Biblia Adventista - Biblia de Estudio
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 BibliadeEstudioAdventistaHechos de los A: 02.BibliadeEstudioAdventista

La version Reina Valera 1990 con comentarios de elena White,referencias biblicas y otros complementos (Por editar)se encuentra en las subpaginas de Hechos de los Apostoles.


 

Hch 2:1  Y, al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntamente en lo mismo(a) .
Hch 2:2  Y hubo de súbito del cielo un estruendo tal como de arrastrada ráfaga violenta y llenó toda la casa donde estaban sentados;
Hch 2:3  y apareciéronseles repartidas lenguas como si de fuego; y posóse sobre cada uno de ellos.
Hch 2:4  Y llenáronse todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu dábales arengar(b) .
Hch 2:5  Y había en Jerusalén habitantes judíos, varones timoratos de toda gente de las bajo el cielo;
Hch 2:6  y hecha esta voz(c) , juntóse la muchedumbre y confundióse, pues oía cada uno que en la propia habla hablaban ellos.
Hch 2:7  Y arrobáronse y maravilláronse, diciendo: «¿Que no —he aquí— todos estos son, los que hablan, galileos?
Hch 2:8  Y ¿cómo nosotros oímos cada uno en la propia habla de nosotros en que hemos nacido:
Hch 2:9  partos, y medos; y elamitas; y los que habitan la Mesopotamia, y Judea, y Capadocia, y Ponto, y el Asia,
Hch 2:10  y Frigia y Panfilia, Egipto, y las partes de la Libia, la al través de Cirene(d) , y los peregrinantes romanos,
Hch 2:11  y judíos y prosélitos, cretenses y árabes, oímos que hablan ellos, en nuestras lenguas, las grandezas de Dios?»
Hch 2:12  Y arrobáronse todos, y vacilaban, uno a otro diciendo: «¿Qué quiere esto ser?»
Hch 2:13  Pero otros, mofándose, decían: que «de mosto henchidos están».
Hch 2:14  Pero parado Pedro con los once alzó su voz y arengóles: «Varones judíos y los que habitáis en Jerusalén todos: esto a vosotros notorio sea, y escuchad mis palabras.
Hch 2:15  Pues no, como vosotros imagináis, éstos ebrios están (pues es la hora tercia del día);
Hch 2:16  sino que esto es lo dicho por el profeta Joel: (3,1-5)
Hch 2:17  Y será en aquellos días dice Dios: derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; y vuestros jovencillos visiones verán, y vuestros ancianos ensueños soñarán;
Hch 2:18  y a fe sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu y profetizarán.
Hch 2:19  Y daré prodigios en el cielo arriba y señales sobre la tierra abajo: sangre y fuego y vapor de humo.
Hch 2:20  El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes de venir día de Señor; el grande y manifiesto(e) .
Hch 2:21  Y será: todo el que invocare el nombre de Señor, se salvará.
Hch 2:22  Varones israelitas, oíd estas palabras: a Jesús, el Nazareno, hombre declarado por Dios a vosotros con potestades, y prodigios y señales; que hizo, por él, Dios, en medio de vosotros, según vosotros mismos sabéis:
Hch 2:23  a éste, con definida voluntad y presciencia de Dios, entregado por manos de inicuos, enclavando, arrebatasteis;
Hch 2:24  a quien Dios resucitó, soltando las congojas de la muerte; según que no era posible que dominado fuera él de ella.
Hch 2:25  Pues David dice de él: (16,8-11 ) Delante veía al Señor, a mi faz, por siempre; pues a mi diestra está, porque no me estremezca,
Hch 2:26  por esto regocijóse mi corazón, y alborozóse mi lengua. y aún también mi carne habitará en esperanza;
Hch 2:27  pues no abandonarás mi alma al infierno; ni darás tu santo a ver corrupción.
Hch 2:28  Manifestásteme caminos de vida: llenarásme de regocijo con tu faz».
Hch 2:29  «Varones hermanos, lícito es decir con libre habla a vosotros, acerca del patriarca David, porque y falleció, y sepultado fue; y su tumba está en nosotros hasta este día.
Hch 2:30  Profeta, pues, siendo y sabiendo que «con juramento juróle Dios que del fruto de su lomo se sentaría sobre su trono»;
Hch 2:31  previendo, habló de la resurrección de Cristo, «porque no fue abandonado al infierno; ni su carne vio corrupción».
Hch 2:32  «A este Jesús resucitó Dios; de lo cual todos nosotros somos testigos.
Hch 2:33  Por la diestra, pues, de Dios exaltado, y la promesa del Espíritu, del Santo, recibiendo del Padre; derramó a éste(f)  que vosotros, y veis y oís.
Hch 2:34  Pues no David ascendió a los cielos; y dice él: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a diestra mía
Hch 2:35  hasta poner yo tus enemigos escabel de tus pies».
Hch 2:36  «Seguramente, pues, conozca toda casa de Israel que también Señor a él y Cristo hizo Dios(g) : a este Jesús a quien vosotros crucificasteis».
Hch 2:37  Y, oyendo, compungiéronse de corazón; y dijeron a Pedro y los demás apóstoles: «¿Qué haremos, varones hermanos?»
Hch 2:38  Y Pedro a ellos: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, en remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Santo Espíritu.
Hch 2:39  Pues para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos y para todos los a lo lejos, a cuantos hubiere a sí llamado Señor, el Dios de nosotros».
Hch 2:40  Y con otras palabras más conjuraba; y exhortábales, diciendo: «Salvaos de esta generación, la torcida».
Hch 2:41  Aquéllos, pues, que acogieron la palabra de él, bautizáronse: y agregáronse en aquel día almas como tres mil;
Hch 2:42  y estaban perseverando en la doctrina de los apóstoles y en la comunicación(h) , y la fracción del pan y las oraciones.
Hch 2:43  Y hacíase a toda alma temor; y muchos prodigios y señales por los apóstoles se hacían (y miedo había grande en todos).
Hch 2:44  Y todos los creyentes estaban en lo mismo(i)  y lo tenían todo común;
Hch 2:45  y los bienes y los haberes vendían y repartíanlos a todos, según alguno necesidad tenía;
Hch 2:46  y, cada día perseverando unánimemente en el santuario, y partiendo en casa pan, tomaban juntos alimento en júbilo y sencillez de corazón:
Hch 2:47  alabando a Dios y teniendo gracia delante de todo el pueblo. Y el Señor agregaba los que se salvaban, cada día, en lo mismo.

 


 

Hch 2:1  Cuando llegó el día de Pentecostés, estando todos juntos en un lugar,
Hch 2:2  se produjo de repente un ruido del cielo, como el de un viento impetuoso, que invadió toda la casa en que residían.
Hch 2:3  Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos,
Hch 2:4  quedando todos llenos del Espíritu Santo; y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según que el Espíritu les movía a expresarse."
Hch 2:5  Residían en Jerusalén judíos, varones piadosos, de cuantas naciones hay bajo el cielo,
Hch 2:6  y habiéndose corrido la voz, se juntó una muchedumbre que se quedó confusa al oírlos hablar cada uno en su propia lengua.
Hch 2:7  Estupefactos de admiración, decían: Todos estos que hablan, ¿no son galileos?
Hch 2:8  Pues ¿como nosotros los oímos cada uno en nuestra propia lengua, en la que hemos nacido?
Hch 2:9  Partos, medos, elamitas, los que habitan Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia,
Hch 2:10  Frigia y Panfilia, Egipto y las partes de Libia que están contra Cirene, y los forasteros romanos,
Hch 2:11  judíos y prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras propias lenguas las grandezas de Dios.
Hch 2:12  Todos, atónitos y fuera de sí, se decían unos a otros: ¿Qué es esto?
Hch 2:13  Otros, burlándose, decían: Están cargados de mosto.
Hch 2:14  Entonces se levantó Pedro con los once y, alzando la voz, les habló: Judíos y todos los habitantes de Jerusalén, oíd y prestad atención a mis palabras.
Hch 2:15  No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, pues no es aún la hora de tercia;"
Hch 2:16  esto es lo dicho por el profeta Joel:
Hch 2:17  “Y sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne, | y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, | y vuestros jóvenes verán visiones, | y vuestros ancianos soñarán sueños;"
Hch 2:18  Y sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días | y profetizarán.
Hch 2:19  Y haré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, | sangre y fuego y nubes de humo.
Hch 2:20  El sol se tornará tinieblas | y la luna sangre, [ antes que llegue el día del Señor, grande y manifiesto.
Hch 2:21  Y todo el que invocare el nombre del Señor se salvará.”
Hch 2:22  Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por El en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis,
Hch 2:23  a éste, entregado según los designios de la presciencia de Dios, le alzasteis en la cruz y le disteis muerte por mano de los infieles.
Hch 2:24  Pero Dios, rotas las ataduras de la muerte, le resucitó, por cuanto no era posible que fuera dominado por ella,
Hch 2:25  pues David dice de El: “Traía yo al Señor siempre delante de mí, porque El está a mi derecha, para que no vacile.
Hch 2:26  Por esto se regocijó mi corazón y exultó mi lengua, y hasta mi carne reposará en la esperanza.
Hch 2:27  Porque no abandonarás en el Ades mi alma, ni permitirás que tu Santo experimente la corrupción.
Hch 2:28  Me has dado a conocer los caminos de la vida, y me llenarás de alegría con tu presencia.”
Hch 2:29  Hermanos, séame permitido deciros con franqueza del patriarca David, que murió y fue sepultado, y que su sepulcro se conserva entre nosotros hasta hoy.
Hch 2:30  Pero, siendo profeta y sabiendo que le había Dios jurado solemnemente que un fruto de sus entrañas se sentaría sobre su trono,
Hch 2:31  le vio de antemano y habló de la resurrección de Cristo, que no sería abandonado en el Ades, ni vería su carne la corrupción.
Hch 2:32  A este Jesús le resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Hch 2:33  Exaltado a la diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo derramó, según vosotros veis y oís.
Hch 2:34  Porque no subió David a los cielos, antes dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra
Hch 2:35  Hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies.”
Hch 2:36  Tenga, pues, por cierto toda la casa de Israel que Dios le ha hecho Señor y Cristo a este Jesús, a quien vosotros habéis crucificado.
Hch 2:37  En oyéndole, se sintieron compungidos de corazón y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué hemos de hacer, hermanos?
Hch 2:38  Pedro les contestó: Arrepentios y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Hch 2:39  Porque para vosotros es esta promesa y para vuestros hijos, y para todos los de lejos, cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro.
Hch 2:40  Con otras muchas palabras atestiguaba y los exhortaba diciendo: Salvaos de esta generación perversa.
Hch 2:41  Ellos recibieron su palabra y se bautizaron, y se convirtieron aquel día unas tres mil almas.
Hch 2:42  Perseveraban en oír la enseñanza de los apóstoles, y en la unión, en la fracción del pan y en la oración.
Hch 2:43  Se apoderó de todos el temor a la vista de los muchos prodigios y señales que hacían los Apóstoles:
Hch 2:44  y todos los que creían vivían unidos, teniendo sus bienes en común;"
Hch 2:45  pues vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos, según la necesidad de cada uno.
Hch 2:46  Día por día, todos acordes acudían con asiduidad al templo, partían el pan en las casas y tomaban su alimento con alegría y sencillez de corazón,
Hch 2:47  alabando a Dios en medio del general favor del pueblo. Cada día el Señor iba incorporando a los que habían de ser salvos.

 


 

Hch 2:1  El día de la fiesta de Pentecostés, los seguidores de Jesús estaban reunidos en un mismo lugar.
Hch 2:2  De pronto, oyeron un ruido muy fuerte que venía del cielo. Parecía el estruendo de una tormenta, y retumbó por todo el salón.
Hch 2:3  Luego vieron que algo parecido a llamas de fuego se colocaba sobre cada uno de ellos.
Hch 2:4  Fue así como el Espíritu Santo los llenó de poder a todos ellos, y enseguida empezaron a hablar en otros idiomas. Cada uno hablaba según lo que el Espíritu Santo le indicaba.
Hch 2:5  En aquel tiempo, muchos judíos que amaban a Dios estaban de visita en Jerusalén. Habían llegado de todas las regiones del Imperio Romano.
Hch 2:6  Al oír el ruido, muchos de ellos se acercaron al salón, y se sorprendieron de que podían entender lo que decían los seguidores de Jesús.
Hch 2:7  Estaban tan admirados que se decían unos a otros: «Pero estos que están hablando, ¿acaso no son de la región de Galilea?
Hch 2:8  ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestro propio idioma?
Hch 2:9  Los que estamos aquí somos de diferentes países. Algunos somos de Partia, Media y Elam. Otros vinimos de Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia,
Hch 2:10  Frigia, Panfilia y Egipto, y de las regiones de Libia cercanas al pueblo de Cirene. Muchos han venido de Roma, otros han viajado desde la isla de Creta y desde la península de Arabia.
Hch 2:11  Algunos somos judíos de nacimiento, y otros nos hemos convertido a la religión judía. ¡Es increíble que los oigamos hablar, en nuestro propio idioma, de las maravillas de Dios!» Y no salían de su asombro, ni dejaban de preguntarse: «¿Y esto qué significa?»
Hch 2:13  Pero algunos comenzaron a burlarse de los apóstoles, y los acusaban de estar borrachos.
Hch 2:14  Pero los apóstoles se pusieron de pie, y con fuerte voz Pedro dijo: «Israelitas y habitantes de Jerusalén, escuchen bien lo que les voy a decir.
Hch 2:15  Se equivocan si creen que estamos borrachos. ¡Apenas son las nueve de la mañana!
Hch 2:16  Lo que pasa es que hoy Dios ha cumplido lo que nos prometió, cuando por medio del profeta Joel dijo:
Hch 2:17  “En los últimos tiempos les daré a todos de mi Espíritu: hombres y mujeres hablarán de parte mía; a los jóvenes les hablaré en visiones y a los ancianos, en sueños.
Hch 2:18  ”También en esos tiempos les daré de mi Espíritu a los esclavos y a las esclavas, para que hablen en mi nombre.
Hch 2:19  ”Daré muestras de mi poder en el cielo y en la tierra: habrá sangre, fuego y humo.
Hch 2:20  El sol dejará de alumbrar, y la luna se pondrá roja, como si estuviera bañada en sangre. ”Esto pasará antes de que llegue el maravilloso día en que juzgaré a este mundo.
Hch 2:21  Pero yo salvaré a todos los que me reconozcan como su Dios.”
Hch 2:22  »Escúchenme bien, porque voy a hablarles de Jesús, el que vivía en Nazaret. Todos nosotros sabemos que Dios lo envió. También sabemos que Dios le dio grandes poderes, porque lo vimos hacer grandes maravillas y señales.
Hch 2:23  »Desde el principio, Dios había decidido que Jesús sufriera, y que fuera entregado a sus enemigos. Ustedes lo ataron y lo entregaron a los romanos, para que lo mataran.
Hch 2:24  ¡Pero Dios hizo que Jesús resucitara! ¡Y es que la muerte no tenía ningún poder sobre él!
Hch 2:25  Hace mucho tiempo, el rey David dijo lo siguiente acerca de Jesús: “Yo siempre te tengo presente; si tú estás a mi lado, nada me hará caer.
Hch 2:26  Por eso estoy muy contento, por eso canto de alegría, por eso vivo confiado.
Hch 2:27  ”¡Tú no me dejarás morir ni me abandonarás en el sepulcro, pues soy tu fiel servidor!
Hch 2:28  Tú me enseñaste a vivir como a ti te gusta. Contigo a mi lado soy verdaderamente feliz.”
Hch 2:29  »Amigos israelitas, hablemos claro. Cuando David murió, fue enterrado, y todos sabemos dónde está su tumba.
Hch 2:30  Y como David era profeta, Dios le prometió que un familiar suyo sería rey de Israel.
Hch 2:31  »David sabía que Dios cumpliría su promesa. Por eso dijo que el Mesías no moriría para siempre, sino que resucitaría.
Hch 2:32  Todos nosotros somos testigos de que Dios resucitó a Jesús,
Hch 2:33  y de que luego lo llevó al cielo y lo sentó a su derecha. »Dios le dio a Jesús el Espíritu Santo. Y ahora Jesús nos ha dado ese mismo Espíritu, pues nos lo había prometido. ¡Y esto es lo que ustedes están viendo y oyendo!
Hch 2:34  »Sabemos que quien subió al cielo no fue David, pues él mismo dice: “Dios le dijo a mi Señor el Mesías: ‘Siéntate a la derecha de mi trono
Hch 2:35  hasta que yo derrote a tus enemigos.’”
Hch 2:36  »Israelitas, ustedes tienen que reconocer, de una vez por todas, que a este mismo Jesús, a quien ustedes mataron en una cruz, Dios le ha dado poder y autoridad sobre toda la humanidad.»
Hch 2:37  Todos los que oyeron estas palabras se pusieron muy tristes y preocupados. Entonces les preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: —Amigos israelitas, ¿y qué debemos hacer?
Hch 2:38  Pedro les contestó: —Pídanle perdón a Dios, vuelvan a obedecerlo, y dejen que nosotros los bauticemos en el nombre de Jesucristo. Así Dios los perdonará y les dará el Espíritu Santo.
Hch 2:39  Esta promesa es para ustedes y para sus hijos, y para todos los que nuestro Dios quiera salvar en otras partes del mundo.
Hch 2:40  Pedro siguió hablando a la gente con mucho entusiasmo. Les dijo: «Sálvense del castigo que les espera a todos los malvados.»
Hch 2:41  Ese día, unas tres mil personas creyeron en el mensaje de Pedro. Tan pronto como los apóstoles los bautizaron, todas esas personas se unieron al grupo de los seguidores de Jesús
Hch 2:42  y decidieron vivir como una gran familia. Y cada día los apóstoles compartían con ellos las enseñanzas acerca de Dios y de Jesús, y también celebraban la Cena del Señor y oraban juntos.
Hch 2:43  Al ver los milagros y las maravillas que hacían los apóstoles, la gente se quedaba asombrada.
Hch 2:44  Los seguidores de Jesús compartían unos con otros lo que tenían.
Hch 2:45  Vendían sus propiedades y repartían el dinero entre todos. A cada uno le daban según lo que necesitaba.
Hch 2:46  Además, todos los días iban al templo y celebraban la Cena del Señor, y compartían la comida con cariño y alegría.
Hch 2:47  Juntos alababan a Dios, y todos en la ciudad los querían. Cada día el Señor hacía que muchos creyeran en él y se salvaran. De ese modo, el grupo de sus seguidores se iba haciendo cada vez más grande.

 


 

Hch 2:1  Al cumplirse, pues, los días de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar,
Hch 2:2  cuando de repente sobrevino del cielo un ruido, como de viento impetuoso que soplaba, y llenó toda la casa donde estaban.
Hch 2:3  Al mismo tiempo vieron aparecer unas como lenguas de fuego, que se repartieron y se asentaron sobre cada uno de ellos.
Hch 2:4  Entonces fueron llenados todos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en diversas lenguas las palabras que el Espíritu Santo ponía en su boca.
Hch 2:5  Había a la sazón en Jerusalén , judíos piadosos, y temerosos de Dios, de todas las naciones del mundo.
Hch 2:6  Divulgado, pues, este suceso, acudió una gran multitud de ellos, y quedaron atónitos, al ver que cada uno oía hablar a los apóstoles en su propia lengua.
Hch 2:7  Así pasmados todos, y maravillados se decían unos a otros: ¿Por ventura estos que hablan, no son todos galileos, rudos e ignorantes?
Hch 2:8  Pues ¿cómo es que los oímos cada uno de nosotros hablar nuestra lengua nativa?
Hch 2:9  Partos, medos y elamitas, los moradores de Mesopotamia, de Judea, y de Capadocia, del Ponto y del Asia,
Hch 2:10  los de Frigia, de Panfilia y de Egipto, los de la Libia confinante con Cirene, los que han venido de Roma,
Hch 2:11  tanto judíos, como prosélitos, los cretenses, y los árabes, los oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios.
Hch 2:12  Estando, pues, todos llenos de admiración, y no sabiendo qué discurrir, se decían unos a otros: ¿Qué novedad es ésta?
Hch 2:13  Pero hubo algunos que se mofaban de ellos diciendo: Estos sin duda están borrachos, o llenos de mosto.
 
Hch 2:14  Entonces Pedro presentándose con los once apóstoles, levantó su voz y les habló de esta suerte: ¡Oh vosotros judíos, y todos los demás que moráis en Jerusalén !, estad atentos a lo que voy a deciros, y escuchad bien mis palabras.
Hch 2:15  No están éstos embriagados, como sospecháis vosotros, pues no es más que las nueve de la mañana;
Hch 2:16  sino que se verifica lo que dijo el profeta Joel:
Hch 2:17  Sucederá en los postreros días, dice el Señor, que yo derramaré mi espíritu sobre todos los hombres; y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; y vuestros jóvenes tendrán visiones, y vuestros ancianos revelaciones en sueños.
Hch 2:18  Sí, por cierto: yo derramaré mi espíritu sobre mis siervos, y sobre mis siervas en aquellos días, y profetizarán.
Hch 2:19  Yo haré que se vean prodigios arriba en el cielo, y portentos abajo en la tierra: sangre y fuego, y torbellinos de humo.
Hch 2:20  El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que llegue el día grande y patente del Señor.
Hch 2:21  Entonces, todos los que hayan invocado el nombre del Señor, serán salvos.
Hch 2:22  ¡Oh hijos de Israel!, escuchadme ahora: A Jesús de Nazaret, hombre autorizado por Dios a vuestros ojos, con los milagros, maravillas y prodigios que por medio de él ha hecho entre vosotros, como todos sabéis,
Hch 2:23  a este Jesús , dejado a vuestro arbitrio por una orden expresa de la voluntad de Dios y decreto de su presciencia, vosotros le habéis hecho morir, clavándole en la cruz por mano de los impíos.
Hch 2:24  Pero Dios le ha resucitado, librándole de los dolores o ataduras de la muerte, siendo como era imposible quedar él preso o detenido por ella en tal lugar.
Hch 2:25  Porque ya David en persona de él decía: Tenía siempre presente al Señor ante mis ojos; pues está siempre a mi diestra, para que no experimente ningún trastorno.
Hch 2:26  Por tanto se llenó de alegría mi corazón, y resonó mi lengua en voces de júbilo, y mi carne reposará en la esperanza:
Hch 2:27  que no dejarás mi alma en el sepulcro, ni permitirás que el cuerpo de tu Santo experimente la corrupción.
Hch 2:28  Me harás entrar otra vez en las sendas de la vida, y colmarme has de gozo con tu presencia.
Hch 2:29  Hermanos míos, permitidme que os diga con toda libertad, y sin el menor recelo: el patriarca David muerto está, y fue sepultado, y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el día de hoy;
Hch 2:30  pero como era profeta, y sabía que Dios le había prometido con juramento que uno de su descendencia se había de sentar sobre su trono,
Hch 2:31  previendo la resurrección de Cristo , dijo, que ni fue detenido en el sepulcro, ni su carne padeció corrupción.
Hch 2:32  Este Jesús es a quien Dios ha resucitado de lo que todos nosotros somos testigos.
Hch 2:33  Elevado, pues, al cielo, sentado allí a la diestra de Dios, y habiendo recibido de su Padre la promesa o potestad de enviar al Espíritu Santo, le ha derramado hoy sobre nosotros del modo que estáis viendo y oyendo.
Hch 2:34  Porque no es David el que subió al cielo; antes bien él mismo dejó escrito: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,
Hch 2:35  mientras a tus enemigos los pongo yo por tarima de tus pies.
Hch 2:36  Persuádase, pues, toda la casa de Israel, que Dios ha constituido Señor, y Cristo , a este mismo Jesús , al cual vosotros habéis crucificado.
Hch 2:37  Oído este discurso, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: Pues, hermanos, ¿qué es lo que debemos hacer?
Hch 2:38  A lo que Pedro les respondió: Haced penitencia, y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo;
Hch 2:39  porque la promesa de este don es para vosotros, y para vuestros hijos, y para todos los que ahora están lejos de la salud, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro.
Hch 2:40  Otras muchísimas razones alegó, y los amonestaba, diciendo: Poneos en salvo de entre esta generación perversa.
Hch 2:41  Aquellos, pues, que recibieron su doctrina, fueron bautizados; y se añadieron aquel día a la Iglesia cerca de tres mil personas.
Hch 2:42  Y perseveraban todos en oír las instrucciones de los apóstoles, y en la comunicación de la fracción del pan, o Eucaristía, y en la oración.
Hch 2:43  Y toda la gente estaba sobrecogida de un respetuoso temor; porque eran muchos los prodigios y milagros que hacían los apóstoles en Jerusalén , de suerte que todos universalmente estaban llenos de espanto.
Hch 2:44  Los creyentes por su parte vivían unidos entre sí, y nada tenían que no fuese común para todos ellos.
Hch 2:45  Vendían sus posesiones y demás bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.
Hch 2:46  Asistiendo asimismo cada día largos ratos al templo, unidos con un mismo espíritu, y partiendo el pan por las casas de los fieles, tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón,
Hch 2:47  alabando a Dios, y haciéndose amar de todo el pueblo. Y el Señor aumentaba cada día el número de los que abrazaban el mismo género de vida para salvarse.

 


 

Hch 2:1 

La venida del Espíritu Santo
  Cuando llegó el día de Pentecostés,(A) estaban todos unánimes juntos.
Hch 2:2  Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
Hch 2:3  y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
Hch 2:4  Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
Hch 2:5  Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.
Hch 2:6  Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
Hch 2:7  Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?
Hch 2:8  ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?
Hch 2:9  Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
Hch 2:10  en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,
Hch 2:11  cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
Hch 2:12  Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
Hch 2:13  Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

Primer discurso de Pedro
 
Hch 2:14  Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.
Hch 2:15  Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.
Hch 2:16  Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
Hch 2:17  Y en los postreros días, dice Dios,
 Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
 Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
 Vuestros jóvenes verán visiones,
 Y vuestros ancianos soñarán sueños; 
Hch 2:18  Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
 Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 
Hch 2:19  Y daré prodigios arriba en el cielo,
 Y señales abajo en la tierra,
 Sangre y fuego y vapor de humo; 
Hch 2:20  El sol se convertirá en tinieblas,
 Y la luna en sangre,
 Antes que venga el día del Señor,
 Grande y manifiesto; 
Hch 2:21  Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.(B)
Hch 2:22  Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
Hch 2:23  a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;(C)
Hch 2:24  al cual Dios levantó,(D) sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.
Hch 2:25  Porque David dice de él:
 Veía al Señor siempre delante de mí;
 Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
Hch 2:26  Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua,
 Y aun mi carne descansará en esperanza; 
Hch 2:27  Porque no dejarás mi alma en el Hades,
 Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. 
Hch 2:28  Me hiciste conocer los caminos de la vida;
 Me llenarás de gozo con tu presencia.(E)
Hch 2:29  Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
Hch 2:30  Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,(F)
Hch 2:31  viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.
Hch 2:32  A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Hch 2:33  Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
Hch 2:34  Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
 Dijo el Señor a mi Señor:
 Siéntate a mi diestra,
Hch 2:35  Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.(G)
Hch 2:36  Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
Hch 2:37  Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
Hch 2:38  Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Hch 2:39  Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Hch 2:40  Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
Hch 2:41  Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.
Hch 2:42  Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

La vida de los primeros cristianos
 
Hch 2:43  Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
Hch 2:44  Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;(H)
Hch 2:45  y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.(I)
Hch 2:46  Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
Hch 2:47  alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

 


 

Hch 2:1  Cuando se cumplió plenamente el día de pentecostés, estaban todos unánimes juntos en el mismo sitio;
Hch 2:2  y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento vehemente que venía con ímpetu , el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
Hch 2:3  y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.
Hch 2:4  Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu Santo les daba que hablasen.
Hch 2:5  (Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones religiosos, de todas las naciones que están debajo del cielo.)
Hch 2:6  Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua.
Hch 2:7  Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son galileos todos éstos que hablan?
Hch 2:8  ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en su lengua en que somos criados?
Hch 2:9  partos y medos, y elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
Hch 2:10  En Frigia y Panfilia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y romanos extranjeros, tanto judíos como convertidos,
Hch 2:11  cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
Hch 2:12  Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos a los otros: ¿Qué es esto?
Hch 2:13  Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto.
Hch 2:14  Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.
Hch 2:15  Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día;
Hch 2:16  mas esto es lo que fue dicho por el profeta Joel:
Hch 2:17  Y será en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños.
Hch 2:18  Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días, derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
Hch 2:19  Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo;
Hch 2:20  El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;
Hch 2:21  y acontecerá que todo aquel que invocare el Nombre del Señor, será salvo.
Hch 2:22  Varones Israelitas, oíd estas palabras: El Jesús Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis;
Hch 2:23  éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, tomándolo vosotros lo matasteis con manos inicuas, colgándole en un madero;
Hch 2:24  al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible ser detenido de ella.
Hch 2:25  Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque lo tengo a la diestra, no seré removido.
Hch 2:26  Por lo cual mi corazón se alegró, y mi lengua se gozó; y aun mi carne descansará en esperanza;
Hch 2:27  que no dejarás mi alma en el infierno, ni darás a tu Santo que vea corrupción.
Hch 2:28  Me hiciste notorios los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia.
Hch 2:29  Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
Hch 2:30  Así que siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado que del fruto de su lomo, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo que se sentaría sobre su trono;
Hch 2:31  viéndolo antes, habló de la resurrección del Cristo, que su alma no fue dejada en el infierno, ni su carne vio corrupción.
Hch 2:32  A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Hch 2:33  Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros ahora veis y oís.
Hch 2:34  Porque David no subió a los cielos; pero él dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,
Hch 2:35  hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
Hch 2:36  Sepa pues ciertísimamente toda la Casa de Israel, que a este Jesús que vosotros colgasteis en un madero, Dios ha hecho Señor y Cristo.
Hch 2:37  Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
Hch 2:38  Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Cristo, para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Hch 2:39  Porque a vosotros es la promesa, y a vuestros hijos, y a todos los que están lejos; a cualesquiera que el Señor nuestro Dios llamare.
Hch 2:40  Y con otras muchas palabras testificaba y los exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
Hch 2:41  Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados; y fueron añadidas a ellos aquel día como tres mil personas.
Hch 2:42  Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.
Hch 2:43  Y toda persona tenía temor; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
Hch 2:44  Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes;
Hch 2:45  Y vendían las posesiones, y las haciendas, y las repartían a todos, según la necesidad de cada uno.
Hch 2:46  Y perseverando unánimes cada día en el Templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón,
Hch 2:47  alabando a Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la Iglesia los que habían de ser salvos.

 


 

Hch 2:1  And when the day of Pentecost was fully come, they were all with one accord in one place.
Hch 2:2  And suddenly there came a sound from heaven as of a rushing mighty wind, and it filled all the house where they were sitting.
Hch 2:3  And there appeared unto them cloven tongues like as of fire, and it sat upon each of them.
Hch 2:4  And they were all filled with the Holy Ghost, and began to speak with other tongues, as the Spirit gave them utterance.
Hch 2:5  And there were dwelling at Jerusalem Jews, devout men, out of every nation under heaven.
Hch 2:6  Now when this was noised abroad, the multitude came together, and were confounded, because that every man heard them speak in his own language.
Hch 2:7  And they were all amazed and marvelled, saying one to another, Behold, are not all these which speak Galilaeans?
Hch 2:8  And how hear we every man in our own tongue, wherein we were born?
Hch 2:9  Parthians, and Medes, and Elamites, and the dwellers in Mesopotamia, and in Judaea, and Cappadocia, in Pontus, and Asia,
Hch 2:10  Phrygia, and Pamphylia, in Egypt, and in the parts of Libya about Cyrene, and strangers of Rome, Jews and proselytes,
Hch 2:11  Cretes and Arabians, we do hear them speak in our tongues the wonderful works of God.
Hch 2:12  And they were all amazed, and were in doubt, saying one to another, What meaneth this?
Hch 2:13  Others mocking said, These men are full of new wine.
Hch 2:14  But Peter, standing up with the eleven, lifted up his voice, and said unto them, Ye men of Judaea, and all ye that dwell at Jerusalem, be this known unto you, and hearken to my words:
Hch 2:15  For these are not drunken, as ye suppose, seeing it is but the third hour of the day.
Hch 2:16  But this is that which was spoken by the prophet Joel;
Hch 2:17  And it shall come to pass in the last days, saith God, I will pour out of my Spirit upon all flesh: and your sons and your daughters shall prophesy, and your young men shall see visions, and your old men shall dream dreams:
Hch 2:18  And on my servants and on my handmaidens I will pour out in those days of my Spirit; and they shall prophesy:
Hch 2:19  And I will shew wonders in heaven above, and signs in the earth beneath; blood, and fire, and vapour of smoke:
Hch 2:20  The sun shall be turned into darkness, and the moon into blood, before that great and notable day of the Lord come:
Hch 2:21  And it shall come to pass, that whosoever shall call on the name of the Lord shall be saved.
Hch 2:22  Ye men of Israel, hear these words; Jesus of Nazareth, a man approved of God among you by miracles and wonders and signs, which God did by him in the midst of you, as ye yourselves also know:
Hch 2:23  Him, being delivered by the determinate counsel and foreknowledge of God, ye have taken, and by wicked hands have crucified and slain:
Hch 2:24  Whom God hath raised up, having loosed the pains of death: because it was not possible that he should be holden of it.
Hch 2:25  For David speaketh concerning him, I foresaw the Lord always before my face, for he is on my right hand, that I should not be moved:
Hch 2:26  Therefore did my heart rejoice, and my tongue was glad; moreover also my flesh shall rest in hope:
Hch 2:27  Because thou wilt not leave my soul in hell, neither wilt thou suffer thine Holy One to see corruption.
Hch 2:28  Thou hast made known to me the ways of life; thou shalt make me full of joy with thy countenance.
Hch 2:29  Men and brethren, let me freely speak unto you of the patriarch David, that he is both dead and buried, and his sepulchre is with us unto this day.
Hch 2:30  Therefore being a prophet, and knowing that God had sworn with an oath to him, that of the fruit of his loins, according to the flesh, he would raise up Christ to sit on his throne;
Hch 2:31  He seeing this before spake of the resurrection of Christ, that his soul was not left in hell, neither his flesh did see corruption.
Hch 2:32  This Jesus hath God raised up, whereof we all are witnesses.
Hch 2:33  Therefore being by the right hand of God exalted, and having received of the Father the promise of the Holy Ghost, he hath shed forth this, which ye now see and hear.
Hch 2:34  For David is not ascended into the heavens: but he saith himself, The LORD said unto my Lord, Sit thou on my right hand,
Hch 2:35  Until I make thy foes thy footstool.
Hch 2:36  Therefore let all the house of Israel know assuredly, that God hath made that same Jesus, whom ye have crucified, both Lord and Christ.
Hch 2:37  Now when they heard this, they were pricked in their heart, and said unto Peter and to the rest of the apostles, Men and brethren, what shall we do?
Hch 2:38  Then Peter said unto them, Repent, and be baptized every one of you in the name of Jesus Christ for the remission of sins, and ye shall receive the gift of the Holy Ghost.
Hch 2:39  For the promise is unto you, and to your children, and to all that are afar off, even as many as the Lord our God shall call.
Hch 2:40  And with many other words did he testify and exhort, saying, Save yourselves from this untoward generation.
Hch 2:41  Then they that gladly received his word were baptized: and the same day there were added unto them about three thousand souls.
Hch 2:42  And they continued stedfastly in the apostles' doctrine and fellowship, and in breaking of bread, and in prayers.
Hch 2:43  And fear came upon every soul: and many wonders and signs were done by the apostles.
Hch 2:44  And all that believed were together, and had all things common;
Hch 2:45  And sold their possessions and goods, and parted them to all men, as every man had need.
Hch 2:46  And they, continuing daily with one accord in the temple, and breaking bread from house to house, did eat their meat with gladness and singleness of heart,
Hch 2:47  Praising God, and having favour with all the people. And the Lord added to the church daily such as should be saved.

 


 

Hch 2:1  Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.
Hch 2:2  De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban.
Hch 2:3  Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos;
Hch 2:4  quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
Hch 2:5  Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo.
Hch 2:6  Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua.
Hch 2:7  Estupefactos y admirados decían: «¿Es que no son galileos todos estos que están hablando?
Hch 2:8  Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa?
Hch 2:9  Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia,
Hch 2:10  Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos,
Hch 2:11  judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.»
Hch 2:12  Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto?»
Hch 2:13  Otros en cambio decían riéndose: «¡Están llenos de mosto!»
Hch 2:14  Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: «Judíos y habitantes todos de Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras:
Hch 2:15  No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día,
Hch 2:16  sino que es lo que dijo el profeta:
Hch 2:17  = Sucederá = en los últimos días, dice Dios: = Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, = y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños. =
Hch 2:18  = Y yo sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu. =
Hch 2:19  = Haré prodigios = arriba = en el cielo = y señales abajo = en la tierra. =
Hch 2:20  = El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de que llegue el Día grande del Señor. =
Hch 2:21  = Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. =
Hch 2:22  «Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazoreo, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis,
Hch 2:23  a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos;
Hch 2:24  a éste, pues, Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades, pues no era posible que quedase bajo su dominio;
Hch 2:25  porque dice de él David: = Veía constantemente al Señor delante de mí, puesto que está a mi derecha, para que no vacile. =
Hch 2:26  = Por eso se ha alegrado mi corazón y se ha alborozado mi lengua, y hasta mi carne reposará en la esperanza =
Hch 2:27  = de que no abandonarás mi alma en el Hades ni permitirás que tu santo experimente la corrupción. =
Hch 2:28  = Me has hecho conocer caminos de vida, me llenarás de gozo con tu rostro. =
Hch 2:29  «Hermanos, permitidme que os diga con toda libertad cómo el patriarca David murió y fue sepultado y su tumba permanece entre nosotros hasta el presente.
Hch 2:30  Pero como él era profeta y sabía que Dios = le había asegurado = con juramento = que se sentaría en su trono un descendiente de su sangre, =
Hch 2:31  vio a lo lejos y habló de la resurrección de Cristo, que = ni fue abandonado en el Hades = ni su carne = experimentó la corrupción. =
Hch 2:32  A este Jesús Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos.
Hch 2:33  Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís.
Hch 2:34  Pues David no subió a los cielos y sin embargo dice: = Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra =
Hch 2:35  = hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies. =
Hch 2:36  «Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado.»
Hch 2:37  Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué hemos de hacer, hermanos?»
Hch 2:38  Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo;
Hch 2:39  pues la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y = para = todos = los que están lejos, = para cuantos = llame el Señor = Dios nuestro.»
Hch 2:40  Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: «Salvaos de esta generación perversa.»
Hch 2:41  Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas 3.000 almas.
Hch 2:42  Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.
Hch 2:43  El temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales.
Hch 2:44  Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común;
Hch 2:45  vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno.
Hch 2:46  Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.
Hch 2:47  Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar.

 


 

Hch 2:1  Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, [1] todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar.
Hch 2:2  De repente, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde ellos estaban.
Hch 2:3  y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron, y sobre cada uno de ellos se asentó una.
Hch 2:4  y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran.
Hch 2:5  Vivían en Jerusalén judíos cumplidores de sus deberes religiosos, que habían venido de todas partes del mundo.
Hch 2:6  La gente se reunió al oír aquel ruido, y no sabía qué pensar, porque cada uno oía a los creyentes hablar en su propia lengua. [2]
Hch 2:7  Eran tales su sorpresa y su asombro, que decían:
 –¿Acaso no son galileos todos estos que están hablando?
Hch 2:8  ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestras propias lenguas?
Hch 2:9  Aquí hay gente de Partia, de Media, de Elam, de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del Ponto y de la provincia de Asia,
Hch 2:10  de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene. Hay también gente de Roma que vive aquí;
Hch 2:11  unos son judíos de nacimiento y otros se han convertido al judaísmo. También los hay venidos de Creta y de Arabia. ¡Y los oímos hablar en nuestras propias lenguas de las maravillas de Dios!
Hch 2:12  Todos estaban asombrados y sin saber qué pensar; y se preguntaban:
 –¿Qué significa todo esto?
Hch 2:13  Pero algunos, burlándose, decían:
 –¡Es que están borrachos!
Hch 2:14  Entonces Pedro se puso de pie junto con los otros once apóstoles, y con voz fuerte dijo: "Judíos y todos los que viven en Jerusalén, sepan ustedes esto y oigan bien lo que les voy a decir.
Hch 2:15  Estos no están borrachos como ustedes creen, y a que apenas son las nueve de la mañana.
Hch 2:16  Al contrario, aquí está sucediendo lo que anunció el profeta Joel, cuando dijo:
 
Hch 2:17  'Sucederá que en los últimos días,
dice Dios,
derramaré mi Espíritu
sobre toda la humanidad;
los hijos e hijas de ustedes
comunicarán mensajes proféticos,
los jóvenes tendrán visiones,
y los viejos tendrán sueños.
 
Hch 2:18  También sobre mis siervos y siervas
derramaré mi Espíritu en aquellos días,
y comunicarán mensajes proféticos.
 
Hch 2:19  En el cielo mostraré grandes maravillas,
y sangre, fuego y nubes de humo
en la tierra.
 
Hch 2:20  El sol se volverá oscuridad,
y la luna como sangre,
antes que llegue el día del Señor,
día grande y glorioso.
 
Hch 2:21  Pero todos los que invoquen
el nombre del Señor,
alcanzarán la salvación. '[3]
Hch 2:22  "Escuchen, pues, israelitas, lo que voy a decir: Como ustedes saben muy bien, Dios demostró ante ustedes la autoridad de Jesús de Nazaret, haciendo por medio de él grandes maravillas, milagros y señales.
Hch 2:23  y a ese hombre, que conforme a los planes y propósitos de Dios fue entregado, ustedes lo mataron, crucificándolo por medio de hombres malvados.
Hch 2:24  Pero Dios lo resucitó, liberándolo de los dolores de la muerte, porque la muerte no podía tenerlo dominado.
Hch 2:25  El rey David, refiriéndose a Jesús, dijo:
'Yo veía siempre al Señor delante de mí;
con él a mi derecha, nada me hará caer.
 
Hch 2:26  Por eso se alegra mi corazón,
y mi lengua canta llena de gozo.
Todo mi ser vivirá confiadamente,
 
Hch 2:27  porque no me dejarás en el sepulcro
ni permitirás que se descomponga
el cuerpo de tu santo siervo.
 
Hch 2:28  Me mostraste el camino de la vida,
y me llenarás de alegría
con tu presencia. '[4]
Hch 2:29  "Hermanos, permítanme decirles con franqueza que el patriarca David murió y fue enterrado, y que su sepulcro está todavía entre nosotros.
Hch 2:30  Pero David era profeta, y sabía que Dios le había prometido con juramento que pondría por rey a uno de sus descendientes. [5]
Hch 2:31  Así que, viendo anticipadamente la resurrección del Mesías, David habló de ella y dijo que el Mesías no se quedaría en el sepulcro ni su cuerpo se descompondría.
Hch 2:32  Pues bien, Dios ha resucitado a ese mismo Jesús, y de ello todos nosotros somos testigos.
Hch 2:33  Después de haber sido enaltecido y colocado por Dios a su derecha y de haber recibido del Padre el Espíritu Santo que nos había prometido, él a su vez lo derramó sobre nosotros. Eso es lo que ustedes han visto y oído.
Hch 2:34  Porque no fue David quien subió al cielo; pues él mismo dijo:
'El Señor dijo a mi Señor:
Siéntate a mi derecha,
 
Hch 2:35  hasta que yo haga de tus enemigos
el estrado de tus pies. '[6]
Hch 2:36  "Sepa todo el pueblo de Israel, con toda seguridad, que a este mismo Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías."
Hch 2:37  Cuando los allí reunidos oyeron esto, se afligieron profundamente, y preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles:
 –Hermanos, ¿qué debemos hacer?
Hch 2:38  Pedro les contestó:
 –Vuélvanse a Dios y bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo, para que Dios les perdone sus pecados, y así él les dará el Espíritu Santo.
Hch 2:39  Porque esta promesa es para ustedes y para sus hijos, y también para todos los que están lejos; es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar.
Hch 2:40  Con estas y otras palabras, Pedro les habló y les aconsejó, diciéndoles:
 –¡Apártense de esta gente perversa!
Hch 2:41  Así pues, los que hicieron caso de su mensaje fueron bautizados; y aquel día se agregaron a los creyentes unas tres mil personas.
Hch 2:42  y eran fieles en conservar la enseñanza de los apóstoles, en compartir lo que tenían, en reunirse para partir el pan[7]
 y en la oración.
Hch 2:43  Todos estaban asombrados a causa de los muchos milagros y señales que Dios hacía por medio de los apóstoles.
Hch 2:44  Todos los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí;
Hch 2:45  vendían sus propiedades y todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno.
Hch 2:46  Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón.
Hch 2:47  Alababan a Dios y eran estimados por todos; y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación.

 


 

Hch 2:1  Ahora bien, mientras estaba en progreso el día [de la fiesta] del Pentecostés, todos se hallaban juntos en el mismo lugar,
Hch 2:2  y de repente ocurrió desde el cielo un ruido exactamente como el de una brisa impetuosa y fuerte, y llenó toda la casa en la cual estaban sentados.
Hch 2:3  Y lenguas como de fuego se les hicieron visibles y fueron distribuidas en derredor, y una se asentó sobre cada uno de ellos,
Hch 2:4  y todos se llenaron de espíritu santo y comenzaron a hablar en lenguas diferentes, así como el espíritu les concedía expresarse.
Hch 2:5  Sucedía que moraban en Jerusalén judíos, varones reverentes, de toda nación de las que hay bajo el cielo.
Hch 2:6  De modo que, cuando este sonido ocurrió, la multitud se juntó, y se azoraron, porque cada uno los oía hablar en su propio lenguaje.
Hch 2:7  En verdad, estaban pasmados, y empezaron a admirarse y a decir: “Pues miren, todos estos que están hablando son galileos, ¿verdad?
Hch 2:8  Y sin embargo, ¿cómo es que oímos, cada uno de nosotros, nuestro propio lenguaje en que nacimos?
Hch 2:9  Partos y medos y elamitas, y los habitantes de Mesopotamia, y de Judea y de Capadocia, de Ponto y del [distrito de] Asia,
Hch 2:10  y de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las partes de Libia, que está hacia Cirene, y residentes temporales procedentes de Roma, tanto judíos como prosélitos,
Hch 2:11  cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas acerca de las cosas magníficas de Dios”.
Hch 2:12  Sí, todos estaban pasmados y perplejos, y se decían unos a otros: “¿Qué querrá decir esto?”.
Hch 2:13  Sin embargo, otros se mofaban de ellos y decían: “Están llenos de vino dulce”.
Hch 2:14  Pero Pedro se puso de pie con los once y levantó la voz y les hizo esta expresión: “Varones de Judea y todos ustedes los que son habitantes de Jerusalén, séales conocido esto, y presten oído a mis dichos.
Hch 2:15  Estos, de hecho, no están borrachos, como suponen ustedes, pues es la hora tercera del día.
Hch 2:16  Por el contrario, esto es lo que se dijo por medio del profeta Joel:
Hch 2:17  ‘“Y en los últimos días —dice Dios— derramaré algo de mi espíritu sobre toda clase de carne, y sus hijos y sus hijas profetizarán, y sus jóvenes verán visiones y sus viejos soñarán sueños;
Hch 2:18  y aun sobre mis esclavos y sobre mis esclavas derramaré algo de mi espíritu en aquellos días, y profetizarán.
Hch 2:19  Y daré portentos presagiosos en el cielo arriba y señales en la tierra abajo, sangre y fuego y neblina de humo;
Hch 2:20  el sol será convertido en oscuridad y la luna en sangre antes que llegue el grande e ilustre día de Jehová.
Hch 2:21  Y todo el que invoque el nombre de Jehová será salvo”’.
Hch 2:22  ”Varones de Israel, oigan estas palabras: A Jesús el Nazareno, varón públicamente mostrado por Dios a ustedes mediante obras poderosas y portentos presagiosos y señales que Dios hizo mediante él en medio de ustedes, así como ustedes mismos lo saben,
Hch 2:23  a este [hombre], como uno entregado por el consejo determinado y presciencia de Dios, ustedes lo fijaron en un madero por mano de desaforados, y lo eliminaron.
Hch 2:24  Pero Dios lo resucitó desatando los dolores de la muerte, porque no era posible que él continuara retenido por ella.
Hch 2:25  Porque David dice tocante a él: ‘Tenía a Jehová constantemente ante mis ojos; porque está a mi diestra para que yo nunca sea sacudido.
Hch 2:26  A causa de esto se alegró mi corazón y se regocijó mucho mi lengua. Además, hasta mi carne residirá en esperanza;
Hch 2:27  porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que el que te es leal vea corrupción.
Hch 2:28  Me has dado a conocer los caminos de la vida, me llenarás de alegría con tu rostro’.
Hch 2:29  ”Varones, hermanos, es permisible hablarles con franqueza de expresión respecto al cabeza de familia David, que falleció y también fue sepultado, y su tumba está entre nosotros hasta este día.
Hch 2:30  Por lo tanto, porque era profeta y sabía que Dios le había jurado con juramento que sentaría a uno del fruto de sus lomos sobre su trono,
Hch 2:31  vio de antemano y habló respecto a la resurrección del Cristo, que ni fue abandonado en el Hades ni su carne vio corrupción.
Hch 2:32  A este Jesús lo resucitó Dios, del cual hecho todos nosotros somos testigos.
Hch 2:33  Por eso, debido a que fue ensalzado a la diestra de Dios y recibió del Padre el espíritu santo prometido, él ha derramado esto que ustedes ven y oyen.
Hch 2:34  De hecho, David no ascendió a los cielos, sino que él mismo dice: ‘Jehová dijo a mi Señor: “Siéntate a mi diestra,
Hch 2:35  hasta que coloque a tus enemigos como banquillo para tus pies”’.
Hch 2:36  Por lo tanto, sepa con certeza toda la casa de Israel que Dios lo hizo Señor y también Cristo, a este Jesús a quien ustedes fijaron en un madero”.
Hch 2:37  Ahora bien, cuando aquellos oyeron esto se sintieron heridos en el corazón, y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: “Varones, hermanos, ¿qué haremos?”.
Hch 2:38  Pedro les [dijo]: “Arrepiéntanse, y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán la dádiva gratuita del espíritu santo.
Hch 2:39  Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos y para todos los que están lejos, para cuantos llame a sí Jehová nuestro Dios”.
Hch 2:40  Y con muchas otras palabras dio testimonio cabal y siguió exhortándolos, diciendo: “Sálvense de esta generación torcida”.
Hch 2:41  Por lo tanto, los que abrazaron su palabra de buena gana fueron bautizados, y en aquel día unas tres mil almas fueron añadidas.
Hch 2:42  Y continuaron dedicándose a la enseñanza de los apóstoles y a compartir [unos con otros], a tomar comidas y a oraciones.
Hch 2:43  En realidad, empezó a sobrevenirle temor a toda alma, y muchos portentos presagiosos y señales ocurrían mediante los apóstoles.
Hch 2:44  Todos los que se hacían creyentes estaban juntos, teniendo todas las cosas en común,
Hch 2:45  y se pusieron a vender sus posesiones y propiedades y a distribuir el [producto] a todos, según la necesidad que cualquiera tuviera.
Hch 2:46  Y día tras día asistían constantemente y de común acuerdo al templo, y tomaban sus comidas en hogares particulares y participaban del alimento con gran regocijo y sinceridad de corazón,
Hch 2:47  alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Al mismo tiempo, Jehová continuó uniendo diariamente a ellos los que se iban salvando.

 


 

Hch 2:1  El día de la fiesta de Pentecostés, los seguidores de Jesús estaban reunidos en un mismo lugar.
Hch 2:2  De pronto, oyeron un ruido muy fuerte que venía del cielo. Parecía el estruendo de una tormenta, y retumbó por todo el salón.
Hch 2:3  Luego vieron que algo parecido a llamas de fuego se colocaba sobre cada uno de ellos.
Hch 2:4  Fue así como el Espíritu Santo los llenó de poder a todos ellos, y enseguida empezaron a hablar en otros idiomas. Cada uno hablaba según lo que el Espíritu Santo le indicaba.
Hch 2:5  En aquel tiempo, muchos judíos que amaban a Dios estaban de visita en Jerusalén. Habían llegado de todas las regiones del Imperio Romano.
Hch 2:6  Al oír el ruido, muchos de ellos se acercaron al salón, y se sorprendieron de que podían entender lo que decían los seguidores de Jesús.
Hch 2:7  Estaban tan admirados que se decían unos a otros: «Pero estos que están hablando, ¿acaso no son de la región de Galilea?
Hch 2:8  ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestro propio idioma?
Hch 2:9  Los que estamos aquí somos de diferentes países. Algunos somos de Partia, Media y Elam. Otros vinimos de Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia,
Hch 2:10  Frigia, Panfilia y Egipto, y de las regiones de Libia cercanas al pueblo de Cirene. Muchos han venido de Roma, otros han viajado desde la isla de Creta y desde la península de Arabia.
Hch 2:11  Algunos somos judíos de nacimiento, y otros nos hemos convertido a la religión judía. ¡Es increíble que los oigamos hablar, en nuestro propio idioma, de las maravillas de Dios!» Y no salían de su asombro, ni dejaban de preguntarse: «¿Y esto qué significa?»
Hch 2:13  Pero algunos comenzaron a burlarse de los apóstoles, y los acusaban de estar borrachos.
Hch 2:14  Pero los apóstoles se pusieron de pie, y con fuerte voz Pedro dijo: «Israelitas y habitantes de Jerusalén, escuchen bien lo que les voy a decir.
Hch 2:15  Se equivocan si creen que estamos borrachos. ¡Apenas son las nueve de la mañana!
Hch 2:16  Lo que pasa es que hoy Dios ha cumplido lo que nos prometió, cuando por medio del profeta Joel dijo:
Hch 2:17  “En los últimos tiempos les daré a todos de mi Espíritu: hombres y mujeres hablarán de parte mía; a los jóvenes les hablaré en visiones y a los ancianos, en sueños.
Hch 2:18  ”También en esos tiempos les daré de mi Espíritu a los esclavos y a las esclavas, para que hablen en mi nombre.
Hch 2:19  ”Daré muestras de mi poder en el cielo y en la tierra: habrá sangre, fuego y humo.
Hch 2:20  El sol dejará de alumbrar, y la luna se pondrá roja, como si estuviera bañada en sangre. ”Esto pasará antes de que llegue el maravilloso día en que juzgaré a este mundo.
Hch 2:21  Pero yo salvaré a todos los que me reconozcan como su Dios.”
Hch 2:22  »Escúchenme bien, porque voy a hablarles de Jesús, el que vivía en Nazaret. Todos nosotros sabemos que Dios lo envió. También sabemos que Dios le dio grandes poderes, porque lo vimos hacer grandes maravillas y señales.
Hch 2:23  »Desde el principio, Dios había decidido que Jesús sufriera, y que fuera entregado a sus enemigos. Ustedes lo ataron y lo entregaron a los romanos, para que lo mataran.
Hch 2:24  ¡Pero Dios hizo que Jesús resucitara! ¡Y es que la muerte no tenía ningún poder sobre él!
Hch 2:25  Hace mucho tiempo, el rey David dijo lo siguiente acerca de Jesús: “Yo siempre te tengo presente; si tú estás a mi lado, nada me hará caer.
Hch 2:26  Por eso estoy muy contento, por eso canto de alegría, por eso vivo confiado.
Hch 2:27  ”¡Tú no me dejarás morir ni me abandonarás en el sepulcro, pues soy tu fiel servidor!
Hch 2:28  Tú me enseñaste a vivir como a ti te gusta. Contigo a mi lado soy verdaderamente feliz.”
Hch 2:29  »Amigos israelitas, hablemos claro. Cuando David murió, fue enterrado, y todos sabemos dónde está su tumba.
Hch 2:30  Y como David era profeta, Dios le prometió que un familiar suyo sería rey de Israel.
Hch 2:31  »David sabía que Dios cumpliría su promesa. Por eso dijo que el Mesías no moriría para siempre, sino que resucitaría.
Hch 2:32  Todos nosotros somos testigos de que Dios resucitó a Jesús,
Hch 2:33  y de que luego lo llevó al cielo y lo sentó a su derecha. »Dios le dio a Jesús el Espíritu Santo. Y ahora Jesús nos ha dado ese mismo Espíritu, pues nos lo había prometido. ¡Y esto es lo que ustedes están viendo y oyendo!
Hch 2:34  »Sabemos que quien subió al cielo no fue David, pues él mismo dice: “Dios le dijo a mi Señor el Mesías: ‘Siéntate a la derecha de mi trono
Hch 2:35  hasta que yo derrote a tus enemigos.’”
Hch 2:36  »Israelitas, ustedes tienen que reconocer, de una vez por todas, que a este mismo Jesús, a quien ustedes mataron en una cruz, Dios le ha dado poder y autoridad sobre toda la humanidad.»
Hch 2:37  Todos los que oyeron estas palabras se pusieron muy tristes y preocupados. Entonces les preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: —Amigos israelitas, ¿y qué debemos hacer?
Hch 2:38  Pedro les contestó: —Pídanle perdón a Dios, vuelvan a obedecerlo, y dejen que nosotros los bauticemos en el nombre de Jesucristo. Así Dios los perdonará y les dará el Espíritu Santo.
Hch 2:39  Esta promesa es para ustedes y para sus hijos, y para todos los que nuestro Dios quiera salvar en otras partes del mundo.
Hch 2:40  Pedro siguió hablando a la gente con mucho entusiasmo. Les dijo: «Sálvense del castigo que les espera a todos los malvados.»
Hch 2:41  Ese día, unas tres mil personas creyeron en el mensaje de Pedro. Tan pronto como los apóstoles los bautizaron, todas esas personas se unieron al grupo de los seguidores de Jesús
Hch 2:42  y decidieron vivir como una gran familia. Y cada día los apóstoles compartían con ellos las enseñanzas acerca de Dios y de Jesús, y también celebraban la Cena del Señor y oraban juntos.
Hch 2:43  Al ver los milagros y las maravillas que hacían los apóstoles, la gente se quedaba asombrada.
Hch 2:44  Los seguidores de Jesús compartían unos con otros lo que tenían.
Hch 2:45  Vendían sus propiedades y repartían el dinero entre todos. A cada uno le daban según lo que necesitaba.
Hch 2:46  Además, todos los días iban al templo y celebraban la Cena del Señor, y compartían la comida con cariño y alegría.
Hch 2:47  Juntos alababan a Dios, y todos en la ciudad los querían. Cada día el Señor hacía que muchos creyeran en él y se salvaran. De ese modo, el grupo de sus seguidores se iba haciendo cada vez más grande.

 


 

Hch 2:1  La Festividad de Shavuot completamente llegó (por la cuenta del omer), y todos los creyentes se reunieron en un lugar.
Hch 2:2  De repente vino un estruendo del cielo como el rugido de un viento violento, y llenó toda la casa donde estaban sentados.[8]
Hch 2:3  Entonces vieron lo que lucía como llamas de fuego que se separaban, y se posaron sobre cada uno de ellos.[9]
Hch 2:4  Todos fueron llenos del Ruaj HaKodesh, y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Ruaj les habilitaba para expresarse.
Hch 2:5  Ahora bien, en Yerushalayim se estaban quedando Judíos,[10] hombres devotos, de todas las naciones bajo el cielo.[11]
Hch 2:6  Cuando oyeron este estruendo, una multitud se aglomeró; y quedaron confundidos, porque cada uno oyó a los creyentes hablar en su propio idioma.
Hch 2:7  Totalmente sorprendidos, preguntaron: "¿Cómo es esto posible? ¿No son todos estos, los que están hablando, de Galil?
Hch 2:8  ¿Cómo es que oímos hablar en nuestras lenguas nativas?
Hch 2:9  ¡Nosotros somos partos, medos, elamitas; residentes de Mesopotamia, Yahudáh, Capadocia, Ponto, Asia,
Hch 2:10  Frigia, Panfilia, Mitzrayim, partes de Libia cerca de Cirene; visitantes de Roma;
Hch 2:11  ¡Judíos de nacimiento y prosélitos; Judíos cretenses y árabes...! ¿Cómo es que oímos que hablan en nuestros propios idiomas acerca de las grandes cosas que Elohim ha hecho?"
Hch 2:12  Atónitos y confundidos, todos se preguntaban: "¿Qué querrá decir esto?"
Hch 2:13  Pero otros se burlaban de ellos, diciendo: "¡Han bebido mucho vino!"
Hch 2:14  Entonces Kefa se levantó con los Once y alzó su voz para dirigirse a ellos: "¡Ustedes Yahudim, y todos los que se están quedando en Yerushalayim! ¡Dejen que les diga lo que esto significa! ¡Escuchen con mucho cuidado![12]
Hch 2:15  "Estas personas no están borrachas, como ustedes suponen; sólo son las nueve de la mañana.
Hch 2:16  No, esto es lo que fue dicho por el profeta Yoel:
Hch 2:17  'YAHWEH dice: "En los últimos días, derramaré de mi Ruaj sobre todos. Sus hijos e hijas profetizarán, [13] y sus hombres jóvenes verán visiones, sus ancianos soñarán sueños.
Hch 2:18  Y hasta sobre mis esclavos, tanto hombres como mujeres, derramaré de mi Ruaj en aquellos días; y ellos profetizarán.
Hch 2:19  Haré milagros arriba en el firmamento y señales abajo en la tierra: sangre, fuego y humo denso.
Hch 2:20  El sol se tornará oscuro, y la luna ensangrentada, antes de que llegue el gran y temeroso Día de YAHWEH.[14]
Hch 2:21  Entonces todo aquel que invoque El Nombre de YAHWEH, será salvo.'"[15] [Jl 2:28-32]
Hch 2:22  "¡Hombres de Yisra'el![16] ¡Escuchen esto! Yahshúa de Netzaret fue un hombre que por sus poderosas obras, milagros y señales que YAHWEH hizo por medio de El en presencia de ustedes, ha sido demostrado que ha venido de YAHWEH. Ustedes mismos saben esto.
Hch 2:23  Este hombre fue arrestado de acuerdo con el plan predeterminado y conocido de antemano por YAHWEH; y por medio de acciones de personas que no se sujetaron a la Toráh.[17] ¡Ustedes le clavaron a la estaca y le mataron!
Hch 2:24  "Pero YAHWEH lo ha resucitado y lo ha librado de los sufrimientos de la muerte. Era imposible que la muerte mantuviera sus garras sobre El.
Hch 2:25  Porque David dice esto en cuanto a El: 'Siempre vi a YAHWEH ante mí, porque está a mi mano derecha, para que Yo no sea estremecido.
Hch 2:26  Por esta razón mi corazón está contento; y mi lengua se regocija; y ahora, también mi cuerpo vivirá en una esperanza cierta;
Hch 2:27  Porque no me abandonarás al Sheol ni permitirás que el HaKadosh vea corrupción.
Hch 2:28  Me hiciste conocer las sendas de vida; me llenarás de alegría con tu presencia.' [Sal 16:8-11]
Hch 2:29  "Hermanos, yo sé que puedo decirles francamente que el Pa triarca David murió y fue sepultado; su sepulcro está con nosotros hasta este día.[18]
Hch 2:30  Por lo tanto, puesto que él era profeta, y sabía que YAHWEH le había asegurado con juramento, que uno de su zera se sentaría en su trono;
Hch 2:31  hablaba de antemano de la resurrección del Mashíaj, que iba a ser éste quien no sería abandonado en el Sheol y cuya carne no vería corrupción.
Hch 2:32  ¡YAHWEH levantó a Yahshúa! ¡Y todos nosotros somos testigos de esto![19]
Hch 2:33  "Además, El ha sido exaltado a la mano derecha de YAHWEH, ha recibido del Padre lo que El prometió, a saber, el Ruaj HaKodesh; y ha derramado este don que ustedes están viendo y oyendo.
Hch 2:34  Porque David no ascendió al cielo, pero él dice:
Hch 2:35  'YAHWEH dijo a mi Adón, "Siéntate a mi mano derecha hasta que haga de tus enemigos un estrado para tus pies.'"[Sal 110:1]
Hch 2:36  Por lo tanto, que toda la casa de Yisra'el sepa sin duda alguna que YAHWEH le ha hecho tanto Adón, como Mashíaj a este Yahshúa.[20] ¡A quien ustedes ejecutaron en la estaca!"
Hch 2:37  Al oír esto, fue como punzarles el corazón, y dijeron a Kefa y a los otros emisarios: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?"
Hch 2:38  Kefa les respondió: "¡Vuélvanse de sus pecados [teshuvah], regresen a YAHWEH, y sea cada uno de ustedes sumergido en la autoridad de Yahshúa Ha Mashíaj para perdón de sus pecados; y recibirán el don del Ruaj HaKodesh!
Hch 2:39  ¡Porque la promesa es para ustedes, para sus hijos, para aquellos lejos, y para cuantos como YAHWEH nuestro Elohim llame!"[21]
Hch 2:40  El expuso su caso con muchos otros argumentos y se mantenía suplicándoles: "¡Sálvense de esta generación perversa!"
Hch 2:41  Por tanto, aquellos que aceptaron lo que él dijo, fueron sumergidos, y aquel día fueron añadidos al grupo alrededor de tres mil personas.[22]
Hch 2:42  Ellos continuaban llenos de fidelidad con la enseñanza de los emisarios, en compañerismo partiendo el pan y en oraciones.[23]
Hch 2:43  Todos fueron llenos de temor, y muchos milagros y señales eran hechos por medio de los emisarios.
Hch 2:44  Todos aquellos que confiaron en Yahshúa permanecieron juntos y tenían todo en común;
Hch 2:45  de hecho, vendieron sus propiedades y bienes, y distribuyeron el dinero a todos los necesitados.
Hch 2:46  Continuaban con llenura de fe y con unidad de propósito; se reunían en el patio del Templo diariamente,[24] partían el pan en las casas, compartían sus comidas con alegría y sencillez de corazón,
Hch 2:47  alabando a YAHWEH, y teniendo el respeto de todo el pueblo. Y día a día el Adón les añadía a ellos los que estaban siendo salvos.

 


 

Hch 2:1  "Cuando llegó el día de Pentecostés, todos estaban reunidos en un mismo lugar."
Hch 2:2  "De repente, vino del cielo un ruido, como de un viento muy fuerte, que llenó toda la casa."
Hch 2:3  Vieron algo parecido a llamas de fuego que se separaron y se colocaron sobre cada uno de los que estaban allí.
Hch 2:4  Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en diferentes idiomas por el poder que les daba el Espíritu.
Hch 2:5  En Jerusalén estaban viviendo fieles judíos que habían venido de todas partes del mundo.
Hch 2:6  "Al oír el ruido, se reunió una multitud, y estaban confundidos porque cada uno los oía hablar en su propio idioma."
Hch 2:7  "Muy sorprendidos y llenos de asombro, decían: ""Todos estos son de Galilea,"
Hch 2:8  pero cada uno de nosotros los oye hablar en nuestro propio idioma. ¿Cómo es posible eso? Somos de diferentes partes del mundo:
Hch 2:9  "Partia, Media, Elam, Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia,"
Hch 2:10  "Frigia, Panfilia, Egipto, el área de Libia cerca de la ciudad de Cirene, Roma,"
Hch 2:11  "Creta y Arabia. Algunos de nosotros somos judíos y otros nos hemos convertido al judaísmo. Venimos de todos esos países, ¡pero los escuchamos hablar las maravillas de Dios en nuestro propio idioma!"""
Hch 2:12  "Todos estaban sorprendidos y asombrados, y se preguntaban: ""¿Qué está pasando?"""
Hch 2:13  "En cambio, otros se burlaban, diciendo: ""Esos están borrachos""."
Hch 2:14  "Entonces Pedro se puso de pie junto con los otros once apóstoles y alzó la voz para que todos lo escucharan: ""Hermanos judíos y todos aquellos que viven en Jerusalén, escuchen con cuidado porque tengo algo que decirles."
Hch 2:15  "Estos no están borrachos como ustedes piensan, porque son apenas las nueve de la mañana."
Hch 2:16  Pero el profeta Joel escribió sobre lo que está pasando ahora:
Hch 2:17  "'Dios dice: En los últimos días, derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad. Los hijos e hijas profetizarán. Los jóvenes tendrán visiones, y los ancianos tendrán sueños."
Hch 2:18  "En esos días derramaré mi Espíritu sobre mis siervos, hombres y mujeres, y ellos profetizarán."
Hch 2:19  "Les mostraré maravillas en el cielo y señales milagrosas en la tierra: habrá sangre, fuego y mucho humo."
Hch 2:20  "El sol se oscurecerá, y la luna se convertirá en sangre. Entonces vendrá el día grande y glorioso del Señor."
Hch 2:21  "Todo el que confíe en el Señor, será salvo'."
Hch 2:22  """Israelitas, escuchen estas palabras: Dios aprobó a Jesús de Nazaret y lo demostró ante ustedes con las obras poderosas, las maravillas y los milagros que hizo a través de él. Ustedes bien saben que es verdad porque lo vieron."
Hch 2:23  "Jesús les fue entregado, conforme al plan de Dios, quien ya sabía lo que iba a pasar. Ustedes lo mataron en la cruz por medio de hombres perversos."
Hch 2:24  "Jesús sufrió el dolor de la muerte, pero Dios lo liberó: lo resucitó porque la muerte no podía retenerlo."
Hch 2:25  "David dice esto sobre Jesús: 'Yo siempre vi al Señor delante de mí, y él está a mi lado para protegerme."
Hch 2:26  "Estoy feliz y hablo lleno de alegría. Todavía tengo esperanzas,"
Hch 2:27  porque no me dejarás en el lugar de la muerte ni permitirás que el cuerpo de tu Santo (Cristo) se pudra en la tumba.
Hch 2:28  "Tú me mostraste el camino de la vida, y tu presencia me llenará de alegría'."
Hch 2:29  """Hermanos míos, déjenme decirles la verdad acerca de David, nuestro antepasado. Él murió y lo enterraron y su tumba está aquí con nosotros hasta el día de hoy."
Hch 2:30  "Pero David era profeta y sabía que Dios le había prometido que uno de sus descendientes sería rey, como él."
Hch 2:31  "David supo esto antes de que sucediera, y dijo: 'A él no lo dejaron abandonado en el lugar de la muerte, ni se pudrió su cuerpo en la tumba'. David estaba hablando de la resurrección de Cristo."
Hch 2:32  Todos somos testigos de que Dios resucitó a Jesús de la muerte.
Hch 2:33  "Jesús fue llevado al cielo y ahora está a la derecha de Dios. El Padre, según su promesa, le dio el Espíritu Santo. Jesús lo ha derramado sobre nosotros; eso es lo que ustedes ven y oyen ahora."
Hch 2:34  "David no subió al cielo, y sin embargo, dijo: 'El Señor le dijo a mi Señor: Siéntate a mi derecha,"
Hch 2:35  hasta que ponga a tus enemigos bajo tu poder'.
Hch 2:36  """Entonces que todo Israel sepa que al hombre que mataron en la cruz, Dios lo convirtió en Señor y Cristo""."
Hch 2:37  "Al escuchar esto, todos se conmovieron profundamente y les preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles: -Hermanos, ¿qué debemos hacer?"
Hch 2:38  "Pedro les dijo: -Cambien su manera de pensar y de vivir, y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo. Así Dios les perdonará sus pecados y recibirán el Espíritu Santo como regalo."
Hch 2:39  "Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los que están lejos. Es decir, para todos los que el Señor nuestro Dios quiera llamar."
Hch 2:40  Pedro les advirtió de muchas maneras y les pidió con insistencia: -¡Sálvense de esta gente perversa!
Hch 2:41  Entonces los que hicieron caso a lo que Pedro decía fueron bautizados. Ese día se unieron al grupo de creyentes más de tres mil personas.
Hch 2:42  "Ellos estaban dedicados a aprender lo que los apóstoles enseñaban. Compartían lo que tenían, participaban de la Cena del Señor y oraban juntos."
Hch 2:43  La gente se llenó de temor debido a las muchas señales milagrosas que hacían los apóstoles.
Hch 2:44  Todos los creyentes permanecían unidos y compartían sus bienes.
Hch 2:45  Vendían lo que tenían y repartían el dinero entre los que estaban necesitados.
Hch 2:46  "Se reunían diariamente en el área del templo y en las casas participaban de la Cena del Señor. Comían juntos con sencillez y alegría,"
Hch 2:47  alababan a Dios y todo el pueblo los estimaba mucho. Cada día el Señor añadía a la iglesia los que iban siendo salvos.

 


 
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