19  Pero durante la noche, un malaj de YAHWEH abrió las puertas de la prisión y los condujo fuera, diciendo:
Hch 5:20  ¡Vayan y párense en el patio del Templo, y continúen hablándole al pueblo de esta nueva vida!
Hch 5:21  Después de oír esto, entraron al amanecer en el área del Templo y comenzaron a enseñar. Pero el kohen hagadol y sus asociados vinieron, y convocaron a una reunión del Sanhedrin (esto es, toda la asamblea de los ancianos de Yisra'el), y mandaron a la prisión para que los trajeran.
Hch 5:22  Pero los oficiales que fueron, no los encontraron en prisión. De modo que regresaron, y reportaron:
Hch 5:23  "Fuimos y encontramos la prisión cerrada con toda seguridad, y los guardias de pie guardando las puertas; pero cuando abrimos, ¡no había nadie allí!"
Hch 5:24  Cuando el capitán de la policía del Templo y los principales kohanim oyeron estas cosas, se pusieron perplejos y se preguntaban con asombro qué sería lo próximo en suceder.
Hch 5:25  Entonces alguien vino, y les reportó: "¡Miren, los hombres que ustedes ordenaron poner en la prisión, están parados en el patio del Templo enseñando al pueblo!"
Hch 5:26  El capitán y sus oficiales fueron, y los trajeron, pero sin violencia; porque tenían miedo de ser apedreados por el pueblo.
Hch 5:27  Los condujeron al Sanhedrin, donde el kohen hagadol les demandó:
Hch 5:28  "¡Nosotros les dimos órdenes estrictas de no enseñar en ese nombre! ¡Miren aquí! Han llenado a Yerushalayim con sus enseñanzas; ¡además, están determinados en hacernos responsables por la muerte de ese hombre!"
Hch 5:29  Kefa y otros emisarios respondieron: "Tenemos que obedecer a YAHWEH antes que a los hombres."
Hch 5:30  El Elohim de nuestros padres[Ex 3:15] levantó a lo alto a Yahshúa cuando, por el contrario, ustedes lo mataron colgándole de una estaca.[De 21:22-23]
Hch 5:31  YAHWEH ha exaltado a este hombre a su mano derecha[Sal 110:1] como Rey y Salvador, para que Yisra'el haga teshuvah y tenga sus pecados perdonados.
Hch 5:32  Nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Ruaj HaKodesh, el cual YAHWEH ha dado a los que le obedecen.
Hch 5:33  Al oír esto, los miembros del Sanhedrin se enfurecieron y querían darle muerte a los emisarios.
Hch 5:34  Pero uno de los miembros del Sanhedrin se levantó en medio de ellos, un Parush llamado Gamliel, maestro de la Toráh, altamente respetado por todo el pueblo, ordenó que los hombres fueran llevados afuera por un rato.
Hch 5:35  Luego se dirigió a la corte: "Hombres de Yisra'el, tengan cuidado con lo que hacen con estos hombres.
Hch 5:36  Hace algún tiempo hubo una rebelión dirigida por Todah, quien decía que era algo especia l; y un número de hombres, quizás cuatrocientos, se unieron a él. Pero cuando fue muerto, sus seguidores fueron dispersados y esto vino a ser como nada.
Hch 5:37  Después de esto, Yahudáh HaGuelili incitó a otra revuelta, allá por el tiempo del censo para los impuestos Romanos; e hizo que alguna gente se uniera a él. Pero fue muerto, y todos sus seguidores fueron dispersados.
Hch 5:38  De modo que, en el presente caso, mi consejo a ustedes es que no interfieran con ellos, sino que los dejen estar. Porque si esta idea o este movimiento tiene un origen humano, se desvanecerá;
Hch 5:39  pero si es de Elohim, no podrían detenerlo, ¡y posiblemente, hasta se encuentren peleando contra Elohim!" Ellos prestaron atención a su consejo.
Hch 5:40  Después de llamar a los emisarios y azotar los, les ordenaron a no hablar en El Nombre de Yahshúa, y los pusieron en libertad.
Hch 5:41  Los emisarios dejaron el Sanhedrin llenos de alegría, por haber sido dignos de padecer desgracia por Su Nombre.
Hch 5:42  Y ni por un sólo día, ya fuera en el Templo o en casas particulares, dejaron de enseñar y proclamar las Buenas Noticias que Yahshúa es el Mashíaj.[43]

 


 

Hch 5:1  "Había un hombre llamado Ananías, su esposa se llamaba Safira. Él vendió un terreno que tenía,"
Hch 5:2  pero entregó sólo una parte del dinero a los apóstoles y se quedó con el resto. Su esposa sabía lo que había hecho y estuvo de acuerdo.
Hch 5:3  "Entonces Pedro dijo: -Ananías, ¿por qué permitiste que Satanás entrara en tu corazón? Mentiste y trataste de engañar al Espíritu Santo. Vendiste el terreno, pero ¿por qué te quedaste con parte del dinero?"
Hch 5:4  "El terreno era tuyo antes de venderlo, pudiste haber dispuesto del dinero a tu gusto. ¿Por qué se te ocurrió eso? ¡Le mentiste a Dios, no a los hombres!"
Hch 5:5  "Cuando Ananías escuchó esto, cayó muerto. Unos jóvenes vinieron y envolvieron su cuerpo, lo sacaron y lo enterraron. Todos los que supieron esto se asustaron mucho."
Hch 5:6  "Cuando Ananías escuchó esto, cayó muerto. Unos jóvenes vinieron y envolvieron su cuerpo, lo sacaron y lo enterraron. Todos los que supieron esto se asustaron mucho."
Hch 5:7  "Más o menos tres horas después, entró su esposa Safira, quien no sabía lo que le había pasado a su marido."
Hch 5:8  "Pedro le dijo: -Dime, ¿cuánto recibieron por la venta del terreno? ¿Fue esta cantidad? Safira le respondió: Sí, eso fue lo que recibimos por la venta del terreno."
Hch 5:9  Pedro le dijo: -¿Por qué estuviste de acuerdo a la hora de probar al Espíritu del Señor? ¡Escucha! ¿Puedes oír esos pasos? Los hombres que acaban de enterrar a tu esposo están a la puerta y ahora van a hacer lo mismo contigo.
Hch 5:10  "De inmediato Safira cayó muerta. Los jóvenes entraron y al darse cuenta de que estaba muerta, se la llevaron y la enterraron al lado de su esposo."
Hch 5:11  "Todos los creyentes y los que supieron de esto, sintieron muchísimo miedo."
Hch 5:12  El poder de Dios se manifestó entre la gente por medio de muchos milagros hechos por los apóstoles. Todos ellos se reunían en un área del templo llamada el Pórtico de Salomón.
Hch 5:13  "Los demás no se atrevían a juntarse con ellos; sin embargo, todos hablaban muy bien de ellos."
Hch 5:14  Cada vez había más y más hombres y mujeres que creían en el Señor.
Hch 5:15  Así que sacaban a los enfermos y los acostaban en camas o en camillas para que al menos la sombra de Pedro los cubriera mientras caminaba por la calle.
Hch 5:16  "Mucha gente de los pueblos cercanos a Jerusalén traía a sus enfermos y a los atormentados por espíritus malignos, y todos fueron sanados."
Hch 5:17  El sumo sacerdote y todos sus amigos del grupo de los saduceos se llenaron de envidia.
Hch 5:18  Así que arrestaron a los apóstoles y los metieron en la cárcel.
Hch 5:19  "Pero en la noche, un ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel y los dejó salir. El ángel dijo:"
Hch 5:20  """Vayan al área del templo y cuéntenle a la gente todo el mensaje de la nueva vida""."
Hch 5:21  "Una vez oído esto, los apóstoles fueron muy temprano al área del templo y empezaron a enseñar. El sumo sacerdote y sus amigos llegaron y llamaron a los ancianos líderes de Israel para llevar a cabo una reunión del Consejo. Después mandaron traer de la cárcel a los apóstoles."
Hch 5:22  "Pero cuando los guardias llegaron a la cárcel, no encontraron a los apóstoles. Entonces regresaron e informaron lo que había pasado:"
Hch 5:23  "-Encontramos la cárcel bien asegurada y los guardias a la entrada, pero cuando entramos, la cárcel estaba vacía."
Hch 5:24  "Al oír esto, el capitán de los guardias del templo y los jefes de los sacerdotes quedaron confundidos y se preguntaban en qué terminaría todo eso."
Hch 5:25  Entonces alguien vino y les dijo: -Los hombres que ustedes metieron en la cárcel están en el área del templo enseñando a la gente.
Hch 5:26  Así que el capitán y sus hombres fueron y se los llevaron de vuelta. Los soldados no usaron la fuerza porque temían morir a pedradas por el pueblo.
Hch 5:27  "Los soldados llevaron a los apóstoles ante el Consejo, y el sumo sacerdote les dijo:"
Hch 5:28  "-Les advertimos que dejaran de enseñar sobre ese hombre, pero ¡claro, siguen en las mismas y han llenado a Jerusalén de sus enseñanzas! Ustedes están tratando de echarnos la culpa por la muerte de Jesús."
Hch 5:29  "Pero Pedro y los otros apóstoles respondieron: -Nosotros tenemos que obedecer a Dios, y no a ustedes."
Hch 5:30  "Ustedes mataron a Jesús en la cruz, pero el Dios de nuestros antepasados lo resucitó."
Hch 5:31  "Dios le dio el gran honor de sentarse a su derecha, porque ha decidido que Jesús sea nuestro Líder y Salvador. Dios hizo esto para cambiar la manera de pensar y de vivir de Israel y para perdonar sus pecados."
Hch 5:32  "Nosotros somos testigos de esto, y también lo es el Espíritu Santo que Dios ha dado a todos los que lo obedecen."
Hch 5:33  "Al oír esto, los líderes judíos se enojaron mucho y empezaron a planear cómo matar a los apóstoles."
Hch 5:34  "En la reunión estaba un fariseo, llamado Gamaliel, maestro de la ley y respetado por todo el pueblo. Él se puso de pie y pidió que sacaran a los apóstoles de la reunión,"
Hch 5:35  diciendo: -Israelitas: tengan cuidado con lo que les van a hacer a estos hombres.
Hch 5:36  "Recuerden lo que pasó con Teudas. Él decía que era un hombre muy importante y reunió como cuatrocientos hombres. Sin embargo, a él lo mataron, todos los que lo seguían se dispersaron y no pasó nada."
Hch 5:37  "Después, un tal Judas vino de Galilea en la época del censo, y él también reunió un buen número de seguidores. Con él sucedió lo mismo, lo mataron y sus seguidores se dispersaron."
Hch 5:38  "Pero ahora les digo: Aléjense de estos hombres y déjenlos en paz. Si su plan es de parte de los hombres, fallará."
Hch 5:39  "Pero si es de parte de Dios, ustedes no podrán detenerlos y resultarán peleando contra Dios. El Consejo estuvo de acuerdo con Gamaliel."
Hch 5:40  "Así que llamaron a los apóstoles, los golpearon y les ordenaron que no siguieran hablando en el nombre de Jesús. Luego los dejaron ir."
Hch 5:41  "Los apóstoles se fueron de la reunión, contentos de tener el honor de sufrir por causa del nombre de Jesús."
Hch 5:42  "Diariamente en el área del templo y en todas las casas, los apóstoles continuaban enseñando y anunciando las buenas noticias de que Jesús es el Cristo."

 


 
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